La muerte de Bill Buckley

Por David Boaz

Murió a los 82 años William H. Buckley, el padre del conservadurismo moderno en Estados Unidos. ¿Acaso también ha muerto el conservadurismo?
Buckley surgió como respetado intelectual con la publicación de su libro “Dios y el Hombre en Yale”, en 1951, poco después de graduarse de esa universidad. Fue la primera denuncia de la prominencia izquierdista en las principales universidades. Cuatro años más tarde fundó la revista National Review, que en realidad fue el lanzamiento del conservadurismo moderno en este país.

Con gran habilidad, Buckley logró unir a libertarios, tracidicionalistas y anticomunistas, incluyendo a unos cuantos ex-comunistas que habían reconocido su error. Aunque argumentaban puntos de vista diferentes, compartían su rechazo al comunismo y al avance del socialismo en Estados Unidos.

Fue en el hogar de Buckley en Sharon, Connecticut, donde nacieron los Jóvenes Americanos por la Libertad, el grupo juvenil de apoyo a la libertad individual, al gobierno limitado, la Constitución de Estados Unidos, el federalismo, la economía de libre mercado y una fuerte defensa nacional.

Esos eran los principios conservadores respaldados por la revista National Review desde su fundación y en lo que se basó la campaña presidencial de Barry Goldwater en 1964, a la vez que la victoria de Ronald Reagan en 1980 y luego en 1994 cuando los republicanos lograron mayorías en ambas cámaras del Congreso.

En ese año 1994, bajo el llamado “Contrato con América”, los conservadores ofrecieron “acabar con un gobierno demasiado grande, demasiado intervencionista y manirroto con el dinero público”. Los conservadores, inspirados por Goldwater y por Buckley, pensaban que sus principios serían aplicados.

Entonces, en el año 2000, los republicanos no sólo lograron mantener su control del Congreso sino también elegir al presidente, George W. Bush, por lo que finalmente podrían instrumentar su programa de gobierno.

¿Qué pasó? Algo muy diferente. Los republicanos aumentaron los gastos gubernamentales en un billón de dólares en seis años, multiplicaron los programas de ayuda social, entrometieron al gobierno federal en la educación (hasta entonces responsabilidad exclusiva de los gobiernos locales), concedieron poderes sin precedentes a la Casa Blanca y se inició el inmenso proyecto de “construir democracias” alrededor del mundo, procediéndose con la intervención en Irak y en la vida privada de los estadounidenses.

Peor aún, el movimiento conservador abandonó sus raíces de gobierno limitado. Los neoconservadores se pasaron a la izquierda radical, metiendo la mano del gobierno y manipulando la vida social y económica de la nación. Así, la derecha religiosa comenzó a imponer sus valores sociales a todo el país.

En el pasado, los conservadores creían firmemente en la famosa declaración pública del presidente Reagan: “el gobierno no es la solución a nuestro problema, el gobierno es el problema”. Por el contrario, los neoconservadores apoyan la posición del presidente Bush respecto a que “cuando alguien padece, el gobierno tiene que actuar”.

Los conservadores como Buckley denunciaron la transferencia del poder de los estados a Washington y del Congreso a la presidencia imperial, criticando la nacionalización de la educación e imposiciones a las familias sobre salud.

Los conservadores ahora quieren que el presidente no tenga que depender para nada del Congreso ni del sistema judicial, especialmente en asuntos extranjeros. Buckley, en 2006, lamentó “la ausencia de una efectiva ideología conservadora que resulta en gastos extravagantes”, a la vez que criticaba el intervencionismo del gobierno de Bush en el extranjero.

Que en paz descanse el conservadurismo en Estados Unidos.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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