Los riesgos de la crisis en Oriente Medio
Lorenzo Bernaldo de Quirós cree que frente a las revueltas populares contra los regímenes autocráticos en Oriente Medio "existe una alta probabilidad de que la autoridad monetaria europea se vea obligada a elevar los tipos de interés en un entorno de débil crecimiento de la economía".
Por Lorenzo Bernaldo de Quirós
Las revueltas populares contra los regímenes autocráticos del mundo árabe se extienden como un reguero de pólvora. Aunque la presión para un cambio de régimen se ha concentrado hasta el momento en Túnez, Egipto y Libia, la demanda de reformas se ha extendido con distinta intensidad a Marruecos, Argelia, Yemen, Bahrein, Jordania, Irán y otros estados del Oriente Medio. Si bien, nadie es capaz de saber con precisión cuáles serán las consecuencias últimas de este fervor revolucionario para la estabilidad política de la región y conviene ser cautos, lo cierto es que de momento han provocado una presión alcista sobre los precios del crudo que de continuar se convertirá en una seria amenaza para la economía mundial. El fantasma de un choque petrolífero como el experimentado en los años setenta del siglo pasado planea por la escena global. ¿Qué sistemas políticos se impondrán en la región? ¿Cuál será su política económica? ¿Cómo afectarán los nuevos regímenes al precio del crudo? Esas son las preguntas claves y la respuesta es una: Incertidumbre.
En Oriente Medio se concentran dos tercios de las reservas mundiales probadas de crudo y la mitad de las de gas. En consecuencia, el riesgo geopolítico en esa zona tiene dimensiones económicas planetarias en tanto el oro negro es un factor de producción básico. En las dos recesiones internacionales previas a la desatada por el desplome de las hipotecas basura en los EE.UU, las crisis político-militares en el Medio Oriente estuvieron en el origen del problema. La invasión iraquí de Kuwait desempeñó un papel significativo en la recesión del bienio 1990-1991 en América y la segunda Intifada palestina y las tensiones que generó en la zona contribuyeron, si bien con mayor modestia, a un notable aumento de los precios del petróleo que potenció el influjo depresivo del desplome de las tec.com e influyó en la contracción de la economía global en 2001. Eso, sin contar los choques petrolíferos de 1973 a raíz de la guerra del Yom Kippur y el de 1979 causado por la Revolución iraní que condujeron el mundo a la estanflación. ¿Qué puede pasar…?
En el corto plazo, el coste del oro negro presentará una tendencia al alza por una serie de razones: Primera, por la elevación de la prima de riesgo resultado del posible contagio de la revuelta al resto de los países productores aunque la oferta de crudo no se reduzca. Segunda, el peligro de que los movimientos opositores o los regímenes entrantes corten la producción y/o el transporte de petróleo aunque sea de modo temporal. Tercera, la posibilidad de que las turbulencias desestabilizadoras se extiendan a Arabia Saudí , en concreto, a las provincias del Este a donde se concentra la producción y densamente pobladas por chiitas muy cercanos a los revoltosos de Bahrein.
Cuarta, el riesgo de que la salida de las empresas extranjeras tenga un efecto negativo sobre la inversión exterior directa en las economías productoras de energía y, por tanto, en su capacidad de lanzar crudo al mercado. Quinta, el riesgo de que los consumidores finales y los inversores almacenen grandes inventarios de petróleo como movimiento precautorio o especulativo y sexto que el riesgo de una transición política de resultados inciertos genere inestabilidad económica y financiera y reduzca la inversión en nueva capacidad de producción.
¿Cuán largo será ese período de ajuste político? ¿Qué saldrá de él? La respuesta es de imposible pronóstico. Ahora bien, en tanto se mantenga esa incertidumbre, la escalada del precio del crudo proseguirá y las implicaciones para la economía internacional pueden ser muy graves. Un shock petrolífero produce un aumento de los costes de producción de las empresas y aumenta el nivel general de precios. En suma se replantea la hipótesis de un escenario futuro de estanflación. Ante esta amenaza, la confianza de los inversores se deteriorará incluso antes de que el impacto del encarecimiento del oro negro se traslade al crecimiento de la economía, a los beneficios de las compañías a los precios. En este marco, los países de la periferia europea, incluida España, verían lastrarse de raíz cualquier expectativa de recuperación que de facto es ya anémica. A este efecto no se escaparán, las recalentadas economías emergentes cuyo consumo de energía es muy elevado.
Para complicar las cosas, la subida del precio del petróleo impulsará hacia arriba el nivel general de precios. En este contexto, la hipótesis de trabajo del Banco Central de Europa, la convergencia del Índice de Precios al Consumidor (IPC) general de la Eurozona con el subyacente a lo largo de 2011 será de imposible materialización y existe una alta probabilidad de que la autoridad monetaria europea se vea obligada a elevar los tipos de interés en un entorno de débil crecimiento de la economía y con unos problemas en el sistema bancario europeo sin resolver. De nuevo, esta opción sería negativa para consolidar la reactivación económica de la UE pero resultaría letal para países como España con un abultado endeudamiento público y privado, con un sistema financiero de una extraordinaria fragilidad y con unas perspectivas económicas poco optimistas.
Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 4 de marzo de 2011.