Los partidos políticos

Por Carlos A. Ball

Los partidos políticos ofrecen muy poca variedad de opciones al ciudadano. Nací en Venezuela, donde exceptuando mis años universitarios viví por 48 años. Allá, a lo largo de la era democrática, todos los partidos políticos han sido de izquierda: fomentan el crecimiento del gobierno, roban al ciudadano con devaluaciones de la moneda, aplastan la libertad individual con multitud de regulaciones, a la vez que crean una clase empresarial mercantilista, donde los ganadores son unos pocos privilegiados, amigos del partido en el poder, quienes reciben contratos, subsidios, financiamiento y protecciones que perjudican y empobrecen a la nación entera.

Con razón el profesor Hugo Faría declaró recientemente que “ Chávez no ha sido un mal presidente adeco-copeyano porque todos los vicios económicos destructores de la Libertad introducidos por Acción Democrática y COPEI han sido continuados o incrementados por Chávez: inflación, devaluación, utilidades cambiarias, barreras al comercio internacional, rigidez laboral, complejidad tributaria, control de precios, control de tasas de interés, control cambiario, redistribución de tierras y promoción de invasiones, intervención del sistema judicial, corrupción e impunidad, alta tasa de criminalidad, intervención del Banco Central, incremento del gasto público, irresponsabilidad fiscal, políticas industriales, estatificación de empresas, creación de nuevas empresas del Estado, participación en la OPEP, complicidad con empresarios y creación de una nueva clase empresarial igualmente encarecedora de la vida de los ciudadanos…”

En Estados Unidos existen dos partidos políticos más diferenciados, pero ninguno representa el pensamiento de los próceres. Acaso, ¿se imagina usted a alguno de los actuales dirigentes políticos redactando la Declaración de Independencia o la Constitución? Los fundadores de la nación sabían que la función del gobierno es proteger nuestros derecho a la vida, a la propiedad y a la búsqueda de la felicidad, razón por lo cual la Constitución fue redactada para defender al ciudadano de los abusos del poder.

El mejor ejemplo del gigantismo gubernamental es el Registro Federal, donde aparecen todas las regulaciones vigentes y contiene unas 72 mil páginas. El gobierno federal emite alrededor de 5 mil nuevas regulaciones cada año. Los ciudadanos no tenemos ni voz ni voto en cuanto a esa montaña de regulaciones. El costo que le imponen a la ciudadanía es de unos 900 mil millones de dólares anuales, cantidad muy superior a las ganancias de todas las empresas del país. Y si le sumamos el presupuesto nacional de 2.570.000.000.000 dólares podríamos concluir que EEUU avanza hacia el socialismo.

Tiendo a coincidir con el Partido Demócrata en su mayor apertura a la inmigración, en que no trata de imponerme sus creencias morales y religiosas (papel que le corresponde a la familia, no al gobierno), que suele ver con mayor claridad el inmenso daño que causa la guerra contra las drogas dentro y fuera de EEUU, en su menor ímpetu por imponerle la visión americana al resto del mundo, pero tiendo a coincidir con el Partido Republicano en cuanto a libertad individual y económica, en impuestos más bajos y en desconfiar de la ONU y demás agencias multilaterales.

La verdad es que en ninguno de esos dos partidos se sentirían cómodos Washington ni Jefferson ni Alberdi ni Carlos Rangel.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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