La telenovela argentina

Ian Vásquez dice que la vieja historia de creer que se puede abandonar la pobreza redistribuyendo la riqueza se está dando en Venezuela y es una "de la que tampoco se salvarán los otros regímenes populistas en la región. La realidad ya está interrumpiendo (una vez más) el sueño peronista en Argentina. Tras una década bajo el liderazgo kirchnerista, Argentina devaluó el peso 15% en enero, redujo subsidios al agua y al gas el mes pasado, y se vio paralizada esta semana por una huelga sindical general en contra de la inflación y el ajuste".

Por Ian Vásquez

El guionista de telenovelas venezolano Ibsen Martínez escribió en The New York Times esta semana que le demoró 30 años darse cuenta de que las telenovelas son una metáfora del populismo latinoamericano. Según él, la redistribución de riqueza para resolver la pobreza y la desigualdad es el tema más común en dichas tramas. Sin duda, la realidad venezolana lo ayudó a reconocer esa similitud, así como la diferencia en el desenlace final de las telenovelas y lo que ocurre en el mundo real.

Es algo que los economistas han reconocido por mucho tiempo. En su libro clásico de 1991, Macroeconomía del populismo en la América Latina, Sebastián Edwards y Rudiger Dornbusch documentan cómo “una y otra vez” los gobernantes han expandido el crédito y el gasto público para promover el crecimiento y la redistribución.

“Después de un breve período de crecimiento y recuperación económicos, surgen cuellos de botella que provocan presiones macroeconómicas insostenibles y que finalmente conducen al derrumbe de los salarios reales y a graves dificultades en la balanza de pagos. El resultado de estos experimentos ha sido generalmente una inflación galopante, la crisis y el colapso del sistema económico”.

Es una vieja historia que claramente se está dando en Venezuela y de la que tampoco se salvarán los otros regímenes populistas en la región. La realidad ya está interrumpiendo (una vez más) el sueño peronista en Argentina. Tras una década bajo el liderazgo kirchnerista, Argentina devaluó el peso 15% en enero, redujo subsidios al agua y al gas el mes pasado, y se vio paralizada esta semana por una huelga sindical general en contra de la inflación y el ajuste.

La rabia contra la inflación es comprensible, pues ha llegado al 32% anual y está por encima del alza de los salarios. Pero no se puede bajar la inflación sin ajuste. Bien podrían protestar los sindicatos en contra de la matemática, pues las cuentas ya no cuadran.

El hecho es que las políticas económicas de los Kirchner han sido sumamente irresponsables. Según el economista argentino Luis Secco, el gasto público se ha disparado de un 22% del PIB en el 2002 a un estimado 44% en el 2013. Este incremento fue acompañado de otras medidas que han incluido romper contratos con empresas extranjeras, controles de precios y altos impuestos sobre el sector exportador, por ejemplo.

El gobierno tuvo con mucha suerte una década en la que los precios de las materias primas han sido altos y en que las bajas tasas de interés a escala global han estimulado las exportaciones. Aun así, el apetito del estado Argentino ha excedido su habilidad de financiarse, especialmente ya que no puede obtener préstamos del extranjero luego de haber provocado el default soberano más grande en la historia en el 2002. Por lo tanto, ha recurrido a otras fuentes de financiamiento. A partir del 2008, Kirchner nacionalizó los fondos privados de pensiones que valían unos US$30.000 millones, una aerolínea y una importante empresa petrolera. A la medida que caen las reservas, el gobierno ha recurrido a la vieja práctica de imprimir dinero.

Hasta ahora el gobierno no se ha mostrado interesado en hacer los ajustes necesarios para encaminar bien a la economía, por lo que podemos esperar que la inflación y el gasto continúen altos. Al parecer, así también lo ven los argentinos, pues el peso sigue sobrevalorado en un 35% comparado con su precio en el mercado negro. Después de todo, los argentinos han visto esta telenovela antes. La última vez que el gobierno gastó más allá de sus posibilidades fue entre 1991 y el 2001, cuando el gasto público aumentó un 97% mientras que la economía creció solo un 57%, culminando en una aguda crisis económica.

Mientras vemos cómo termina esta historia, esperamos la telenovela que Ibsen Martínez promete producir sobre cómo el emprendimiento y la innovación conducen a la prosperidad. Nos hará mucho bien verla en toda la región.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 11 de abril de 2014.