La tragedia de la libertad perdida en Hong Kong

Doug Bandow dice que el futuro de Hong Kong ya no está en manos de su gente, sino en manos de la dictadura del Partido Comunista Chino.

Por Doug Bandow

Hong Kong está tratando de recuperar su papel financiero líder en el escenario mundial. Los últimos años –llenos de manifestaciones airadas, reglas draconianas de COVID y brutal represión china– no han sido buenos para el centro económico tradicional. Rivales como Singapur han ganado terreno sustancial.

En respuesta, John Lee, líder del Partido Comunista Chino (PCCh) en la Región Administrativa Especial (SAR, por sus siglas en inglés), lanzó “una campaña para convencer al mundo de que, a pesar del COVID-19 y una brutal represión de seguridad, el territorio chino no solo está abierto para los negocios sino que sigue siendo el principal centro financiero de Asia”. El presidente chino, Xi Jinping, reforzó el mensaje de Lee, citando la importancia de la prosperidad de Hong Kong y prometiendo promover el modelo de “un país, dos sistemas”.

Sin embargo, incluso el gobierno de Lee parece no estar convencido de la persuasión de su atractivo. El otoño pasado, lanzó una costosa iniciativa para atraer a los "mejores talentos" para impulsar la economía. Hong Kong también ofreció medio millón de boletos de avión gratis para reiniciar el turismo. Sin embargo, incluso si la gente visita, ¿cuántos querrán quedarse? Aproximadamente 157.000 personas, muchas de las cuales son jóvenes profesionales, se fueron solo en el primer trimestre del año pasado.

Quedan algunas diferencias importantes en el nivel de control gubernamental entre China y Hong Kong, como una Internet abierta. Sin embargo, tales diferencias están disminuyendo y existen solo con el consentimiento de Beijing. La historia reciente sugiere que esas políticas están destinadas al basurero político de China.

Como colonia bajo Gran Bretaña e inicialmente una Región Administrativa Especial (SAR) bajo China, Hong Kong permaneció notablemente libre, aunque formalmente antidemocrático. En 1997, el Reino Unido y China acordaron la transferencia del territorio, luego de lo cual la ciudad sería gobernada bajo el estándar de “un país, dos sistemas” por 50 años. En ese momento, muchos habitantes de Hong Kong dudaron de que China mantuviera su compromiso. Sin embargo, algunos regresaron después de que China pareciera estar respetando la autonomía política y legal de la SAR. Incluso durante la turbulenta década de 2010, existía la esperanza de que los intereses financieros de Beijing hicieran que preservara el estatus de Hong Kong.

La SAR era entonces una anomalía china, con una política vibrante, prensa libre, Estado de Derecho, libertades civiles y libertad económica. Fue el hogar de corporaciones internacionales y ONG por igual. Por desgracia, eso finalmente cambió. En opinión del PCCh, lo que a la mayoría de la gente le parecía una ciudad segura y próspera era una jungla peligrosa invadida por operativos sediciosos y criminales –algunos de tan solo 15 años– que llenaban periódicos, universidades, sitios web, bufetes de abogados, iglesias, escuelas, museos, ONG, partidos políticos, asociaciones cívicas y más, tramando todo tipo de actividades malvadas.

Entonces en 2020, Beijing redactó, impuso, interpretó y administró sin piedad una nueva Ley de Seguridad Nacional, que trata la mayoría de las opiniones disidentes –y especialmente las críticas al gobierno y al Partido Comunista Chino (PCCh)– como una grave amenaza para la seguridad nacional. Cuando se trata de interpretar ese término, las autoridades de Hong Kong imitan a Humpty Dumpty, quien declaró que una palabra “significa exactamente lo que yo elijo que signifique—ni más ni menos”.

Decenas de activistas por la democracia fueron acusados en virtud de una variedad de disposiciones legales antiguas y nuevas, a menudo por presuntos delitos que se remontan a años atrás. Los declarados culpables —casi todos los acusados— enfrentaron años de prisión. En los últimos meses, el régimen de Lee acusó a 47 políticos, funcionarios electos y activistas de subversión por ser políticos es decir, por lanzarse a una elección primaria. “El poder político debe estar en manos de los patriotas”, insistió Xi Jinping, y el patriotismo se define como la adopción de una reverencia permanente de la frente al suelo hacia Beijing.

