Los países europeos no pueden continuar gastando sin control

Veronique de Rugy explica que "Mientras que los ajustes fiscales puede que no siempre desemboquen en crecimiento económico, los ajustes basados en la reducción del gasto son mucho menos costosos en términos de resultados que aquellos basados en los impuestos. De hecho, cuando los gobiernos tratan de reducir la deuda elevando los impuestos, es probable que esto resulte en una recesión profunda y marcada, haciendo que el ajuste fiscal sea contraproducente".

Por Veronique de Rugy

La Unión Europea es la última de una serie de burocracias internacionales en hacer un llamado a que los países europeos relajen sus políticas de austeridad. La presunción subyacente en esta nueva recomendación de política es que hasta ahora la austeridad ha fracasado. Si con eso nos referimos a que los grandes aumentos de impuestos implementados por los países europeos fueron contraproducentes, entonces estaríamos en lo correcto. Pero si nos referimos a que los países europeos han implementado drásticas reducciones de gasto, entonces estaríamos equivocados.

Desafortunadamente, la idea de que la austeridad ha fracasado en Europa es evidencia de una falta de claridad que ha oscurecido gran parte del debate hasta ahora. Seamos claros: los países europeos no pueden darse el lujo de continuar en su actual tendencia fiscal. ¿Quién podría decir, por ejemplo que hubiese sido mejor que Grecia continúe gastando descontroladamente como lo venía haciendo? Para muchos países europeos, la falta de austeridad significa un mayor gasto deficitario, que probablemente desatará importantes aumentos en las tasas de interés, reestructuración de la deuda (léase defaults), impuestos sobre el capital e incluso una mayor debilidad en el sector bancario.

El segundo problema con esta visión simple es que no reconoce que en la búsqueda de la austeridad, la cuestión importante tiene menos que ver con el tamaño del paquete de austeridad que con el tipo de medidas de austeridad que son implementadas. La austeridad puede darse de distintas formas. Puede lograrse reduciendo el gasto público o elevando los impuestos. También puede lograrse implementando una mezcla de recortes de gasto y aumentos de impuestos.

El consenso generalizado en la literatura académica es que la composición del ajuste fiscal es un factor clave para lograr reducciones exitosas y duraderas en la relación deuda/PIB. El trabajo de economistas de la Universidad de Harvard, del Fondo Monetario Internacional y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), entre otras instituciones, ha mostrado que los paquetes de ajuste fiscal que consisten en gran medida de recortes de gasto tienen una mayor probabilidad de conducir a una reducción duradera del endeudamiento que aquellos que consistían principalmente de incrementos de impuestos.

Resulta que la mayoría de los países implementaron recortes de gasto solo nominalmente y estos recortes muchas veces fueron abrumados por los muy superiores incrementos de impuestos. Mientras que la conclusión de que los recortes de gasto son más efectivos para lograr reducir la deuda no es controversial, todavía hay un debate relevante acerca del impacto económico a corto plazo de los ajustes fiscales. Hay, sin embargo, algunas lecciones claras:

  1. Los ajustes fiscales expansivos son posibles.
  2. Mientras que los ajustes fiscales puede que no siempre desemboquen en crecimiento económico, los ajustes basados en la reducción del gasto son mucho menos costosos en términos de resultados que aquellos basados en los impuestos. De hecho, cuando los gobiernos tratan de reducir la deuda elevando los impuestos, es probable que esto resulte en una recesión profunda y marcada, haciendo que el ajuste fiscal sea contraproducente. Por lo tanto, no debería sorprendernos el impacto que la austeridad basada en la recaudación tributaria ha tenido en Europa.
  3. Estos ajustes fiscales expansivas es más probable que tengan éxito cuando son acompañados de políticas orientadas hacia el crecimiento como la liberalización del mercado laboral y del mercado de productos. La política monetaria también mostró facilitar los recortes de gasto. Países como Alemania y Finlandia, y otros ejemplos más recientes como Estonia y Suecia, han logrado reducir la deuda y lograr cierto grado de crecimiento.

Este artículo fue publicado originalmente en U.S. News and World Report Online (EE.UU.) el 30 de mayo de 2013.