México requiere estabilidad monetaria

por James A. Dorn

James A. Dorn es Vice-presidente para Asuntos Académicos de Cato Institute y especialista en China y coautor de China's Future: Constructive Partner or Emerging Threat? (El Futuro de China: ¿Socios Constructivos o Amenaza Emergente?).

Con la desaceleración de las economías de Estados Unidos y de México, es imperativo que el Banco de México no pierda de vista el hecho de que el estímulo monetario nunca logra aumentar permanentemente el crecimiento económico. Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, quien ha reducido tanto los intereses como la inflación a los niveles más bajos en muchos años, debe continuar apuntando a la estabilidad de precios a largo plazo como su objetivo principal.

Por James A. Dorn

Con la desaceleración de las economías de Estados Unidos y de México, es imperativo que el Banco de México no pierda de vista el hecho de que el estímulo monetario nunca logra aumentar permanentemente el crecimiento económico. Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, quien ha reducido tanto los intereses como la inflación a los niveles más bajos en muchos años, debe continuar apuntando a la estabilidad de precios a largo plazo como su objetivo principal.

El intervalo de tiempo entre un excesivo aumento del circulante y la resultante alza de precios a menudo ha conducido a funcionarios a tratar de afinar la economía, con la esperanza que más dinero tenga un impacto rápido en incrementar la producción y el empleo antes que en provocar inflación. Pero en el mundo de hoy, de mercados globales de capital e información financiera instantánea, el mercado reacciona rápidamente a cualquier exceso de circulante, aumentando las tasas de interés nominales y desplazando activos hacia aquellos países con monedas sólidas, que protegen los derechos de propiedad. La pérdida de poder adquisitivo por mal manejo de la moneda e inflación en sí mismo debilitan los derechos de propiedad.

El Sr. Ortiz ha reducido el crecimiento de la base monetaria -dinero en manos del público más las reservas bancarias, que es la variable clave controlada por los bancos centrales- de más de 49% en 1999 a alrededor de 11% el año pasado y 10% este año. Debido a que los precios bailan según la música monetaria que se toque, la inflación en México ha caído de 12,3% en 1999 a 8,9% el año pasado y  5,7% hoy.

Esa reducción de la inflación le ha permitido a México atraer capital y ha estabilizado el cambio del peso. La recesión estadounidense no debe evitar que los mexicanos se beneficien de una inflación menor.

Es bien conocido que los países con alta inflación persistente experimentan un crecimiento real menor que los países que gozan de baja inflación. Es más, en la medida en que la inflación se acerca a cero, los mercados se vuelven más eficientes y la planificación de las inversiones más certera.

Debido a errores del pasado, la credibilidad monetaria de México sigue siendo frágil. La inflación se mantiene muy alta, lo cual implica que el crecimiento del circulante sigue siendo excesivo. Si el Banco de México quiere mejorar su reputación, debe convencer a los mercados que respeta el principio fundamental de "no hacer daño". Eso quiere decir que el banco central mexicano se debe concentrar en lo que puede hacer, controlar la base monetaria, y limitarse a un sólo objetivo, estabilidad monetaria a largo plazo, en vez de tratar de afinar y entonar la economía nacional.

La manera en que se alcance cero inflación es menos importante que el compromiso confiable de que esa es la meta. Tal compromiso requiere que el banco central se dé cuenta de que no puede servir a dos amos. No puede tener su propia política monetaria dedicada a estabilizar el nivel de precios y, al mismo tiempo, fijar la tasa de cambio sin imponer controles de capital.

El Sr. Ortiz tiene el mérito de haberse dedicado a utilizar la política monetaria para fortalecer el poder de compra del peso y cree que el mercado debe determinar la tasa de cambio. En mayo declaró: "las empresas aquí tienen que darse cuenta que no habrá un rescate del peso ni transigiremos en nuestras metas de inflación".

El reto es bajar más la inflación mexicana y que el Congreso dictamine que la única responsabilidad del Banco de México es la estabilidad de precios. Al igual que en Nueva Zelanda, el gobernador del banco central debe hacerse responsable por no terminar con una persistente inflación. Estableciéndola como regla monetaria, el Banco de México podrían institucionalizar la meta de cero inflación.

El Sr. Ortiz se mueve en esa dirección, pero la política monetaria mexicana sigue siendo discrecional. Los directivos de los bancos centrales prefieren ese poder de discreción porque creen poder hacerlo mejor, pero la experiencia -incluyendo la de la Reserva Federal en Estados Unidos- no es alentadora en ese sentido. Con una inflación en Estados Unidos cercana al 3% y sin anclaje en el valor futuro del dólar, a México le conviene más establecer verdaderas reformas y adoptar un régimen monetario supeditado a una regla fija, antes que seguir lo que hace la Reserva Federal.

Pero la estabilidad de precios no es suficiente. Para promover el crecimiento económico, México tiene que combatir la corrupción, ajustándose a un estado de derecho, liberalizar más el comercio tanto interno como externo, privatizar, reducir el tamaño del estado y permitir que reine la libertad. Eso significa que la gente debe tener la libertad de escoger la moneda que prefieran como de curso legal, de manera que el Banco de México esté bajo constante presión para mejorar su rendimiento y lograr estabilidad de precios.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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