Libertad económica: El mejor camino para enfrentar la crisis

Por Red Liberal de América Latina

El día 9 de noviembre se celebró el “Día de la Libertad” al cumplirse diecinueve años de la Revolución de 1989 y la Caída del Muro de Berlín. En esta oportunidad, la conmemoración ocurre en un momento especial: sufrimos las consecuencias de una crisis financiera iniciada en los Estados Unidos, extendida hacia Europa y en las últimas semanas —por su impacto en la economía real— hacia todo el mundo. Los críticos de la libertad han llegado a señalar que esta crisis producida primero en “el corazón del capitalismo” significa “la caída del muro del capitalismo al estilo norteamericano”. Por ello, quienes creemos en las ideas de una sociedad libre y las promovemos debemos reflexionar sobre el significado profundo de esta crisis y su relación con la libertad, especialmente en el ámbito económico.

El año pasado en esta misma fecha elaboramos un documento denominado “Libertad: la mejor receta para la cohesión y la oportunidad social”1 con ocasión de la XVII Cumbre Iberoamericana realizada en Chile. En él mostramos cómo los países con mayor libertad económica eran precisamente los que lograban mayores oportunidades e integración social para sus habitantes.

Este año hemos elaborado un documento al que hemos denominado "Libertad económica: el mejor camino para enfrentar la crisis".

Los ciclos económicos han existido desde el origen de la humanidad. Si tomamos en cuenta el período que va desde 1881 hasta el año 2000 y consideramos las recesiones y las recuperaciones para 16 países industriales podemos apreciar que entre 1881 y 1938 aproximadamente el 27% del período fueron años de recesión. A su vez entre 1950 y 2000 alrededor del 9,3% de los años se estuvo en recesión. Asimismo, la evidencia muestra que las recesiones a lo largo del tiempo han reducido su intensidad y extensión.

Cuadro 1: Recesiones y expansiones 1881-2000

Fuente: FMI

El debate sobre las causas del ciclo económico son diversas. En el caso de la actual crisis hay cada día más evidencia de que su causa no es una “falla del mercado” sino que una “falla del Estado”.

En efecto, la crisis se inicia en el mercado hipotecario de los Estados Unidos. Si se observa con cuidado, se aprecia que detrás de las denominadas hipotecas subprime está la política estatal de promover a través de dos entes financieros con garantías implícitas del Estado como Fannie Mae y Freddie Mac, el endeudamiento para adquirir viviendas por parte de sectores que no contaban con los niveles de ahorros suficientes. Múltiples fueron las acciones regulatorias del Gobierno y del Congreso Norteamericano que promovieron estas conductas irresponsables.

Cabe mencionar al respecto la legislación del “Community Reinvestment Act“ de 1977 y muchas otras. Como lo señalara el prestigiado semanario The Economist los políticos estimularon a los bancos a dar créditos riesgosos. La otra falla del Estado estuvo en la política monetaria impulsada por el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos, especialmente expansiva en períodos de menor actividad económica y no actuando prudentemente en los años de boom.

Ello permitió tasas de interés artificialmente bajas, que a su vez estimularon el endeudamiento de las personas y empresas. Como lo indica la ciencia económica, un exceso de oferta monetaria tiene como contrapartida un exceso de demanda por activos financieros que elevó artificialmente sus valores, creando una burbuja especialmente en mercados de oferta más rígida como la inmobiliaria. Cuando hubo que revertir esa política se elevó la tasa de interés y con ello resultó más difícil para los deudores cumplir con sus obligaciones financieras precipitándose la crisis.

Hubo una tercera falla del Estado, precisamente en el rol que éste tiene en el mercado financiero. En efecto, él debe ser regulado debido al impacto que posee en la liquidez de la economía. Una adecuada regulación debe cumplir tres requisitos fundamentales: asegurar la transparencia para que los agentes económicos tomen decisiones con la mayor información posible; poseer un sistema de señales que permita advertir las situaciones de iliquidez e insolvencia que puedan ocurrir en este mercado y poseer las normas para que los agentes económicos internalicen los costos de sus malas decisiones.

Una mirada atenta a lo que ha ocurrido en el mercado financiero norteamericano y europeo permite concluir que ninguno de estos tres requisitos fueron cumplidos. Así, no existió la información adecuada, no se dieron las correspondientes señales preventivas, ni existieron los incentivos adecuados para que los responsables de las malas decisiones pagaran los costos correspondientes. En suma, en lo sustancial, el Estado no cumplió con su rol y la crisis se generó y se extendió a raíz de estas fallas.

Hemos señalado que los ciclos económicos han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad. Dada esa realidad es relevante preguntarse ¿cómo contribuye la libertad económica a la superación de esos ciclos? La evidencia empírica es clara al respecto. Los países con sistemas económicos más libres y flexibles se recuperan más rápidamente de las crisis. Economías con mayor libertad económica en los mercados financieros y del trabajo, con más flexibilidad en los precios, con un Estado de derecho que rige en plenitud y economías más integradas al comercio mundial superan más fácilmente las recesiones.