Hong Kong arrestó a la activista democrática de 65 años Elizabeth Tang por colusión extranjera, encarceló a tres organizadores de una vigilia anual por la masacre de la Plaza de Tiananmenarrestó a seis personas por vender libros a favor de la democraciasolo permitió las primeras manifestaciones legales bajo la Ley de Seguridad Nacional con restricciones extraordinarias.

Los juicios continúan por delitos presuntamente cometidos hace años, incluido uno contra un periodista que buscó registros públicos como parte de un documental policial y otro contra Jimmy Lai, ex-editor del Apple Daily. Otro de los juicios de Lai se pospuso para finales de este año, ya que Lee presiona a sus jefes en Beijing para que le den permiso para evitar que Lai utilice un abogado británico. El Congreso Nacional del Pueblo estuvo de acuerdo en que fue la decisión de Lee —en lugar de la del tribunal.

Por desgracia, la prisión no es la única pena por desafiar al PCCh. Casi 500 personas han sido enviadas a un programa de reeducación para “mejorar su sentido de identidad nacional” —es decir, de la China totalitaria de Xi. Hong Kong se negó a publicar el lavado de cerebro, esto es, los materiales de instrucción utilizados. Beijing continúa acabando con las libertades británicas tradicionales que se suponía que debían preservarse bajo el acuerdo de transferencia de Gran Bretaña.

Hong Kong is putting jailed protesters through a so-called “deradicalization” program designed to “enhance their sense of national identity.” But they won't release the materials they use, claiming disclosure “would harm or prejudice Hong Kong’s security." https://t.co/zr2dNUlEYU

— Sarah McLaughlin (@sarahemclaugh) January 16, 2023

Aunque no hay ninguna fisura legal, Lee está presionando para agregar una ley especial de seguridad de Hong Kong. La ley se aplica incluso en el extranjero. El mes pasado, los vigilantes guardianes de la seguridad nacional arrestaron a un estudiante de Hong Kong por sus publicaciones en las redes sociales mientras estudiaba en Japón. ¡Nada, por pequeño que sea, escapa a la atención del Comandante Lee! Hong Kong ha acusado al menos a un estadounidense según la ley por sus actividades en los Estados Unidos.

Hoy, Lee y sus secuaces nos quieren hacer creer que la Región Administrativa Especial (SAR) se ha limpiado en gran medida, con los criminales más peligrosos encarcelados o expulsados al extranjero. Por desgracia, la profesada paz lograda por Hong Kong es la de la tumba en términos de libertades políticas y civiles.

El carácter comercial de Hong Kong se mantiene, pero la SAR se está volviendo más china y la República Popular China desempeña un papel económico cada vez mayor. Además, independientemente de la nacionalidad, las empresas ya no pueden confiar en las normas comerciales. Como escribe el Atlantic Council:

Durante los últimos tres años en Hong Kong, un sistema basado en restricciones legales e institucionales sobre la acción del gobierno fundada en la Ley Básica y el Derecho Consuetudinario Británico se ha desplazado hacia un sistema regido por normas políticas reforzadas por la Ley de Seguridad Nacional.

Desafortunadamente, es poco lo que Estados Unidos puede hacer. La guerra no es una opción no hay ningún problema de seguridad concebible en juego. Más sanciones también serían ineficaces, dado lo que está en juego para Beijing, que sacrificará fácilmente las ganancias económicas para retener el control político.

El futuro de Hong Kong ya no está en manos de su gente. Los demócratas frustrados solo podían ver la ráfaga de protestas del otoño pasado en el continente y esperar por más. El cambio de régimen en Beijing, aunque poco probable, puede ser la principal esperanza para un Hong Kong más libre. En última instancia, su futuro dependerá de que el pueblo chino obtenga el tipo de libertad que alguna vez disfrutó el pueblo de Hong Kong.

Este artículo fue publicado originalmente en American Spectator (Estados Unidos) el 26 de abril de 2023.