La promesa de María Corina Machado de una Venezuela libre
Ian Vásquez explica cómo la líder de la oposición venezolana se ha enfrentado al régimen chavista por décadas y por qué Estados Unidos debería trabajar con ella en una transición democrática.
Por Ian Vásquez
Cuando el ejército estadounidense capturó al dictador venezolano Nicolás Maduro a principios de enero, el presidente Trump comprometió a Estados Unidos con la recuperación económica y la transición a la democracia del país sudamericano. Ahora, la administración corre el riesgo de desperdiciar la oportunidad al confiar en los principales lugartenientes de Maduro —todos ellos socialistas convencidos que carecen de legitimidad entre los venezolanos— para lograr ese objetivo.
Si Estados Unidos se toma en serio la reforma, debería empezar a trabajar con María Corina Machado, la líder de la oposición cuyo movimiento goza de un amplio apoyo popular y representa la mejor esperanza del país para el capitalismo democrático.
Machado, galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025, ha dedicado las últimas dos décadas a sentar las bases morales y políticas para una Venezuela libre. Su equipo está preparado para gobernar, con planes bien desarrollados para abrir la economía, restablecer las libertades civiles, privatizar la industria petrolera y otras empresas estatales, reformar servicios públicos deficientes como la educación y la sanidad, y limitar el tamaño y el poder del Estado.
En las elecciones presidenciales de 2024, la oposición liderada por Machado obtuvo la victoria electoral más decisiva contra el régimen chavista en sus 25 años de historia. El pueblo venezolano ya ha elegido la libertad. Ahora, Estados Unidos debe colaborar con los líderes que ha elegido para hacerla realidad.
Una defensora de la libertad desde hace mucho tiempo
Machado es única entre las figuras de la oposición venezolana, tanto por su visión como por sus logros. Es una liberal clásica culta y sofisticada. Comprendió el ascenso al poder de Hugo Chávez en 1999, su amenaza a la libertad, y la mejor manera de combatir esa amenaza, en parte gracias a su intuición y en gran medida porque entendió el análisis profético del difunto intelectual venezolano Carlos Rangel sobre los males del país.
Rangel explicó que en Venezuela nunca había existido una economía de libre mercado, sino que lo que había prevalecido durante siglos era un amplio intervencionismo estatal y la corrupción. “Esas dos tradiciones se han agravado monstruosamente por dos factores nuevos: el socialismo y el petróleo”, advirtió Rangel a principios de la década de 1980. Años antes, Venezuela había creado un monopolio petrolero estatal que estaba siendo utilizado para expandir el Estado por una élite política que se había enamorado de las ideas socialistas.
Esa combinación letal condujo a las crisis económicas y la disfunción política que dieron lugar a Chávez. A diferencia de otros líderes de la oposición, Machado acompañó su activismo político con una buena dosis de proselitismo sobre la importancia de la libertad en todas sus dimensiones: libertad económica y personal, Estado de Derecho, democracia y límites al poder del Estado.
En 2002, Machado cofundó Súmate, una organización cívica centrada en la supervisión del voto. Recogió millones de firmas para organizar un referéndum revocatorio de Chávez en 2004, un esfuerzo que fracasó en medio de creíbles acusaciones de fraude. En un foro del Instituto Cato en 2009, Machado describió cómo Chávez había consolidado un régimen autoritario y violado los derechos humanos durante los diez años anteriores, al tiempo que mantenía las apariencias formales de la democracia. En un momento en que gran parte del mundo aún justificaba el régimen chavista alegando que beneficiaba a los pobres, Machado demostró que la política social estaba fracasando a pesar de las enormes ganancias obtenidas gracias al auge del petróleo.
A pesar de que las elecciones en Venezuela se celebraron en un contexto extremadamente desigual y de que las instituciones democráticas del país estaban gravemente afectadas, Machado se presentó a las elecciones a la Asamblea Nacional en 2010 y obtuvo más votos que cualquier otro candidato. En 2011, anunció un programa de “capitalismo popular” en el que Venezuela “dejará atrás el modelo rentista para construir un verdadero desarrollo material de los ciudadanos”. Defendió con firmeza la propiedad privada, exclamando que “Quien no es dueño del producto de su esfuerzo no es dueño de su esfuerzo. Y quien no es dueño de su esfuerzo no es libre”.
Machado se distinguió no solo por desafiar el autoritarismo, sino también por desafiar toda la ideología del socialismo cuando otros líderes de la oposición aún creían que podían hacer funcionar las políticas socialistas en democracia. Los venezolanos recuerdan cuando Machado se enfrentó a Chávez en la televisión nacional en la Asamblea Nacional en 2012, denunciando su desastroso historial y llamándole ladrón a la cara por las expropiaciones ilegales del régimen. También recuerdan cómo los chavistas le rompieron la nariz en el mismo recinto al año siguiente, tras la muerte de Chávez y las elecciones fraudulentas que llevaron al poder a Maduro.
