La moderada mejoría económica

Manuel Sánchez González indica que la señal más sobresaliente de la mejoría de la demanda agregada en la economía mexicana es el incremento de las exportaciones manufactureras, particularmente las automotrices.

Por Manuel Sánchez González

Durante el tercer trimestre, la economía mexicana mostró signos de reanimación, lo cual contrasta favorablemente con la contracción profunda registrada en la primera mitad del año.

La información a julio sobre el IGAE, que es una aproximación mensual del PIB, revela que el efecto adverso de la suspensión de las actividades productivas asociada con el Covid-19 se concentró de marzo a mayo, con mejoras durante los siguientes dos meses.

Sin embargo, los datos más recientes sugieren que el avance del tercer trimestre fue insuficiente para modificar notablemente la tendencia declinante de la producción observada durante los nueve trimestres previos. En general, los indicadores oportunos se mantienen en niveles relativamente deprimidos.

Por ejemplo, los índices de confianza empresarial, elaborados por el Inegi con base en una encuesta mensual, exhibieron, en septiembre, un promedio de 40 puntos. En estas mediciones, los valores inferiores a 50, entre menores sean, reflejan un mayor pesimismo, mientras que los superiores a esa marca revelan optimismo.

La desilusión fue muy semejante en cada una de las cuatro ramas productivas contempladas: manufacturas, comercio, construcción y servicios privados no financieros, las cuales se ubicaron, en promedio, casi cinco puntos por debajo de sus niveles de marzo.

Además, en agosto, la producción de vehículos ligeros experimentó una caída, ajustada por estacionalidad, de aproximadamente 8.0 por ciento. Así, esta variable no ha revertido con claridad su tendencia descendente de los últimos tres años.

A su vez, el número de vehículos vendidos en el mercado interno descendió 3.5 por ciento en septiembre, por lo cual esta variable extendió su trayectoria de contracción mostrada desde mediados de 2016.

De forma semejante, las ventas de la ANTAD, así como las importaciones de bienes de consumo, tras crecer en meses recientes, en agosto aún se situaron muy abajo de sus respectivos niveles de febrero.

Si bien las importaciones de bienes de capital, que son un componente de la inversión, han subido ligeramente desde junio, los niveles alcanzados en agosto no modificaron mucho su tendencia de drástica caída experimentada durante más de dos años.

El signo más sobresaliente de mejoría en la demanda agregada se ha observado en las exportaciones manufactureras, principalmente las automotrices, las cuales han aumentado desde junio, aunque en agosto aún resultaron inferiores a las de antes de la pandemia.

Tal vez no existan otros indicadores que despierten más interés del público sobre el grado de la recuperación económica que los referidos al mercado de trabajo. Como resultado del insuficiente vigor económico, así como por su naturaleza generalmente rezagada, el mejoramiento de las variables laborales tampoco ha sido espectacular.

Específicamente, el número de puestos de trabajo afiliados al Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) descendió de marzo a julio y apenas experimentó un aumento en agosto, el cual fue resultado exclusivamente de más empleos eventuales urbanos. En este último mes, las posiciones fueron inferiores, en más de un millón, a las de febrero del presente año.

Asimismo, en agosto, la tasa de desocupación nacional se ubicó en 5,2 por ciento de la población económicamente activa. Aunque este nivel fue ligeramente menor al de dos meses antes, superó en más de dos puntos porcentuales el de marzo. 

La persistencia del desempleo ha ocurrido a pesar de que la tasa de participación laboral, es decir, la proporción de la población en edad de trabajar que trabaja o busca hacerlo, disminuyó, en términos netos, cerca de cinco puntos porcentuales de marzo a agosto.

El relato anterior de indicadores sugiere un par de conclusiones. En primer lugar, es muy probable que, durante el tercer trimestre de 2020, a pesar de la mejoría, la economía mexicana se haya mantenido en situación recesiva, interpretada ésta, de forma amplia, como una caída significativa y prolongada en la actividad económica respecto de su tendencia de mediano plazo.

En segundo lugar, tal vez más importante, el ritmo de expansión de esa tendencia, identificada generalmente como aproximación del “crecimiento económico potencial”, ha ido disminuyendo desde 2018.

Teniendo en cuenta el dinamismo económico superior de EE.UU. durante este tiempo, es probable que la reducción de las posibilidades de progreso en México sea resultado, en gran medida, de las deficiencias en las políticas económicas internas. Una mayor seguridad jurídica y la eliminación de las crecientes prohibiciones para invertir parecen dos elementos cruciales que podrían contribuir a un desempeño más halagüeño de la economía mexicana a mediano plazo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 7 de octubre de 2020.