La tradición hispana de la libertad y la Revolución Americana

Gabriela Calderón de Burgos destaca la influencia de la tradición escolástica española del siglo XVI en la Revolución Americana.

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Por Gabriela Calderón de Burgos

Cuando aprendemos sobre las corrientes de pensamiento que influyeron en la Revolución Americana, los historiadores señalan, con razón, la influencia de las Ilustraciones inglesa, escocesa y francesa. Sin embargo, esta narrativa pasa por alto la importante influencia de las ideas compartidas por la tradición escolástica española del siglo XVI, fundada por el filósofo y teólogo Francisco de Vitoria. Esta sostenía, entre otras ideas, que todos los hombres son creados iguales y que la soberanía reside en el pueblo.

El jesuita Francisco Suárez, heredero intelectual de Vitoria, publicó Defensio Fidei Catholicae (Defensa de la fe católica) en 1613 como réplica a los teólogos anglicanos que defendían la teoría del derecho divino de los reyes. El libro fue ampliamente leído en toda Europa, incluso en Inglaterra, donde enfureció tanto a Jacobo I que mandó quemar un ejemplar en las escaleras de la catedral de Saint Paul. En esa época, Thomas Hooker, un joven puritano, era miembro del cuerpo docente y catequista en el Emmanuel College de la Universidad de Cambridge. Más tarde emigró a las colonias americanas y pronunció un influyente sermón en 1638, en el que argumentó que "el fundamento de la autoridad se basa, en primer lugar, en el libre consentimiento del pueblo", haciéndose eco de la doctrina de Suárez sobre la soberanía del pueblo. Ese sermón inspiró, un año después, la adopción de las Órdenes Fundamentales de Connecticut, que establecieron un marco para el autogobierno y son ampliamente consideradas como la primera constitución escrita de lo que hoy es Estados Unidos. El propio John Locke también estaba familiarizado con los escolásticos españoles, específicamente con el jesuita Juan de Mariana, cuyas obras eran muy leídas en Inglaterra en el siglo XVII a pesar de la extensa censura a la que estaban sometidos los escritos de los católicos en esa época.

Mariana sintetizó las principales enseñanzas de los pensadores pioneros de la Península Ibérica que le precedieron, comenzando por Vitoria, quien hizo hincapié en los derechos humanos y los límites al poder de los reyes, para luego pasar a Suárez, quien desarrolló una teoría del gobierno limitado y defendió el derecho a la rebelión contra los gobernantes injustos. La tradición culminó en la defensa que hizo Mariana del gobierno participativo y la justificación del tiranicidio —solo cuando se hayan agotado todos los demás medios pacíficos disponibles y si el rey sigue sin estar dispuesto a enmendar sus actos—. Además, Mariana no solo aprendió de los teóricos monetarios de Salamanca, sino que también consideraba la manipulación monetaria en sí misma como una forma de tiranía. En su influyente Historia del análisis económico, Joseph Schumpeter argumentó que el "altísimo nivel de la economía española del siglo XVI se debió principalmente a las contribuciones escolásticas".

Ángel Fernández Álvarez, en su tesis doctoral de la Universidad Complutense de Madrid, señala las sorprendentes similitudes entre las ideas de Locke y las de Mariana. Mariana y Locke coincidían en que los hombres se incorporan a la sociedad porque en el estado de naturaleza se encuentran en peor situación. Ambos consideraban que la sociedad civil precede al gobierno, el cual se establece para salvaguardar los derechos naturales del individuo. Estos derechos, así como ciertas obligaciones, según tanto Mariana como Locke, son independientes de cualquier legislación positiva y pertenecen a los individuos "por naturaleza".

Locke tenía en su biblioteca privada el libro de Mariana de 1599, De ponderibus et mensuris (Sobre pesos y medidas), y citó la obra más famosa de Mariana, Historia de rebus Hispaniae (Historia general de España), según la investigación de Fernández. Locke también incluyó Historia general de España entre los libros de historia imprescindibles para todo aspirante a caballero.

