México: Veinte años y dos mitades

Macario Schettino dice que "El impacto del TLCAN ha sido muy profundo y muy duradero, a diferencia de lo ocurrido con el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional). De hecho, a lo mejor usted no lo recuerda, pero al mes siguiente del levantamiento, México alcanzaba sus mejores cifras económicas en más de dos décadas".

Por Macario Schettino

En dos semanas se cumplirán veinte años de la entrada en vigor del TLCAN. Mismos veinte años del “levantamiento” del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional), claro. Aunque habrá quien opine diferente, estoy convencido de que lo primero ha sido mucho más importante que lo segundo

El impacto del TLCAN ha sido muy profundo y muy duradero, a diferencia de lo ocurrido con el EZLN. De hecho, a lo mejor usted no lo recuerda, pero al mes siguiente del levantamiento, México alcanzaba sus mejores cifras económicas en más de dos décadas: una inflación de 7%; la tasa de interés de CETES (Certificados de la Tesorería) en menos de 10%, por primera vez en su historia; y reservas internacionales elevadas, para la época: 24 mil millones de dólares.

Todo eso se vino abajo en los siguientes meses, pero no por el EZLN, sino por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, en marzo, y de José Francisco Ruiz Massieu, en agosto. Los alfileres con que se mantenía funcionando el país no eran muy fuertes, y menos para soportar la brillante devaluación de diciembre (el famoso error).

A pesar de ello, y de la crisis económica de 1995, el crecimiento del país en el resto del sexenio de Zedillo es el más alto de nuestra historia. Más elevado incluso que aquella famosa época del “desarrollo estabilizador”. Entre 1996 y 2000 crecíamos al 5,5% anual, pero con un crecimiento poblacional de 1,6%. Un crecimiento por habitante de 3,7% anual, superior al 3% de los tiempos de posguerra.

Este crecimiento llegó a su fin con la recesión de 2001-2003 de EE.UU., que coincidió con el ingreso de China a la OMC, y provocó la peor caída en la industria maquiladora que tengamos registrada, y una década de estancamiento. Esa etapa terminó con la recesión de 2009, y en esta segunda década del siglo XXI creo que tendremos un comportamiento muy interesante, como podremos irlo discutiendo poco a poco.

Lo que me interesa ahora es hacer notar la importancia del TLC, que es lo que ha aportado dinámica a la economía mexicana. Nada más la industria automotriz se ha multiplicado por tres en estos veinte años, y con ello ha movido a todo el sector de manufacturas. Alrededor de esta industria automotriz se mueven muchas entidades del centro y norte del país, en donde la situación económica es diferente de la que se vive en la región de la capital o en el sur. Sin ese impulso, hoy estaríamos en una situación deplorable.

Pero hace veinte años, el tratado de libre comercio con EE.UU. era anatema para la izquierda. Lo recordaba en estos días Jorge Fernández Menéndez. Los opositores al TLCAN fueron derrotados porque en ese entonces sólo la palabra presidencial existía, y gracias a eso ahora tenemos una economía todavía de ingreso medio. Fernández Menéndez comparaba esa reacción al TLCAN con la que hoy sufre la reforma energética, que también va adelante a pesar de la oposición de izquierda. Claro que ahora ya no hay sólo palabra presidencial, sino que se requiere de negociación y acuerdo, y eso ha marcado la forma en que el gobierno, y los partidos de oposición, han ido aprovechando la dinámica de las reformas. Puesto que no hay una “mente maestra” ordenando el proceso, las reformas se perciben parciales e inconexas, pero así funciona la política.

Espero poder dedicar algunas colaboraciones a evaluar los veinte años del TLCAN, de forma que ahora lo que quisiera es remarcar cómo ciertas decisiones pueden tener un impacto muy profundo debido al contexto en que ocurren. El TLCAN nos permitió crecer rápido, y con ello tener una plataforma para aguantar una década mala, como lo fue la primera del siglo XXI. Y todo fue contexto: fuimos los primeros en impulsar los acuerdos comerciales que se convirtieron en herramienta general al final del siglo XX, pero también fuimos los más golpeados por el ingreso de China a la OMC a inicios de este siglo.

Ahora que China está teniendo algunas dificultades que impedirán que se mantenga el ritmo de crecimiento de esa primera década del siglo XXI, México tiene una oportunidad que hace más de diez años no se presentaba. Dado ese contexto, las decisiones pueden ser mucho más importantes de lo que parecen.

Es por eso que el conjunto de reformas es tan importante. La energética, que cambia expectativas y forma de pensar; la financiera, que impulsará el ciclo del crédito; la fiscal, que permitirá cobrar mucho mejor los impuestos; y la laboral, que abre espacio para nuevas formas de contratación, en su conjunto, abren una gran posibilidad de que México aproveche la dinámica estadounidense. Porque lo que se requiere ahora es que contemos con energía disponible a precio y calidad razonable, flujo financiero, estabilidad económica, y flexibilidad laboral. Todo está. A lo mejor usted está pensando que además nos falta mano de obra calificada, pero en realidad no nos falta. El examen PISA lo ha dicho con toda claridad: cerca de la mitad del país tiene educación equivalente al sur o este de Europa, y con eso más que alcanza para competir. El problema está al promediar la otra mitad del país, que tiene niveles muy inferiores.

Y esto va a ampliar la diferencia entre el México que empieza al norte de Ciudad Satélite con el que está al sur. Otra vez: ese México aprovechó muy bien el TLCAN, y va a aprovechar muy bien la cascada de reformas. Pero la mitad del país que empieza con Michoacán, Estado de México, Hidalgo y Veracruz, y termina en Chiapas, Campeche y Tabasco, se mueve muy diferente. Partes del DF, la ciudad de Puebla, y alguna otra microrregión que se me olvide, y no hay más.

Es ahí en donde tenemos un problema serio. Y a lo mejor sería una buena idea dedicar 2014 a encontrarle solución. Porque la otra mitad, sin duda, va a tener mucho éxito el próximo año, y los diez que le siguen.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universal (México) el 12 de diciembre de 2013.