Leyes y regulaciones que nos empobrecen

Por Carlos A. Ball

Los gobernantes latinoamericanos no suelen copiar las políticas públicas positivas instrumentadas en Estados Unidos, aquellas que mejoran el nivel y la calidad de vida de la ciudadanía en general, pero a menudo sí imitan otras que empobrecen a la mayoría silenciosa y benefician a unos pocos, a minorías bien organizadas y gritonas. El problema es que esas malas leyes y excesivas regulaciones surgieron en EEUU, lo mismo que en países de Europa occidental, después que los niveles de capital invertido y la vocación empresarial de su gente las habían convertido en naciones desarrolladas. En otras palabras, el rico puede darse el lujo de cometer equivocaciones, pero si el pobre lo hace, su familia pasa hambre.

En 1913, las tasas de impuesto sobre la renta en EEUU eran de 1% a 7%, pero menos del 1% de la población tenía ingresos suficientemente altos como para tener que declarar y pagar impuesto sobre la renta. El nivel de vida en este país en 1913 era superior al nivel de vida actual en la mayoría de las naciones latinoamericanas, donde impuestos más altos hacen virtualmente imposible la acumulación de capital invertido que lograría generar altos niveles de empleo. Es más, impuestos altos y ausencia de seguridad jurídica promueven la fuga de capitales.

A lo largo de casi medio siglo hemos visto a Washington y a agencias multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y el BID promover el aumento de los impuestos en la región, sin tomar en cuenta que países como EEUU, Inglaterra y Alemania jamás se hubieran desarrollado bajo el aplastante peso de impuestos y regulaciones vigentes hoy en América Latina. Esto sí es “imperialismo” de la peor especie y no el falso imperialismo denunciado por Chávez, Lula y Kirchner.

Algunas de las peores leyes tienen que ver con el mercado de trabajo. El salario mínimo es una de tantas leyes bonitas que terminan perjudicando a los más débiles. No hay excusa posible para que se mantengan salarios mínimos donde hay desempleo y creciente economía informal. Donde no los hay, no se necesita. El salario mínimo no ayuda al obrero capacitado, pero sí mantiene desempleado o en la informalidad al principiante sin entrenamiento.

En casi toda Latinoamérica hay salarios mínimos y a cada rato lo aumentan por la inflación. Mucho más beneficioso sería que los gobernantes no le arrebataran el poder de compra a la ciudadanía manteniendo fijo el valor de la moneda, pero esa es la manera más fácil que tienen los gobiernos de aumentar sus gastos. Es decir, es la mejor manera de engañar a ciudadanos cuya cultura económica la han recibido en infames escuelas públicas.

Argentina a principios del siglo XX, Cuba y Venezuela a fines de los años 50 estuvieron a punto de saltar al desarrollo, pero gobiernos estatistas y socialistas las destruyeron, como parece estar sucediendo hoy en Chile. Hermógenes Pérez de Arce lo describe así: "cada tantos años llega al borde del desarrollo y entonces se pega un balazo en el pie".

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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