En 2014, yo estaba con Machado en una reunión en Lima, Perú, junto con el premio Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa y otros liberales de América Latina, cuando le informaron de que no podría salir de Venezuela si regresaba a su país. Machado decidió volver de todos modos, sabiendo que se enfrentaría a una mayor persecución. Sabíamos que quizá no volveríamos a verla en persona durante mucho tiempo y, de hecho, no salió de su país durante casi 12 años, hasta su reciente huida.
Tomando por sorpresa al régimen
El socialismo de Maduro agravó las dificultades económicas y la represión, incluidos los crímenes de lesa humanidad. Bajo su mandato, la economía se contrajo un 75 %, según el economista de Harvard Ricardo Hausmann, quien señala que tal colapso “nunca ha ocurrido en la historia de la humanidad en ningún contexto fuera de la guerra”. Unos ocho millones de venezolanos, aproximadamente una cuarta parte de la población, huyeron del país.
Esos años también fueron testigos de una oposición con líderes ineficaces, divisivos e incluso cómplices, hasta que María Corina Machado la unificó al decidir presentarse a las elecciones presidenciales de 2024. Después de ganar el 93 % de los votos en las primarias de la oposición, el régimen descalificó ilegalmente su candidatura. Machado apoyó entonces a Edmundo González para que se presentara en su lugar.
La oposición no solo ganó por mayoría aplastante, con casi el 70 % de los votos, sino que, a diferencia de lo ocurrido en elecciones anteriores, pudo demostrar su victoria poco después de las elecciones. Durante meses, el equipo de Machado se había preparado en secreto para llevar a cabo la compleja tarea logística de recopilar y documentar los recuentos de votos en todo el país. En la iniciativa participaron 600.000 voluntarios, que cubrieron más del 80 % de las urnas del país y recopilaron más del 80 % de los recuentos.
Machado había sido más astuta que la dictadura y la había tomado por sorpresa. El resultado de las urnas y la magnitud de la derrota del régimen representaban la victoria más importante de la oposición en más de 20 años de tiranía. Al proporcionar al mundo pruebas irrefutables de la derrota chavista, Machado había despojado al régimen de sus habituales pretensiones de legitimidad. No solo había sacado a la luz lo que resultó ser, con toda seguridad, el mayor fraude electoral de la historia de América Latina, sino que también había revelado hasta qué punto el régimen había perdido el apoyo de sus propias filas, ya que la oposición solo pudo recopilar los recuentos de votos con la complicidad de los soldados que custodiaban los centros de votación. Maduro, por supuesto, se negó a abandonar el cargo, y el mundo fue testigo de la brutal represión que siguió.
La victoria liderada por Machado logró así desacreditar también a gran parte de la izquierda latinoamericana, al poner de manifiesto su hipocresía y su simpatía por el extremismo. Los gobiernos de izquierda de la región que durante mucho tiempo habían dado cobertura al régimen venezolano ahora tenían que elegir entre condenar o no a su aliado. Algunos lo hicieron, mientras que otros dieron su apoyo incondicional a la dictadura o se limitaron a pedirle que aportara pruebas de su victoria, una petición que fue debidamente ignorada.
Tras las elecciones de 2024, Machado siguió movilizando manifestaciones masivas y mostrando un enorme valor ante las continuas amenazas a su vida y su seguridad, ya que innumerables simpatizantes seguían siendo detenidos, asesinados o torturados. La represión extrema la obligó a esconderse. No obstante, aprovechó la oportunidad para emitir regularmente mensajes en vídeo y llamamientos a la acción a la nación.
Hacia una transición legítima
María Corina Machado ha demostrado ser una líder con principios, de mucha habilidad política, y eficaz. Goza de un apoyo popular abrumador y de la legitimidad política necesaria para un gobierno eficaz. Su equipo tiene un plan bien elaborado para la transición a la democracia y el establecimiento de la libertad política y económica. Estados Unidos debería empezar a trabajar con ella lo antes posible.
Por el contrario, trabajar con lo que queda de la dictadura es un arreglo inestable. Los líderes del régimen, algunos de los cuales han sido acusados legalmente por Estados Unidos, desconfían unos de otros y no se puede esperar que trabajen juntos de manera pacífica para renunciar a su poder o avanzar hacia una transición. Además, cualquier decisión importante que se tome sin la participación de la oposición liderada por Machado podría ser cuestionada o revisada por un futuro gobierno legítimo. Estas no son condiciones ideales para la inversión o la recuperación económica.
La transición de Venezuela hacia una sociedad libre se enfrentará a importantes retos. Pero la sociedad venezolana no está polarizada políticamente ni fracturada por motivos religiosos, étnicos o culturales; se parece mucho más a la Europa del Este de 1989 que al Irak de 2003. Al colaborar con María Corina Machado, la venezolana que unificó el país y la que más ha hecho por derrotar la tiranía socialista, Estados Unidos puede avanzar mucho en la consecución de sus objetivos de política exterior, mientras que los propios venezolanos pueden establecer una democracia liberal.
Este ensayo fue publicado originalmente en la revista Free Society del Instituto Cato, edición de invierno de 2026.