Lecciones de futbol para el club Euro

por L. Jacobo Rodríguez

L. Jacobo Rodríguez fue director asistente del Proyecto de Libertad Económica Global del Cato Institute.

En el Mundial de Francia que culminó con la sorprendente victoria del equipo anfitrión ante la selección de Brasil, los equipos europeos afirmaron de nuevo su dominio del fútbol mundial. Desde 1986, cuando se adoptó el sistema actual de partidos de eliminación para las rondas finales, sólo cuatro equipos no europeos se han clasificado para los cuartos de final del torneo cuadrenial: México (1986), Argentina (1986, 1990, y 1998), Camerún (1990) y Brasil (1986, 1994, y 1998).

Por L. Jacobo Rodríguez

En el Mundial de Francia que culminó con la sorprendente victoria del equipo anfitrión ante la selección de Brasil, los equipos europeos afirmaron de nuevo su dominio del fútbol mundial. Desde 1986, cuando se adoptó el sistema actual de partidos de eliminación para las rondas finales, sólo cuatro equipos no europeos se han clasificado para los cuartos de final del torneo cuadrenial: México (1986), Argentina (1986, 1990, y 1998), Camerún (1990) y Brasil (1986, 1994, y 1998).

A nivel de clubes, el dominio europeo es aún más apabullante. Las ligas europeas – en particular, las de Inglaterra, Italia, Alemania y España – son con gran diferencia las más competitivas del mundo, atrayendo a los mejores jugadores del planeta. Por ejemplo, todo el equipo titular de Argentina juega o en España o en Italia; 6 de los 11 titulares de Brasil juegan también en Europa, mientras que otros 3 lo hicieron hasta hace poco. El F.C. Barcelona, uno de los mejores clubs europeos, mandó más de 11 jugadores al Mundial.

Las ligas europeas se han convertido en el equivalente futbolístico de la NBA: el único lugar donde los jugadores pueden obtener con precisión una medida de sus talentos futbolísticos y convertirse en superestrellas. Eso no fue siempre así. Pelé, el mejor futbolista de todos los tiempos, jamás jugó para un equipo europeo.

¿Cómo se explica el dominio reciente de Europa? El fútbol organizado se lleva practicando en el viejo continente durante aproximadamente un siglo, y los equipos tienen un sistema de equipos filiales que permite a los jugadores adquirir desde jovenes la disciplina y la preparación física necesarias para poder jugar al fúltbol competitivamente. Pero mientras que ese factor puede explicar la aparición de estrellas europeas, no explica el por qué los futbolistas no europeos han de ir a Europa a demostrar su valía.

La respuesta real a esa cuestión probablemente le vaya a sorprender a la mayoría: políticas públicas sensatas.

Tres factores explican el dominio europeo en el fútbol. El primero es el dinero, que permite que los clubs fichen a los mejores jugadores, nacionales o extranjeros. Hasta mediados y finales de los 80, solamente unos cuantos equipos europeos podían fichar a los mejores futbolistas de Sudamérica y de otros países europeos. Hoy en día casi cualquier equipo de la primera división de una de las mejores ligas europeas tiene los recursos necesarios para fichar jugadores de gran talento.

Los clubs hoy en día reciben la mayor parte de sus ingresos de los contratos televisivos, la publicidad y el marketing. Además, algunos equipos ingleses han recibido una inyección de fondos al salir a la bolsa, ejemplo que otros equipos europeos están siguiendo. Los contratos de televisión tan lucrativos son posibles gracias a las televisiones privadas, que aparecieron en muchos países del viejo continente a finales de los 80. Hasta entonces, la televisión había sido un monopolio del Estado. Sin embargo, a partir de mediados de los 80, la proliferación de canales de televisión vía satélite pusó fin a ese monopolio.

La propagación de antenas parabólicas llevó a la liberalización de la televisión, lo que abrió las puertas para que las ligas de fútbol negociasen los contratos lucrativos con los diferentes canales de televisión, al igual que las ligas profesionales en los Estados Unidos.

Segundo, al mismo tiempo que los ingresos comenzaron a aumentar, las barreras artificiales a la contratación de extranjeros se levantaron en su mayoría. Actualmente los futbolistas de cualquier país de la Unión Europea pueden jugar en la liga de otro país de la UE y no contar como foráneos. Algunos futbolistas que no son de un país miembro de la UE pero que han jugado en Europa durante cierto tiempo tampoco cuentan como extranjeros. Finalmente, el número máximo de extranjeros por equipo ha aumentado de dos a cuatro. En suma, estas medidas han tenido el efecto de igualar la oferta de jugadores extranjeros de talento con la demanda.

El tercer factor es que los mejores futbolistas están dispuestos a cambiar de equipo, inclusive si el equipo al que van es de otro país. No solamente están los futbolistas sudamericanos, europeos del este, y africanos dispuestos a venir a jugar a Europa para jugar en el nivel más alto de competición, sino que también existe una movimiento de jugadores dentro de la misma Unión Europea que no es muy común para los mercados laborales de la UE.

Políticas liberales han permitido que los europeos alcancen un nivel muy superior al resto del mundo en el fútbol, una actividad por la que sienten una gran pasión. Es una lástima que los líderes de la Unión Europea no apliquen las mismas políticas de empleo tan liberales que se han desarrollado en el fútbol a otros sectores de la economía, donde las regulaciones asfixiantes y los altos impuestos han creado mercados laborales bien rígidos y una pérdida de capital humano.