Los mercados hacen magia
por Jerry Taylor
Jerry Taylor es Académico Titular del Cato Institute.
La primavera pasada, los precios de la energía estaban por los cielos y los políticos advertían por todos lados que una larga y obscura noche de energía estaba por caer sobre los Estados Unidos. A pesar de que las propuestas del Presidente Bush y de los líderes Demócratas diferían, ambas partes coincidían en que los mercados estaban rotos y sólo una fuerte intervención federal podría terminar la crisis.
Por Jerry Taylor
La primavera pasada, los precios de la energía estaban por los cielos y los políticos advertían por todos lados que una larga y obscura noche de energía estaba por caer sobre los Estados Unidos. A pesar de que las propuestas del Presidente Bush y de los líderes Demócratas diferían, ambas partes coincidían en que los mercados estaban rotos y sólo una fuerte intervención federal podría terminar la crisis.
Se equivocaron. Los precios de la energía colapsaron este año sin ayuda alguna del gobierno federal.
¿Qué es lo que pasó? Primero, la economía se desaceleró, lo que redujo la demanda y los precios de venta al por menor. Segundo, un atascamiento político impidió que los políticos y reguladores hicieran daño mientras los mercados hacían ese vudú de oferta y demanda que hacen tan bien. Tercero, los problemas que plagaban a los distintos sectores energéticos-como la corrida en los precios del gas natural que disparó la crisis de electricidad de California y la lentitud con que las refinerías domésticas respondieron a la contracción de los mercados de gasolina-fueron remediables por la llamada mano invisible de los mercados.
La moraleja de la historia es que no los mercados no están "rotos" cuando los precios suben. Simplemente están enviando información importante acerca de problemas temporales a los productores y a los consumidores. Por ejemplo, del lado de la oferta, los precios altos aumentaron las ganancias, incrementando la inversión y la oferta, por lo tanto empujando los precios hacia abajo. Del lado de la demanda, los precios altos redujeron la demanda, reduciendo los precios.
Ahora los políticos han encontrado nuevas razones para jugar con los mercados de energía: nuestra supuesta dependencia enfermiza sobre el petróleo extranjero. Pero esa preocupación es igualmente falsa. Incluso si toda nuestra energía viniera de en medio de nuestras costas, un recorte en la producción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) incrementaría el precio del petróleo crudo doméstico tanto como el del Saudita. Mientras que el petróleo pueda ser intercambiado fácilmente a través de fronteras, los precios regionales siempre van a igualar los precios globales.
Tampoco tenemos que preocuparnos por un embargo. Como dijo el Sheik Yamani de Arabia Saudita, el embargo de 1973 "no implicaba que pudiéramos reducir las importaciones a los Estados Unidos... El mundo es en realidad sólo un mercado. Así que el embargo fue más simbólico que otra cosa".
El gobierno debe de quitarse del camino y dejar a los mercados de energía en paz.
Traducido por Constantino Díaz-Durán para Cato Institute.