Los impuestos y la "justicia social" en Uruguay

Por Hana Fischer

El intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich, espera que su gestión sea recordada por haber recuperado la “integración” social que la ciudad capitalina perdió en las últimas décadas. En una reciente entrevista expresó que lo que más le preocupa es la integración. A su entender, la sociedad se ha fragmentado de manera importante y considera que su tarea prioritaria es recomponer el entramado social urbano.

Es un hecho indiscutido que Montevideo ha perdido una de las peculiaridades que más la caracterizaban: la convivencia pacífica en todos los barrios, de familias de las más diversas condiciones sociales. Mientras que actualmente hay una evidente segregación. En los barrios de la costa viven solamente los “ricos” al tiempo que en otros viven tan solo los “pobres”.

Es una realidad lamentable. Pero, si se quiere revertir ese escenario, lo que corresponde es hacer un diagnóstico acertado del motivo que lo causó, actitud que nuestros políticos parecen incapaces de asumir. Porque lo usual es que, al percibir un problema real, los políticos tienden a confundir las causas con las consecuencias. Y sus “remedios” suelen consistir más bien en repetir y profundizar las medidas que produjeron los nefastos resultados, empeorando más la situación.

El primer paso para realizar un análisis acertado es preguntarse con honestidad cuándo surgió la situación. El propio intendente afirma que eso comenzó a manifestarse a partir de las últimas décadas. Entonces, se debe inquirir sobre qué fue lo que cambió tan drásticamente en ese período. Y en Montevideo lo que cambió hace quince años fue que por primera vez la izquierda -el partido de Ehrlich- tomó las riendas del gobierno departamental, situación que se mantiene hasta la fecha.

Fue precisamente en ese momento que Tabaré Vázquez, el actual Presidente de la República, ganó las elecciones municipales. Imbuido del espíritu de “justicia social” y defensa de los pobres proclamó que de entonces en adelante “iban a pagar más lo que tuvieran más y menos los que tuvieran menos”. Y procedió a instrumentar su ideología, aumentando de manera considerable la contribución inmobiliaria de los barrios de la costa.

Asimismo, de inmediato les subió los sueldos y beneficios a los empleados municipales y les redujo las horas de trabajo, sin tomar en cuenta la conducta individual de cada asalariado. Como dice la letra del tango, aplicó la fórmula de “todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”.

El corolario de esa política fue que la gente que vivía en humildes viviendas en la zona de la costa, en algunos casos vecina de grandes mansiones, se vio imposibilitada de pagar la alta tributación “justiciera” y tuvieron que mudarse a los barrios de los pobres.

El presupuesto municipal pasó de unos 80 millones de dólares, al asumir Vázquez, a más de 400 millones de dólares en la actualidad. Al inicio de su mandato, la basura se recogía diariamente, luego disminuyó a tres veces por semana. El asfalto de las calles está a punto de colapsar por falta de un mantenimiento adecuado. El trabajo de los delincuentes se ve facilitado por la falta de alumbrado público. Los basurales son la “nota” característica de Montevideo y no se ha construido ninguna obra municipal de relevancia en todo el período izquierdista.

Lo más irónico es que uno de los tantos privilegios de los empleados municipales es que ellos deben tributar solamente la mitad por contribución inmobiliaria, por lo que ha habido un desplazamiento de los burócratas hacia las zonas de mayor estatus social.

Entonces, la solución al problema que más inquieta al intendente es simple. Pero... ¿tendrá el valor de aplicarla?

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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