México acosado

Por Mary Anastasia O'Grady

Tal vez sea el signo de un electorado maduro el que consumo de drogas en el pasado de Barack Obama no sea un factor para descalificarlo en su carrera por la presidencia de Estados Unidos. Puede significar que los estadounidenses están comenzando a creer que la ingesta de sustancias enervantes como una decisión privada.

Para aquellos que creen en la responsabilidad personal, tal cambio de actitud puede ser considerado un progreso. Pero en México, lo que sugiere un incremento en la tolerancia al consumo de drogas en EE.UU. tiene un lado trágico: la violencia que se levanta cuando la demanda alcanza la prohibición. Este país está pagando caro por tal contradicción.

Bajo la prohibición, sólo los criminales pueden atender al mercado de narcóticos ilegales. Y ellos tienen muchos incentivos, ya que la prohibición aumenta los precios. La dinámica de este mercado ha dado origen a redes criminales internacionales, modernos y desparpajados negocios dirigidos por asesinos despiadados empeñados en preservar sus ingresos. Cualquiera que trate de cruzarse en su camino corre el riesgo de convertirse en una estadística. El año pasado en México hubo 2.713 homicidios atribuidos al crimen organizado, un alza frente a los 2.120 en 2006, de acuerdo con el brazo de inteligencia de Procuraduría General de la República.

Es un cuadro bastante lúgubre. Sin embargo, hay al menos una persona en México que cree que no tiene que ser de esta manera. Su nombre es Eduardo Medina Mora y hace 14 meses decidió aceptar lo que algunos llamarían una misión imposible: asumir el puesto de procurador general con la meta expresa de restaurar el orden en un país puesto de cabeza por el crimen organizado. Lo entrevisté el año pasado, justo 100 días después de haber asumido el cargo, y me reuní con él hace dos semanas para ver el progreso. Él dice que el estado mexicano se está reafirmando a sí mismo, aunque también advierte que la batalla está lejos de ser ganada.

Medina Mora no se hace ilusiones respecto de la capacidad de su oficina para detener el abastecimiento de drogas a EE.UU., o incluso México, donde el uso de estupefacientes ha ido en alza. Ese es un alivio bienvenido. Después de décadas en que la guerra contra las drogas ha cobrado miles de vidas inocentes, envenenando instituciones en países en desarrollo e incrementado el incentivo de introducir a los niños al uso de drogas el argumento de atacar la oferta para acabar con la demanda resulta tedioso.

En su lugar, Medina Mora es un realista. "El objetivo no puede ser destruir el narcotráfico o el crimen relacionado con las drogas, porque la demanda es inelástica", observa. "Es muy importante no perder la perspectiva en el objetivo", me dijo. "Tratar de erradicar el consumo y el tráfico es imposible, como un objetivo ambicioso".

Esto no implica rendición de su parte de ninguna manera. Lo que importa, dice, es que el objetivo sea entendido claramente. En lugar de enfocarse en la oferta, se está concentrando en los proveedores y, específicamente, en su capacidad de dirigir imperios de negocios. Es cuestión de remover "el enorme poder político y de armamento" de los carteles que amenazan la democracia mexicana y "recuperar el territorio [controlado por el crimen organizado] para el pueblo y el Estado". Esta visión no es muy diferente de la del presidente de Colombia Álvaro Uribe, que ha liderado la lucha para poner fin a la tiranía del crimen organizado en algunas partes de su país.

En México, Medina Mora continúa, "hay áreas donde el crimen organizado disputa el uso exclusivo de la fuerza por parte del estado y su poder para recaudar impuestos. No sólo están enviando drogas, sino que están envueltos en extorsión, prostitución, contrabando de productos y personas, robando productos a Pemex [la petrolera estatal] y forzando a los negocio legales a pagar impuestos de protección".

La estrategia del Procurador General ha sido golpear a estos negocios donde les duele más: en sus bolsillos. Estudiando la manera en que funciona el mercado de los estupefacientes, la procuraduría ha usado "mapeo operacional y mapeo de sus rutas de abastecimiento y distribución" para "poner obstáculos en el camino y bloquear los flujos tradicionales". Este acercamiento involucra controles más estrictos de tráfico aéreo, mejor tecnología y sistemas de inspección más inteligentes para envíos desde Sudamérica.

Medina Mora dice que el plan está funcionando y menciona una serie de capturas e incautaciones, incluyendo unos 10 aviones de narcotráfico, incluso un DC-9, lo suficientemente grandes para trasladar hasta cinco toneladas de cocaína. El año pasado interceptó un envío de 23,5 toneladas de cocaína proveniente del puerto colombiano de Buenaventura y desmanteló una operación en Ciudad de México que supuestamente abastecía a los productores de metanfetaminas con más de 100 toneladas anuales del precursor pseudoefedrina.

El Procurador General está orgulloso de su récord, como debe estarlo, y dice que la menor disponibilidad de la droga ha aumentado drásticamente los precios en la calle, tanto de la cocaína como de metanfetaminas en 38 ciudades en EE.UU., de acuerdo con funcionarios estadounidenses. De todas maneras, las incautaciones no sirven para marcar un progreso, así como las bajas de no indican quien está ganando la guerra. Y mientras se incrementan los precios, también lo hacen los incentivos de los carteles, particularmente cuando la demanda es notablemente resistente al cambio.

Peso si nos atenemos a la medida de éxito de Medina Mora, es decir el daño al crimen organizado de manera que deje de dominar el territorio y la sociedad mexicana, puede que haya cierto progreso. Desafortunadamente, dice, la prueba de ello podría tomar la forma de más violencia a corto plazo. "Cuando este tipo de red criminal comienza a colapsar, los criminales se refugian en métodos más primitivos de crimen: secuestros, robo de autos y extorsión. Se fragmentan y pierden control, las células comienzan a operar por su cuenta y a luchar entre sí. El territorio cobra gran importancia".

Como si quisiera ilustrar su punto, dos días después de nuestra conversación, una bomba explotó en la Zona Rosa de esta ciudad. El gobierno lleva a cabo una investigación, pero existen razones para creer que el atentado era una venganza contra las autoridades por el arresto, dos días antes, de siete miembros del poderoso cartel de Sinaloa.

Medina Mora cree que se podría hacer más con una mayor cooperación internacional en contra del lavado de dinero, y con un esfuerzo de EE.UU. para reducir el flujo de armas de alto poder hacia México. Otra forma, que no menciona por cortesía, sería que las autoridades estadounidenses reconocieran que bajo las políticas actuales están perdiendo la guerra contra las drogas.

Este artículo fue publicado originalmente en el Wall Street Journal (EE.UU.) el 25 de febrero de 2008.

Este artículo ha sido reproducido con el permiso del Wall Street Journal © 2011
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