Musk, el primer billonario

Ian Vásquez dice que la riqueza de Musk es el resultado de beneficios que ha creado para los demás, porque, entre otras cosas, en un mercado libre, los bienes y servicios que ofrece el empresario solo los puede intercambiar a través de la persuasión, no la fuerza.

Por Ian Vásquez

El empresario Elon Musk se podría convertir en el primer billonario del planeta esta semana. Eso es, el patrimonio de Musk podría superar los US$1.000.000’000.000 o un millón de millones de dólares.

El esperado incremento en la riqueza de Musk, que hoy se ubica en alrededor de US$800.000 millones, se debería a que está sacando una de sus empresas, SpaceX, a la bolsa el viernes. Aun sin hacer pública la compañía, se esperaba que Musk se volviera billonario el año que viene.

Tal fortuna astronómica está suscitando juicios de valor ético. Típico de ello fueron las críticas de tres comentaristas de CNN este fin de semana. Decían que una sola persona no debería tener tanto poder, que deberíamos cuestionarnos como sociedad sobre las decisiones colectivas que han llevado a este resultado y que sería preferible ver que una buena parte de esa riqueza se use para la filantropía.

Esas preocupaciones parecen sugerir que la acumulación de tanta riqueza es en sí de dudosa moralidad, perjudicando de alguna manera a la sociedad. Pero lo que tiene Musk no lo ha robado, lo ha creado. Solo ha podido incrementar su riqueza al generar mucho más para el resto de la sociedad. Musk es rico porque ha sido un gran benefactor de la humanidad.

¿De qué manera lo ha sido? Musk revolucionó la navegación espacial, que había sido monopolizada en Estados Unidos por el Estado. A través de su empresa espacial, redujo el costo para llegar al espacio de manera dramática. Entre otras cosas, hizo que los cohetes sean reutilizables y comercialmente viables. Produjo el cohete Falcon Heavy en solo seis años y a un costo inicial de US$1.000 millones, algo que una comisión del presidente Obama calculaba costaría US$36.000 millones y cuya producción tardaría 12 años.

SpaceX desató la era de la competencia espacial en el sector privado y transformó el funcionamiento de la NASA; en vez de construir cada nave espacial, la agencia estatal se convirtió en cliente de SpaceX.

La empresa de Musk construyó Starlink, la red satelital más grande de la historia que ha conectado a millones de personas en zonas remotas del mundo al Internet y a otros durante desastres naturales o guerras. El año pasado se lanzaron un récord de 4.510 satélites y otros objetos al espacio comparado con 221 hace 10 años.

Musk ha sido innovador también con sus otras empresas. A través de Tesla, Musk mostró que los vehículos eléctricos se podían producir para un mercado masivo y aceleró el uso de tales vehículos a nivel global. Forzó a las empresas establecidas de automóviles a que se adapten a la nueva competencia. Ha sido un pionero en los pagos digitales modernos, la inteligencia artificial y los interfaces cerebro-computadora. En el manejo de sus empresas, tanto en la organización como la administración, Musk también ha sido innovador.

La riqueza de Musk es el resultado de beneficios que ha creado para los demás. Recientemente, Jeff Bezos, el fundador multimillonario y jefe de Amazon, acertó al decir que, “si hago bien mi trabajo, el valor que mis empresas con ánimo de lucro aportan a la sociedad y a la civilización será mucho, mucho mayor que el bien que puedo hacer con mis donaciones benéficas”.

Una de las razones por las que eso es cierto es que, en un mercado libre, los bienes y servicios que ofrece el empresario solo los puede intercambiar a través de la persuasión, no la fuerza. Además, captura solo una parte del beneficio total. El economista William Nordhaus calculó que los innovadores típicamente se quedan con solo alrededor del 2% del valor social de sus innovaciones.

Hay que celebrar que Musk se vuelva billonario. Es una señal de que el mundo se está enriqueciendo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 9 de junio de 2026.