Mentiras imposibles en la economía

Juan Manuel Nieves explica que un gobierno como el venezolano puede mentir y tratar de engañar sobre casi todo, menos sobre la economía.

Por Juan Manuel Nieves R.

Es frecuente entre las parejas de recién casados, que las infidelidades se comiencen a notar entre otras cosas por: la falta de dinero para actividades usuales, el nuevo gasto en objetos suntuosos y la falta de dedicación y tiempo a los planes de familia. A pesar de las mentiras que circundan estas situaciones, las parejas suelen detectar el engaño por la economía.

Con los países no sucede en una forma muy distinta. Hoy los electores están atosigados de mentiras en épocas electorales, pero más grave aún, se demuestran cansados de las falacias que rodean a los mandatarios, pues éstos últimos están manejando los recursos que aporta el total de los ciudadanos.

Un mandatario puede salir a mentir sobre la situación de seguridad, sobre un proceso de paz o sobre la educación. Pero mentir sobre la situación económica va ser bastante difícil; la mayoría acusa sus faltas a un gobierno anterior, otros a la falta de "positivismo" o a una enfermedad mental colectiva, pero lo cierto es que a la economía no se le puede mentir.

El presidente de Venezuela sale casi a diario a decir que su país es de los mejores del mundo, que la educación está por los aires, el desempleo por el suelo y que gozan de felicidad gracias a la revolución; pero los hechos objetivos demuestran que su PIB presenta un crecimiento inverso de 6% y una inflación de 1.104%.

Consecuencias de la falta de emprendimiento, la huida de empresas productivas, el irrespeto de la propiedad privada y sobre todo la paulatina implementación de una siempre fallida revolución socialista.

Las mentiras en la familia se conocen por la plata, la mayoría de veces y en los países también. Porque su lógica opera de manera similar. El dinero que se invertía en vacaciones familiares, de faltar, se sabe que está gastándose en otra cosa; no basta la simple excusa de "no hay plata".

Así en la economía de un país, se sabe que el mandatario está mintiendo cuando achaca a una crisis como la del petróleo el recorte a distintos programas y entidades estatales, pero sigue invirtiendo en programas asistencialistas como el regalo de casas o el subsidio a guerrilleros desmovilizados.

De forma contraria la economía recompensa a un mandatario que sabe conducirla. En apenas un año el nuevo gobierno americano, gracias a la reforma tributaria, genera espacios para que grandes empresas que estaban en el exterior como Chrysler vuelvan a su territorio, generando nuevos empleos. Adicional a ello la bolsa presenta sus niveles más altos en 20 años.

Un gobierno puede mentir y tratar de engañar sobre casi todo, menos sobre la economía. Ésta es objetiva, justa e infalible. Premia a quien la sabe tratar y condena, siempre con hambrunas, a quien la ataca y miente.

Por ello el socialismo y los gobiernos populistas nunca han podido implementar por completo su pantomima, porque como el marido infiel, las mentiras no acallan la improductividad, la falta de dinero y sobre todo la falta de mercado en las calles.

Este artículo fue originalmente publicado en La República (Colombia) el 1 de febrero de 2018.