México y Chile: Víctimas del garrote estadounidense

Por Juan Carlos Hidalgo

La guerra en Irak cobró dos víctimas inesperadas: la firma expedita del ya negociado tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Chile, y las posibilidades de que en el corto plazo se realizara una reforma migratoria que le permitiera a los trabajadores mexicanos poder obtener permisos temporales para trabajar legalmente en Estados Unidos.

Al parecer la administración Bush les está cobrando a los presidentes Ricardo Lagos y Vicente Fox su oposición a la guerra en Irak, y no haber facilitado los votos para que Estados Unidos obtuviera una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que autorizara explícitamente el uso de la fuerza contra el régimen de Saddam Hussein. De ser así, Washington sigue hundiéndose en las aguas de la impopularidad mundial.

El disgusto de Bush hacia estos dos países latinoamericanos es obvio. Hace un año el presidente estadounidense celebró en la Casa Blanca el 5 de Mayo—festividad mexicana en Estados Unidos—entre piñatas y la presencia de mariachis. Si bien las posibilidades de reformar las leyes migratorias de Estados Unidos habían recibido un fuerte golpe luego de los atentados terroristas del 11 de Septiembre, existía la voluntad para retomar dicho tema en el futuro cercano.

Este año no hubo celebración del 5 de Mayo en la residencia del mandatario estadounidense. En cambio, Bush dedicó su mensaje de radio semanal para alabar a los mexicanos que sirven en las fuerzas armadas de Estados Unidos. No hubo mención alguna de Fox o del pueblo mexicano. Cuando se le preguntó sobre las relaciones con el vecino del Sur, Bush respondió fríamente: "México es nuestro amigo. Punto."

Mientras este impasse toma lugar, las tragedias en la frontera continúan presentándose. El más reciente fue la muerte en Texas de 18 inmigrantes en el contenedor de un camión que se cree pudo haber contenido hasta 140 personas sin acceso a agua y a altas temperaturas. El tráfico ilegal de personas es una consecuencia directa de la ausencia de mecanismos legales para que esta gente pueda venir a Estados Unidos a trabajar temporalmente.

El caso de Chile es similar. La finalización del período de negociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos fue anunciada con bombos y platillos en Diciembre del año pasado. Dicho TLC fue negociado paralelamente con el acuerdo que Estados Unidos también alcanzó con Singapur. Meses después, y luego de que se presentara el diferendo sobre la resolución en el Consejo de Seguridad, los chilenos aún esperan que el TLC sea firmado por ambas partes. En contraste, el tratado con Singapur—miembro de la "coalición"—fue rubricado el pasado 6 de Mayo.

Tales infantilismos diplomáticos por parte de la administración Bush hacen poco por reparar la imagen de Estados Unidos luego de la invasión de Irak. Al final de cuentas la guerra fue sumamente impopular tanto en Chile como en México. Resulta por lo tanto contradictorio que Washington quiera ahora castigar a Santiago y a Ciudad de México por reflejar las opiniones de sus pueblos. Estados Unidos no puede promover valores democráticos en el mundo y por otro lado rechazar los resultados que generan dichos procesos cuando no le convienen.

Tampoco es muy prudente por parte del gobierno norteamericano mezclar asuntos políticos con comerciales. Las perspectivas para un Área de Libre Comercio de las Américas son ya de por sí bastante grises como para que Estados Unidos empiece a utilizar la negociación de acuerdos comerciales como arma diplomática para ganar el favor de los países de la región en foros como las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos.

Latinoamérica queda entonces avisada que Estados Unidos no dudará en hacer uso del garrote diplomático y comercial cuando alguno de los países del área se atreva a desafiar la política exterior de Washington. De esta forma, la administración Bush le hace un flaco favor al libre comercio y a la integración hemisférica que tanto dice defender.