La Unión Burocrática Europea

Por Pedro Schwartz

La Unión Europea sigue en marcha por encima de todos los obstáculos e incidencias. Mucho de lo conseguido desde que se firmó el Tratado de Roma ha resultado beneficioso para los europeos, pero a la UE le falta apoyo democrático y calor popular. La razón principal de este llamado "déficit democrático" es que en la UE mandan los burócratas, que dan la impresión de haber puesto el proyecto europeo al servicio del aumento de su poder y competencias. El referéndum irlandés ha resultado al segundo intento en una mayoría de seis. Estaba en juego nada menos que la ampliación de la UE de 15 a 25 miembros, una transformación que en sí debería haberse presentado como emocionante e incluso llena de ilusión.

Vuelvo de la reunión del capítulo europeo de la Comisión Trilateral, que ha tenido lugar en Praga. La capital de la República Checa estaba deslumbrante: un modernísimo aeropuerto, unos monumentos casi repuestos de las inundaciones del verano, una tranquila aceptación de las elecciones legislativas recientes, una atmósfera de confianza y seguridad entre los responsables empresariales. Los checos ya han hecho todo el trabajo necesario para acceder a la UE, de tal manera que ni el Banco de Desarrollo Europeo ni el Banco Mundial encuentran allí proyectos de inversión que subsidiar. ¡Qué diferencia con la Praga de 1990, apenas caído el régimen comunista! ¡Aquellas luces mortecinas, comercios sin mercancías, iglesias desconchadas, tráfico balbuciente! Allí enviaría yo al maestro ciruela de la Real Real Academia Española, José Luis Sanpedro, quien, con tal de atacar a la globalización, se ha atrevido a escribir que el sistema de libre mercado tiene las mismas carencias que el comunista, sólo que las del capitalismo no se ven.

Parecía que la cultura centro-europea nos había sido amputada para siempre. Así se reincorpora a nuestro mundo atlántico: larga historia; música refinada, pinturas nuevas y antiguas, iglesias, palacios, plazas; investigaciones en marcha, capacidades productivas, un mercado anhelante,- un tesoro que los europeos vamos a poner en valor entre todos. ¿Por qué no se presenta así la ampliación de la UE? Todo son lamentos porque el campo español y francés corre peligro de perder unas ayudas a la agricultura que de todas formas representan un abuso a los consumidores europeos y la explotación de los pobres del Tercer Mundo. Todo son miedos a que vengan a trabajar inmigrantes dispuestos a ganarse la vida honradamente lejos de casa, como un día hicimos irlandeses, italianos, portugueses y españoles. Todo son protestas porque la fábrica de Volkswagen en Eslovenia pone en aprietos a SEAT. Así aprenderán unos sindicalistas de visión estrecha que nada desengrasa tanto como laborar cinco días más al año con buena remuneración.

Digo que la razón por la que nadie habla así es que Europa la están haciendo los burócratas de la Comisión, del Parlamento, del Consejo. Desde el punto de vista del pueblo, la UE es un guiso alimenticio pero sin forma y confuso. Me pregunto cuántos ciudadanos europeos saben que el Parlamento no legisla; o cuántos podrían explicar lo que es el Ecofin; o qué hace el Consejo de Asuntos generales; o si el presidente de la Comisión puede licenciar un comisario; o por qué tiene personalidad jurídica la Comunidad Europea pero no la Unión Europea. Incluso me atrevería a preguntar si diferencian entre Consejo, Comisión, Comunidad y Unión. Todo esto no importaría si hubiera políticos que hablaran a los ciudadanos de los países miembros directamente de lo que cuesta la política agraria comunitaria. O un político que planteara las ventajas de una pronta libertad de migración de trabajadores entre los veinticinco. O un líder que defendiera una unión aduanera con Canadá, México y EEUU. Es decir, que hubiera una discusión política y ésta no quedara escondida tras las disquisiciones sobre la VMC (votación con mayorías calificadas), o sobre los poderes de co-decisión del Parlamento, o sobre la preeminencia de un idioma sobre otro.

Todo ello hace sospechar que un ejército de gnomos en Bruselas pretende secuestrar las energías económicas y culturales del crisol europeo para construir un Estado centralizador y burocrático. Así enganchó Bismarck las energías del Zollverein, la unión aduanera alemana, para reforzar el imperio que estaba construyendo.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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