Un buen ejemplo se puede apreciar en el Cuadro 2, que analiza las dos recesiones más relevantes de las últimas tres décadas en las naciones emergentes. Como se puede apreciar la crisis de los ’80 en América Latina tuvo una duración de casi el doble del tiempo en comparación a la crisis del sudeste asiático de los ’90 y el costo económico también fue sustancialmente superior. A su vez, el Índice de Libertad Económica en los países del sudeste asiático fue 36% superior que el de los países latinoamericanos considerados.

Cuadro 2: Costo y duración de recesiones

Fuente: J. De Gregorio y L. Felipe Céspedes. Banco Central de Chile. 2005

Cabe también analizar qué tipo de países son los que se superan definitivamente los ciclos económicos y consiguen en el largo plazo mayores niveles de desarrollo económico. Al respecto la historia del desarrollo resulta muy ilustrativa, especialmente para el debate económico actual. En efecto, han surgido en las últimas semanas voces que plantean que “la autoregulación terminó” insinuando con ello las ventajas de un capitalismo con una mayor presencia del Estado como sería el europeo en relación al de los países anglosajones.

Al respecto, es ilustrativo observar lo ocurrido durante los últimos dos siglos como lo muestra el Cuadro 3. En el año 1820 el ingreso per cápita promedio de los países de Europa Occidental era prácticamente idéntico al nivel promedio de países como Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelandia. A principios del presente siglo (2001) éstos últimos países superaban al ingreso per cápita de Europa Occidental en 40%. Por lo tanto, no obstante los ciclos económicos, los países capitalistas con Estado limitado habían logrado un mayor desarrollo.

Cuadro 3: Evolución del PIB per cápita en capitalismo anglosajón y Europeo
(dólares de 1990)


Fuente: Angus Maddison “Growth and Interaction in the World Economy”. AEI

Resulta ilustrativo comparar lo ocurrido en América Latina, donde ha existido un “capitalismo oligárquico-mercantilista”2 con alta presencia estatal en relación a Estados Unidos. En el año 1700, el ingreso per cápita del continente (US$527) era muy similar al de Canadá y de Estados Unidos (US$511). Como lo muestra el Cuadro 4 en el año 2001 el ingreso de éstos últimos países era un 371% superior al de los países de América Latina.

Cuadro 4: Evolución del PIB per cápita en EE.UU., Canadá y América Latina
(dólares de 1990)


Fuente: Angus Maddison “Growth and Interaction in the World Economy”. AEI

Frente a la crisis financiera que vive el mundo creemos que errores de política pública pueden ocurrir en países con mayor o menor libertad económica. Sin embargo, los países más libres y con un sistema democrático de Gobierno, libertad de prensa y economías de mercado, reducen la probabilidad de ocurrencia del ciclo económico y están en mejor posición para enfrentarlos cuando éstos se producen. Ahora bien, una vez ocurrido el ciclo, los mayores niveles de libertad económica permiten recuperaciones más rápidas al dejar en manos de los actores privados los ajustes que mejor se adecuen en base a su mejor nivel de información, evitando políticas que solamente terminan subsidiando el error cargando el peso a los que sí hicieron las cosas bien. Finalmente, es un hecho que, a largo plazo no obstante los ciclos económicos, aquellos países con mayores niveles de libertad económica son los que permiten mayor bienestar a sus habitantes, de manera sostenida.

La evidencia empírica muestra que uno de los grandes errores de la humanidad después de la crisis del ’30 fue reprimir la libertad de comercio y con ello hacer más difícil la recuperación de la crisis.

Un buen ejemplo de lo que no hay que hacer lo ilustra el caso de Argentina. En 1928 las exportaciones de ese país, en relación al Producto Interno Bruto (PIB) alcanzaron prácticamente al 30%. Políticas equivocadas cerraron esa economía reduciendo la participación de sus exportaciones a no más del 10% del PIB. Esas y otras políticas que restringieron la libertad económica, llevaron a que una de las naciones más prósperas de principios del siglo pasado, cuando sus estándares de vida se comparaban con los del primer mundo, retornara nuevamente al subdesarrollo. Hoy nuevamente con alrededor de un 30% de su población viviendo en situación de pobreza, el Gobierno Argentino repite el error al intentar expropiarle a los trabajadores sus ahorros depositados en sus Fondos de Pensiones.

Reiteramos lo que la historia muestra: los países que han logrado el progreso son precisamente aquellos en donde la libertad económica es el pilar de sus políticas e instituciones públicas.

Por estas consideraciones, las instituciones latinoamericanas firmantes hacemos un llamado a los responsables de la conducción económica de nuestros países para que tengan presente esta evidencia, y no se dejen llevar por discursos y propuestas ideológicas que desconocen las realidades señaladas.
Por eso, concordamos con el intelectual y ex Presidente de República Checa, Vaclav Havel: "… siempre he sabido que el único sistema económico que funciona es el de mercado. Esta es la única economía 'natural', la única que realmente tiene sentido, la única que puede llevar a la prosperidad; porque es la única que refleja la naturaleza misma de la vida".

Referencias:

1. Texto disponible en http://www.lyd.org, http://www.lyd.com/LYD/Controls/Neochannels/Neo_CH3756/deploy/CUMBRE.pdf.

2. Good Capitalism, Bad Capitalism, W. Baumol, R.E. Liton and C. Schramm. Yale University Press.