Lecciones monetarias: Los casos de Brasil y Argentina

por Judy Shelton

Judy Shelton es Directora de Empower America y miembro del Consejo Editorial del Cato Journal.

Argentina y Brasil actualmente nos muestran modelos reales de los problemas que estudiamos en cursos universitarios de macroeconomía para entender la relación entre los sistemas cambiarios y los flujos de capital.

Por Judy Shelton

Argentina y Brasil actualmente nos muestran modelos reales de los problemas que estudiamos en cursos universitarios de macroeconomía para entender la relación entre los sistemas cambiarios y los flujos de capital.

Argentina tiene una caja de conversión que fija el valor del peso al dólar uno a uno. Brasil, luego de la devaluación del real, a comienzos de 1999, aplica una tasa de cambio flotante. Ambos países sufren actualmente la fuga de capitales por parte de inversionistas asustados. ¿Qué implicaciones tiene esto? ¿Acaso importa el sistema cambiario utilizado? El mensaje para las naciones en desarrollo es que es ventajoso, pero no lo suficiente, contar con bases monetarias sólidas, ya que el gobierno también tiene que demostrar un comportamiento fiscal responsable. Aunque la caja de conversión argentina le asegura al inversionista extranjero que no caerá el valor del peso, no garantiza que el gobierno cumplirá con el pago de sus deudas. Entonces, para atraer a los inversionistas, el gobierno tiene que ofrecer intereses más altos. Los bonos a 90 días del gobierno argentino pagaban en días pasados 14%, el doble de los intereses de hace un mes.

Brasil también enfrenta problemas económicos y financieros debido a su lento crecimiento y a la escasez de energía eléctrica. Pero lo que más preocupa a los inversionistas no es sólo si el gobierno logrará ajustar sus gastos a los reducidos ingresos fiscales, sino también la posibilidad de una estampida si el real sigue cayendo. En el caso brasileño, los problemas fiscales son adicionales a una tasa de cambio impredecible. Después de todo, lo que al inversionista le interesa es el rendimiento final en dólares. Cualquier buen negocio puede ser destruido por pérdidas cambiarias.

La segunda lección es que la integridad monetaria de una nación tiene que estar por encima de cualquier sospecha; a eso podemos llamarle "virtud monetaria". Como Brasil perdió la virginidad cuando devaluó, ahora los inversionistas no creen que, como asegura el gobierno, se trate de un declive temporal del real debido a las especulaciones. El real ha caído 23% con respecto al dólar en lo que va del año. Y el anuncio de que el banco central brasileño gastará 8 mil millones de dólares respaldando al real suena más a desesperación que a disciplina.

Argentina, por el contrario, es conocida desde la instrumentación de la caja de conversión en 1991 por su virtud monetaria, ya que el peso está respaldado 100% por reservas en dólares. Irónicamente, fue el mismo ministro Domingo Cavallo quien acabó con una inflación de 10 mil por ciento, salvando a la Argentina de la ruina. La ironía es que Cavallo fue colocado de nuevo en su antiguo cargo hace tres meses, recibiendo poderes extraordinarios para combatir el desastre fiscal, pero pronto comenzó a alterar justamente lo que le daba confianza a los inversionistas extranjeros. Sugirió que el respaldo del peso no sería sólo en dólares sino también en euros, debido a que un dólar fuerte estaba dañando la competitividad argentina. De repente quedó claro que la Ley de Convertibilidad estaba sujeta a las conveniencias políticas del momento.

La lección más importante de la triste experiencia de Brasil y Argentina es que los socios comerciales deben utilizar la misma moneda, en lugar de instrumentar políticas que tratan de aprovecharse del otro, manipulando el cambio para aumentar sus exportaciones y reducir las importaciones.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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