Las tres filosofías acerca del cambio climático

Patrick J. Michaels indica que hay tres filosofías en el mundo del calentamiento global: los "cabezas calientes" que consideran que es necesario adoptar medidas drásticas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, los "línea muerta" que sostienen que no hay calentamiento medible causado por un creciente aumento del dióxido de carbono en la atmósfera y los "tibios", quienes argumentan que el CO2 si está aumentando pero que nos podríamos estar adaptando sin notarlo.

Por Patrick J. Michaels

Mis amigos más verdes se regocijan ante la aparente "conversión" de Richard Muller, jefe del equipo de investigación Berkeley Earth Surface Temperature (BEST), de ser un "escéptico del cambio climático" a ser un creyente del calentamiento global. Una lectura más detenida de su artículo de opinión publicado en el New York Times el 30 de julio, durante la semana con la temperatura más alta del año, sin duda reduciría su entusiasmo.

En él, Muller discute el hecho de que la temperatura de la superficie del planeta es efectivamente más cálida de lo que era al final de la Pequeña Era del Hielo en el siglo XIX. Si bien ningún científico del clima encuentra esto de interés periodístico, su "admisión" ha sido publicitada en los círculos ambientales como una defección que pondrá fin a la Guerra Caliente. El problema es que las declaraciones de Muller no se acercan a ningún tipo de retracción radical —y hay evidencia de que sus conclusiones están, en primer lugar, evidentemente viciadas.

Hay tres filosofías en el mundo del calentamiento global. Los más bulliciosos son los "cabezas calientes", quienes sostienen que es necesario adoptar medidas drásticas (e imposibles) para reducir la emisión de gases de efecto invernadero y evitar que los mares se eleven docenas de metros en los próximos cien años. La información en la que se basa este segmento es sospechosa, pero sus mensajes alarmistas reúnen más de su cuota de atención.

La antítesis reconocida de los "cabezas calientes" son los de la "línea muerta", quienes sostienen que no hay calentamiento medible causado por un creciente aumento del dióxido de carbono en la atmósfera. Su biblia es la falta de calentamiento en los últimos 16 años, periodo en el que más han aumentado los niveles de CO2. Ellos si tienen un problema al momento de explicar el aumento de la temperatura en las décadas anteriores.

En la tercera escuela, donde me encuentro, es la de los "tibios" —quienes argumentan que el dióxido de carbono está efectivamente aumentando las temperaturas de la superficie, pero ese efecto es modesto y podríamos estarnos adaptando sin notarlo. Nuestro mantra: "No es el calor, es la sensibilidad". En otras palabras, la mayoría de las proyecciones del clima asumen que la temperatura de la superficie es demasiado sensible al "forcejeo" a partir del dióxido de carbono. Nuestra biblia consiste en las tendencias de temperatura observadas conforme las emisiones de CO2 aumentaban durante las últimas décadas.

Me gustaría darle la bienvenida al Dr. Muller a la noble hermandad de los tibios.

En su artículo, él pronostica que la temperatura de la superficie aumentará 1,5°F en los próximos 50 años. Esa es aproximadamente la misma cantidad que aumentó desde 1900 —y en el período intermedio, la esperanza de vida se duplicó y el ingreso per cápita en dólares constantes se multiplicó por un factor de diez en EE.UU.

Muller escribió una advertencia importante: que el calentamiento sería mucho mayor si el dióxido de carbono en la atmósfera se disparara hacia arriba. La rápida disminución de las emisiones en EE.UU., resultado en gran medida de la sustitución de gas natural (procedente de esquistos), en lugar de carbón para la generación eléctrica, sugieren que esto no es probable. Los esquistos se encuentran en casi todo el mundo y lo que comenzó aquí es probable que se propague por todo el planeta.

Tenga en cuenta que el Dr. Muller está hablando de las temperaturas de la tierra, que aplica a cerca del 30% de la superficie de la tierra. Dado que el remanente 70% que es agua tiende a calentarse a alrededor del 60% de la temperatura de la tierra, su pronóstico de calentamiento global es 1,1°F para el año 2060,  que es precisamente tibio.

Para fines comparativos, la media de calentamiento pronosticada para el periodo 2010-2060 por el Panel de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) es cerca de 2,7°F. James Hansen de la NASA, el líder de los cabezas calientes, estima alrededor de 2,4°F en su "Escenario B", que implica una reducción en las emisiones de los niveles en los que se encontrarían si las cosas siguieran como están ahora (“business-as-usual” o BAU, por sus siglas en inglés). El "Escenario A", que Hansen explícitamente etiqueta “BAU”, da un sorprendente 5,6°F, que ahora Hansen admite que es una aproximación alta.

Entonces, ¿qué piensa la comunidad "cabeza caliente" de Muller?

Por un lado, no pueden estar contentos con su ciencia, que atribuye el calentamiento pasado casi exclusivamente a los aumentos de dióxido de carbono. Hansen tiene varios "forcejeos" más, incluyendo el carbón negro (hollín) que Muller simplemente evita.

Los "cabeza caliente" están sin duda molestos también con que Muller no reconozca que las emisiones de sulfatos de la combustión del carbón y el calentamiento de los bosques compensan el calentamiento.

El climatólogo de Penn State Michael Mann, un famoso “cabeza caliente”, dio una opinión acerca de las conclusiones de Muller en un post en Facebook: "A este paso, Muller debería ponerse al día con el estado actual de la ciencia climática en cuestión de unos pocos años".

Susan Solomon, de la National Oceanic and Atmospheric Administration tiene que preguntarse cómo Muller pudo haber ignorado el efecto de los cambios en el vapor del agua sobre la estratósfera, lo que ella dice que es responsable de 15 por ciento del calentamiento desde 1980 (y que también está implicado en la falta de calentamiento desde 1996).

Como resultado de estos y otros pecadillos, el equipo BEST aún no ha publicado un documento revisado por sus colegas, a pesar de dominar visiblemente las páginas de opinión desde hace ya un año. Su investigación crítica sobre la "isla de calor urbana" —que concluye que no existe una— ha sido rechazado de plano. Aparentemente, el equipo BEST no cree que esté más cálido en Washington D.C. que en la Virginia rural, gracias en parte al calor residual de todo el dinero intercambiado, una porción de este financia a BEST.

Estoy esperando que Muller responda que su pronóstico fue un error tipográfico y que lo que quería decir era grados centígrados en lugar de Fahrenheit (las unidades utilizadas en forma explícita en su artículo). Aún así, estaría todavía muy por debajo del estimado del IPCC, que se anuncia como el "consenso de los científicos". Esperemos que no haya sido tan descuidado.

Bienvenido al club de los tibios, Dr. Muller.

Este artículo fue publicado originalmente en The Daily Caller (EE.UU.) el 1 de agosto de 2012.