Los autoritarios utilizan las leyes financieras de Estados Unidos como arma
Nicholas Anthony explica que los activistas de derechos humanos han sido objeto de ataques cada vez más frecuentes a través del sistema creado en virtud de la Ley de Secreto Bancario, en lo que se ha dado en llamar represión transnacional.
Por Nicholas Anthony
El problema con la Ley de Secreto Bancario no se limita a las cargas regulatorias, la información ineficaz y la vigilancia expansiva. También existe el problema de cómo las personas en el poder abusan de este sistema: es decir, los autoritarios.
Los activistas de derechos humanos han sido objeto de ataques cada vez más frecuentes a través del sistema creado en virtud de la Ley de Secreto Bancario, en lo que se ha dado en llamar represión transnacional. Los autoritarios de Rusia, Nicaragua y otros lugares reconocen que el régimen de la Ley de Secreto Bancario ha creado el sistema perfecto para vigilar y controlar a su oposición, incluso cuando esta huye a otros países como Estados Unidos.
Veamos un ejemplo. La Fundación Anticorrupción ha sido blanco de ataques repetidos por parte del gobierno ruso. Más recientemente, el gobierno ruso calificó al centro de estudios como organización terrorista y tildó a sus miembros de extremistas. Al utilizar esta táctica, el régimen de Putin logró traspasar las fronteras nacionales y excluir de los bancos a la empleada de la Fundación Anticorrupción, Anna Checkhovich, aquí en Estados Unidos.
En otro ejemplo, Félix Maradiaga pagó el precio por organizar protestas pacíficas contra el régimen de Ortega en Nicaragua. A Maradiaga se le retiró el acceso a los servicios bancarios, se le congelaron sus activos y se le incluyó en una lista de vigilancia internacional a pesar de ser un reconocido defensor de los derechos humanos.
Maradiaga describió su experiencia diciendo: "Los gobiernos democráticos se están convirtiendo en cómplices involuntarios de las dictaduras, ya que dichos regímenes manipulan cínicamente los sistemas de vigilancia financiera creados para combatir el crimen y el terrorismo, haciendo un uso indebido de estos poderosos instrumentos para acosar, espiar y obstaculizar a los disidentes tanto en su país como en el extranjero". Desde entonces, Maradiaga ha visto cómo estas herramientas "se utilizan para cerrar miles de organizaciones de la sociedad civil y expropiar sus activos".
El Congreso no debe permitir que este abuso continúe. Es hora de enfrentar la verdad: la Ley de Secreto Bancario cuesta demasiado y ofrece muy poco a cambio.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 16 de junio de 2026.