Los nuevos amigos de Ortega

Por Mary Anastasia O'Grady

El presidente de Nicaragua Daniel Ortega quiere salir de fiesta como si fuera 1979. ¿Y por qué no? Está de vuelta al mando de su país que, una vez más, es un terreno fértil para los enemigos de Estados Unidos.

Hace tres décadas fueron los soviéticos los que financiaron la fiesta de Ortega, en la que él y sus comandantes más cercanos confiscaron propiedades como si se tratara de una "piñata" y destruyeron el país. Sus actuales simpatizantes son una pandilla nueva: Irán y Venezuela. Pero su deseo de poder parece el mismo. Así como denunció el imperialismo yanqui durante una visita a Teherán la semana pasada, también aumenta la amenaza que él representa para los intereses de Estados Unidos.

Para entender por qué las tendencias antidemocráticas de Ortega en la diminuta Nicaragua merecen atención, basta con recordar el atentado frustrado de hacer estallar el aeropuerto J.F. Kennedy de Nueva York hace dos semanas y mirar un mapa.

Las autoridades estadounidenses le han restado importancia a la idea que El Caribe representa una seria amenaza terrorista, a pesar de las credenciales islámicas de los cuatro individuos de esa región acusados de planificar el atentado. Puede que sí, puede que no. Sin embargo, un detalle de la supuesta conjura revela un peligro claro y presente que Estados Unidos no puede darse el lujo de pasar por alto. Abdul Kadir, de Guayana, fue arrestado cuando abordaba un vuelo desde Trinidad a Venezuela, donde planeaba recoger una visa iraní para un viaje a Teherán.

Kadir, al parecer, no es el único que utiliza la ruta Caracas-Teherán. Bajo un acuerdo de códigos compartidos, a principios de año la aerolínea venezolana Conviasa y su par iraní Irán Air comenzaron vuelos directos entre ambas ciudades. Cuando se estrenó la ruta, Abdullah Zifan el embajador iraní en Venezuela, dijo que "Chávez es muy querido en nuestro país y nuestra gente quiere venir aquí para conocer este país".

Al igual que el comunismo soviético en su momento, el fundamentalismo islámico tiene un interés estratégico en afianzarse en el hemisferio occidental. Pero hasta hace poco, su capacidad para penetrar la región parecía limitarse a la salvaje triple frontera en el cono sur, el área donde convergen Brasil, Paraguay y Argentina. Ahora, gracias al presidente de Venezuela Hugo Chávez, existe un acceso directo a El Caribe, región a la que los funcionarios del Departamento de Estado se refieren como "la tercera frontera" de Estados Unidos.

No es de extrañar que Ortega huela una oportunidad en esto. Cuando los soviéticos querían lo que los iraníes quieren ahora, pagaban bien y el beneficiario fue el comandante sandinista. Además, sin un financiamiento externo serio, su sueño de consolidar el poder a la manera de Chávez tendrá escasas posibilidades de sobrevivir y Ortega terminará como cualquier otro presidente con un mandato de cinco años.

Cuando fue electo en noviembre, Ortega se presentó a sí mismo como un rebelde reformado dispuesto a darle la bienvenida a la inversión del sector privado y la democracia como una cura para su empobrecido país. Muchos estadounidenses le creyeron. Muchos nicaragüenses, que aún recordaban la represión política y el estado de la economía en los años 80, no le creyeron. Al final, sólo obtuvo un 37% de los votos.

Hoy, sus índices de aprobación son menores. Pese a la bonanza de la liquidez global, la economía nicaragüense se desaceleró en el primer trimestre. El Banco Central de Nicaragua reportó que el crecimiento anualizado del Producto Interno Bruto fue de 3,5% en marzo, frente a 4,4% en el mismo mes de 2006. La situación ha sido especialmente difícil para la agricultura y la construcción, que son las mayores fuentes de empleo de ese país. El crecimiento del PIB agrícola estuvo plano en marzo, frente a una expansión anualizada de 9,6% hace un año. La construcción tuvo un crecimiento negativo de 3,8% en marzo, frente a un alza de 6,7% en marzo de 2006.

Como era de esperarse, detrás de esta pereza económica parece haber una falta de confianza empresarial. El economista nicaragüense Sergio Santamaría le dijo la semana pasada al periódico La Prensa de Managua que una de las principales causas de la desaceleración es la incertidumbre que Ortega ha creado con sus políticas económicas. "El problema de Nicaragua es un problema de gestión, no de recursos", afirmó.

El problema para Ortega es que, si bien las políticas que impulsarían la confianza de los inversionistas favorecerían a los nicaragüenses, éstas serían contraproducentes para su empeño de consolidar el poder. En lugar de ello, Ortega ha condenado el "capitalismo salvaje" y ha iniciado una tradicional campaña populista al prometer una vaca, un cerdo, aves y semillas a 75.000 familias rurales.

Hacer que la gente siga dependiendo del Estado es, desde luego, el truco más viejo en el manual de los caudillos. Y tal vez Ortega alcance con ello su meta de reformar la constitución de manera que se pueda presentar a una reelección. Pero para eso necesita recursos. Ya tiene problemas en su propio bando. Varios de sus ex compañeros de armas resienten las responsabilidades que Ortega ha delegado en su esposa, la que tal vez sea más ávida de poder que él. Incluso Arnoldo Alemán ?el ex presidente condenado por desfalco y que todavía está a cargo del opositor Partido Liberal Constitucionalista? tendrá dificultades para actuar como facilitador de Ortega si el descontento de los nicaragüenses con el actual gobierno continúa.

Se suponía que la solución a este problema sería el financiamiento venezolano. Pero si bien las promesas de asistencia han sido amplias, la ejecución ha sido poco precisa. Resulta que los generadores eléctricos impulsados por diesel que Venezuela "entregó" a Nicaragua el año pasado no fueron un regalo. La factura que envió Caracas es de US$100 millones. Según rumores, a Hugo le gusta rebajar al héroe sandinista. Además, se dice que los "asesores" venezolanos en Nicaragua han sido arrogantes e irritantes, al igual que en Cuba.

Y es así como el presidente aparentemente decidió promocionar las ventajas comparativas de los bienes raíces de su país a los mulá. Ergo, su viaje a Teherán donde Ortega prometió solidaridad con el Ayatolá y la revolución. Qué fue lo que exactamente prometió a Irán a cambio no sólo es de importancia para Nicaragua, sino también para Estados Unidos.

Este artículo fue originalmente publicado en el Wall Street Journal (EE.UU.) el 18 de junio de 2007.

Artículo del Wall Street Journal
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