La tragedia de Alemania

Axel Kaiser dice que la creencia de que si "fracasa el euro fracasa Europa" ignora que doce miembros de la unión política no tienen el euro y, sin embargo, con ellos se convive y comercia en perfecta armonía. Además, Kaiser indica que "el periodo de mayor prosperidad y paz en la historia europea" fue precisamente antes de la introducción de la moneda común.

Por Axel Kaiser

En su notable ensayo Politics and the English Language, George Orwell advirtió que "el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas, el asesinato respetable y para dar apariencia de solidez al mero viento”. En pocos lados en la actualidad esto se observa de manera más cruda que en Alemania.“Si fracasa el euro fracasa Europa” repite una y otra vez Angela Merkel como si no hubiera doce miembros de la unión politica que no tienen el euro y con los cuales se convive y comercia en perfecta armonía y como si el periodo de mayor prosperidad y paz de la historia europea no hubiera sido precisamente antes de la introdución de la moneda común.

Pero eso no cuenta. El euro hay que salvarlo “cueste lo que cueste” según Merkel. Para diluir la resistencia de la población y encubrir su colosal fracaso, políticos de todos los sectores difunden el mito de que Alemania fue la mayor beneficiada del euro. Prueba de ello sería el enorme superávit comercial con la periferia. Lo que no dicen estos políticos, es que ese superávit comercial fue financiado por los países de la periferia con crédito proveniente de Alemania. De este modo, los europeos del sur adquirieron productos alemanes con dinero alemán que ahora no pueden pagar. Ese es el gran negocio que, según el ministro de finanzas Wolfgang Schaeuble, hizo Alemania bajo el euro. Que en ese mismo periodo de “éxito” el país haya tenido la menor tasa de inversión de la OCDE, cinco millones de cesantes y el crecimiento más bajo de la zona euro, se le oculta celosamente a la población. El mismo Schaeuble afirmó esta semana, sin mover una ceja, que la crisis griega no iba a costar ni un solo euro a los alemanes. No sorprende que un importante medio de ese país haya advertido que Merkel y Schauble arriesgan quedar como unos “mentirosos” frente a la población.

Pero es todavía peor, porque el euro significó para Alemania sacrificar la preciosa Deutsche Mark y ceder el control de su ejemplar política monetaria. Hoy, el país concurre con un 27% del capital al Banco Central Europeo y tiene un solo voto en el consejo del mismo, igual que Malta o Chipre. Es difícil imaginar una fórmula más efectiva y antidemocrática para echar mano a los recursos de los alemanes y fácil comprender la frustración de Jens Weidmann, presidente de la Bundesbank. Las cifras lo dicen todo. El BCE, mediante el sistema llamado “target credit”, ha transferido de manera secreta dineros alemanes por una suma cercana a 380 mil millones de euros. Si se añade la compra de bonos y los paquetes de rescate, la exposición de Alemania al euro se aproxima a 750 mil millones de euros o cerca de un tercio del PIB. Con más de un 80% de deuda sobre el PIB, bastaría con que una fracción de esos créditos falle para arrastar a Alemania a la quiebra. Pero a los políticos no les importa. Ellos ya  han sacrificado el interés de su pueblo en beneficio de unos pocos banqueros y en aras de un fanatismo europeísta que está llevando al país al mayor desastre desde la Segunda Guerra Mundial.

Este artículo fue publicado en El Diario Financiero (Chile) el 30 de noviembre de 2012.