¿Las regulaciones podrían obstaculizar un comercio más libre a través del Atlántico?

Simon Lester dice sue "pareciera que EE.UU. y la UE perciben el problema de las barreras comerciales regulatorias de manera muy distinta. EE.UU. ve las barreras regulatorias como algo relacionado a cómo estas son creadas; la UE, por otro lado, acepta las diferencias en los procesos de cómo son generadas las regulaciones y está más preocupada acerca de abordar las discrepancias técnicas en resultados regulatorios".

Por Simon Lester

Las negociaciones comerciales no son lo que eran antes. La llegada del ‘siglo veintiuno’ o de los acuerdos comerciales ‘comprensivos’, cuya envergadura va mucho más allá de los asuntos tradicionales como la reducción de aranceles y el acceso a los mercados, han dado paso a discusiones en varias áreas que solían ser cuestión de política doméstica. Un área en la que los acuerdos comerciales se han entrometido es en los asuntos que van ‘más allá de la frontera’ como las barreras comerciales regulatorias. En las negociaciones para lograr el Acuerdo de Asociación Transpacífica (TTIP, por sus siglas en inglés), los efectos comerciales de la regulación doméstica han sido enfatizados como un área de gran potencial de crecimiento económico, con grandes cifras mencionadas —algunos hablan de un aumento de entre 2,5 a 3 por ciento en el PIB si se eliminan totalmente las barreras comerciales regulatorias. Pero este entusiasmo temprano para resolver estas viejas barreras al comercio encubren un problema fundamental que está surgiendo: EE.UU. y la Unión Europea (UE) no están de acuerdo acerca de la naturaleza de las barreras regulatorias al comercio y sobre cómo abordarlas.

Para EE.UU., el enfoque parece estar en aplicar sus esfuerzos de reforma regulatoria doméstica a nivel global. En su último viaje a Europa, el Representante Comercial de EE.UU. Michael Froman alabó las virtudes de la estrategia de EE.UU. para regular, y urgió a la UE a tomar en cuenta los principios de “transparencia”, “participación”, y “rendición de cuentas”. Sostuvo que el proceso estadounidense promueve estos principios al proveer: “notificación adelantada de medidas regulatorias específicas” (transparencia); “oportunidades significativas para conocer la opinión de un amplio sector de actores concernidos” (participación); y “respuestas a esas opiniones” (rendición de cuentas).

Su énfasis en estas características refleja la crítica de EE.UU. al proceso regulatorio de la UE, en particular al sistema de la UE de emitir estudios generales con comentarios antes de proponer las reglas, sin permitirlos acerca del texto de la regulación en si. La implicación de lo que dijo Froman en Bruselas ante una audiencia de funcionarios comerciales es que, desde el punto de vista de EE.UU., la UE debería reformar su proceso regulatorio para tomar en cuenta estos principios.

La UE, en cambio, no ve la reforma regulatoria doméstica como el asunto central en la eliminación de as barreras regulatorias al comercio transatlántico. Además, la UE no ve las discrepancias nacionales acerca del proceso de conformación de normas como un problema para la cooperación más general, y también ha argumentado que el sistema de la UE es, de hecho, transparente. Ellos, también, obtienen opiniones del sector público y privado, pero en una etapa anterior, y permiten la participación de un amplio rango de actores afectados durante el proceso de conformación de las normas.

No debería sorprender que la UE no se mostró receptiva a los llamados a un cambio. El Comisionado Comercial Europeo Karel De Gucht lo expresó de esta manera: “Ningún lado logrará el éxito si busca imponer un sistema sobre el otro”. En un discurso escrito como respuesta a los comentarios de Froman, De Gucht dejó claro que la UE se enfoca en abordar el resultado de la regulación, tratando de reconciliar las diferencias regulatorias que existen entre varios mercados. Esta estrategia incluye encontrar “maneras de cooperar en regulaciones futuras para evitar las barreras comerciales innecesarias” y “para lograr que las regulaciones existentes sean más compatibles”. Por ejemplo, los reguladores de la industria de automóviles en EE.UU. y la UE imponen sus propias reglas de seguridad. En lugar de obligar a las empresas de automóviles a establecer procesos de producción distintos para sus vehículos en aras de cumplir con los diversos requisitos de cada mercado, los gobiernos podrían simplemente reconocer que las reglas son funcionalmente equivalentes, y un carro que cumple con las reglas de un mercado debería ser considerado como aceptable en otros también. Por lo tanto, la UE ha sugerido enfocarse en sectores clave del comercio transatlántico, como los autos, las farmacéuticas, y los químicos, entre otros, para examinar dónde las diferencias regulatorias son especialmente costosas y previenen el libre intercambio de bienes que ya han atravesado pruebas y procesos de certificación exhaustivos para evaluar su seguridad.

