La trampa igualitarista

Juan Carlos Hidalgo explica que la naturaleza humana atenta contra los intentos de igualar a las personas materialmente.

Por Juan Carlos Hidalgo

El igualitarismo es uno de los principios fundamentales de la izquierda, desde su vertiente socialdemócrata hasta las corrientes más radicales socialistas y comunistas. Consiste en la búsqueda de una sociedad donde la desigualdad material sea mínima y en la que el Estado juegue un papel predominante redistribuyendo la riqueza.

Para la izquierda, la lucha contra la desigualdad es igual de importante que el combate a la pobreza, por lo que las políticas económicas y sociales no solo deben ayudar a los pobres, sino también castigar a los ricos.

Un ejemplo muy claro ocurrió cuando a Barack Obama le preguntaron en un debate si favorecía aumentar el impuesto a las ganancias de capital, aun cuando la evidencia indicaba que eso generaría menos ingresos. “Sí, por una razón de justicia”, dijo. Bajo su lógica, el propósito del impuesto ya no era brindarle recursos al fisco, sino penalizar a quienes lo pagan.

El igualitarismo podrá sonar bien a muchos, pero tiene fallas conceptuales irreparables. Fue el filósofo escocés David Hume en su Enquiry Concerning the Principles of Morals de 1751 quien brindó la crítica más devastadora. Él indicó que la naturaleza humana hace impracticable cualquier aspiración igualitaria. Aun si lográsemos una distribución igual de los bienes, “los diferentes grados de arte, cuidado e industria de los hombres romperían de inmediato esa igualdad”. ¿Qué pasaría, por ejemplo, en una sociedad igualitaria con Lionel Messi, Steve Jobs o Stephen Hawking? Las disímiles destrezas y virtudes de las personas, ya sean naturales o adquiridas, atentarán siempre contra los esfuerzos por igualarnos materialmente.

Hume también desnuda el lado pernicioso de la agenda igualitarista al señalar que “si usted controla estas virtudes, usted reduce la sociedad a la mayor de las indigencias”. Él escribió estas líneas décadas antes de los primeros experimentos socialistas. Hoy sabemos que en la práctica la agenda igualitarista, llevada a sus consecuencias lógicas, iguala una sociedad hacia abajo, empobreciendo a casi todos sus miembros.

Y enfatizo el “casi” porque la experiencia también nos enseña que detrás de los llamados igualitaristas se esconden agendas privadas que buscan lucrar con el Estado que redistribuye las rentas. En Costa Rica no tenemos que ir muy lejos para identificar a individuos y grupos que, haciendo gárgaras con la palabra “igualdad”, se inflan los cachetes con privilegios y gollerías pagadas por todos.

Este artículo fue publicado originalmente en La Nación (Costa Rica) el 21 de marzo de 2016.