Fernández señala que el argumento de Locke a favor de "no hay tributación sin representación" es casi idéntico al de Mariana. Compárense estos pasajes (negrita añadida):

"El rey no puede imponer nuevos impuestos sin contar primero con el consentimiento de los gobernados. Pídanlo, pues, y no despojen a sus súbditos quitándoles cada día algo por su propia voluntad y reduciendo poco a poco a la miseria a quienes hasta hace poco eran ricos y felices".

—Juan de Mariana, Sobre el rey y la institución real (1599)

"Pues si alguien reclama el poder de establecer y recaudar impuestos sobre el pueblo, por su propia autoridad y sin dicho consentimiento del pueblo, con ello invade la ley fundamental de la propiedad y subvierte el fin del gobierno".

—John Locke, Dos tratados sobre el gobierno (1689)

Locke comparte las posturas de Mariana sobre "el origen de la sociedad, el origen del Estado, el origen de la propiedad en el trabajo, la justificación consecuencialista de la propiedad, la jerarquía de los derechos, el papel del Estado, la limitación del gobierno y el derecho a la rebelión", argumenta Fernández.

John Adams también fue un estudioso atento de Mariana. Poseía La historia general de España en español, que dedicó a su nieto, George Washington Adams. En 1782, Adams también compró un volumen en latín —que ahora se conserva en la Biblioteca Pública de Boston, donde sus anotaciones son visibles en la copia digitalizada— que incluía Sobre el rey y la institución real y Sobre pesos y medidas. En la portada de ese volumen, Adams escribió: "Mariana fue encarcelado durante un año por el duque de Lerma en la época de Felipe III por este libro, el 624, sobre pesos y medidas". Adams volvió a hacer referencia al encarcelamiento de Mariana décadas más tarde. En una carta a John Taylor en 1814, Adams cita a Mariana junto a James Harrington, Algernon Sidney y Montesquieu: "Mariana escribió un libro… en el que tuvo la osadía de insinuar que los reyes fueron instituidos para el bien y que podrían ser destituidos si no hacían más que el mal. Por supuesto, el libro fue prohibido y el autor perseguido". Si bien Adams tenía razón respecto a la persecución de Mariana, en realidad este fue encarcelado por un libro posterior, Sobre la alteración de la moneda, que criticaba al rey Felipe III por devaluar la moneda española. De todos modos, las anotaciones y referencias de Adams a lo largo de décadas muestran el impacto duradero que Mariana tuvo en su pensamiento. 

Fernández Álvarez identifica claros paralelismos entre los argumentos de Mariana en Sobre el rey y la institución real y los de Adams en sus Discursos sobre Dávila. Además, Fernández ve reflejada la obra de Mariana en las numerosas referencias de Adams a la historia de España y en su distinción similar entre un rey y un tirano, así como en la misma justificación del derecho a la rebelión.

Fernández también señala que la edición de la obra de economía política de Mariana que Adams leyó era la que incluía el capítulo "Sobre el dinero", y que Adams utilizó los argumentos de Mariana para oponerse a la creación de un banco central que tuviera el monopolio de su emisión.

La francofilia de Thomas Jefferson es bien conocida, pero su hispanofilia lo es menos. El profesor de literatura española Eric C. Graf ve en el interés que Jefferson mantuvo toda su vida por el Don Quijote de Cervantes —y en el hecho de que poseyera la Historia General de España de Mariana, que también consiguió para su amigo James Madison— una evidencia de un escepticismo generalizado hacia la autoridad. Graf sugiere además que estas influencias pueden haber sembrado las semillas de la posterior oposición de Jefferson al banco central propuesto por Alexander Hamilton. Graf ha estudiado los conceptos liberales clásicos presentes en la novela de Cervantes y ve en ella la influencia de Mariana.

Estas obras de pensadores y escritores españoles no son solo curiosidades intelectuales o notas al pie de la historia. Tenían una importancia práctica para los Padres Fundadores de Estados Unidos, quienes imaginaron una república de individuos libres y prósperos y, con ese fin, estudiaron la historia de las grandes civilizaciones. Tomaron nota de lo que había permitido, preservado y fortalecido esas costumbres y tradiciones, e innovaron donde lo consideraron conveniente.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición de Primavera/Verano 2026 de la revista Free Society (Estados Unidos) del Instituto Cato.