Basada en esta reciente expresión de opiniones por parte de funcionarios de alto rango, pareciera que EE.UU. y la UE perciben el problema de las barreras comerciales regulatorias de manera muy distinta. EE.UU. ve las barreras regulatorias como algo relacionado a cómo estas son creadas; la UE, por otro lado, acepta las diferencias en los procesos de cómo son generadas las regulaciones y está más preocupada acerca de abordar las discrepancias técnicas en resultados regulatorios.

Con estas estrategias distintas para tratar las barreras regulatorias, los negociadores de la EE.UU. y la UE no parecen estar en la misma página. ¿Esto significa que todo el esfuerzo está condenado al fracaso? Si es así, eso sería un desastre para TTIP, dado que muchos han estado señalando a la eliminación de las barreras regulatorias como el núcleo de las negociaciones.

Para evitar un inmenso fracaso como este, necesitamos considerar un camino hacia delante que sea realista. Vale la pena discutir ambos asuntos a nivel internacional. Sin embargo, tienen implicaciones diferentes en términos de su impacto y sensibilidad. El enfoque de la UE en abordar las discrepancias existentes y las que podrían surgir en el futuro, en lugar de enfocarse en la reforma regulatoria en casa, es un punto útil de partida para lidiar con este asunto. Puede conducir a ganancias económicas concretas, y, si se lo hace bien, no debería interferir con los objetivos domésticos de políticas públicas.

Ya hay un precedente de esto. Dichos caminos de cooperación existen en la forma de múltiples acuerdos de reconocimiento mutuo para productos específicos, y de manera más permanente en foros tales como el Consejo de Cooperación entre EE.UU. y Canadá. Lo que se necesita para EE.UU. y la UE es un mecanismo similar mediante el cual los reguladores se puedan sentar con sus contrapartes y hablar sobre cómo superar diferencias arbitrarias en las regulaciones actuales, y cómo evitar tales diferencias en regulaciones del futuro. Eventualmente, dicho foro podría evolucionar hasta incluir otros países también.

En cambio, el objetivo de utilizar acuerdos internacionales vinculantes para mejorar el proceso regulatorio doméstico en general es pedir mucho, y es incierto si esto rendiría beneficio relevante alguno en términos de reducir la carga de la regulación. Los sistemas regulatorios domésticos son el resultado de complejos procesos internos, y no pueden cambiarse fácilmente. El sistema de la UE no es un accidente de la historia. Han dedicado mucho tiempo a desarrollarlo, y no sería fácil lograr acuerdos internos para modificarlo. La comisión de la UE ya ha estado trabajando para mejorar el ambiente regulatorio por más de una década, más recientemente a través del Programa para la Aptitud y Desempeño Regulatorios (REFIT, por sus siglas en inglés). EE.UU. ha tenido iniciativas similares, y continúa esforzándose por realizar reformas domésticas.

No digo que nada puede hacerse acerca de las reformas al proceso regulatorio a nivel internacional. Pero los modelos regulatorios son un tema delicado para la política a nivel doméstico, y debería ser abordado con cierta sensibilidad. Por lo tanto, en lugar de reglas internacionales vinculantes, un foro internacional para la discusión de estos asuntos puede ser un camino útil hacia delante. Muchos gobiernos alrededor del mundo han considerado seriamente estos asuntos. Todos probablemente podrían aprender un poco de sus contrapartes, compartiendo experiencias con otros países que están realizando esfuerzos similares.

El TTIP es una nueva y prometedora iniciativa comercial y sus esfuerzos de lidiar con las barreras regulatorias al comercio son admirables. Pero es importante mantener las negociaciones enfocadas en objetivos realistas. Si queremos que este esfuerzo tenga éxito, sería mejor enfatizar el objetivo más pequeño, pero realizable, de abordar las discrepancias regulatorias y dejar los esfuerzos de reforma regulatoria a nivel doméstico en manos de los estados individuales y sus ciudadanos.

Este artículo fue publicado originalmente en The National Interest Online (EE.UU.) el 15 de octubre de 2013.