La maldición china

Macario Schettino dice que "Nos cuesta trabajo interpretar lo que pasa, porque nuestros marcos de referencia dejan de ser útiles, y entonces apelamos a soluciones conspirativas. Le damos sentido a lo que no lo tiene imaginando actores oscuros detrás de las cosas".

Por Macario Schettino

Estamos en un proceso muy complejo de transformación en el mundo y en México. A nivel mundial, la revolución de las Tecnologías de Información y Comunicaciones (TICs) nos lleva a una forma de producción diferente: se requieren menos horas para producir más que antes, pero además existen mercados que antes no eran relevantes, especialmente asociados a entretenimiento y comunicación.

Así como hace un par de siglos la agricultura y ganadería dejaban de ser tan relevantes y la industria los sustituía, así ahora toca el turno a la industria, que pierde presencia frente a las TICs y el entretenimiento.

Aunque ese proceso lleva ya tres o cuatro décadas, toma ahora una dimensión diferente, porque el equilibrio entre los países industriales sustitutos (lea usted, México, China, y poco más) es inestable. China llegó a su límite, México se hizo más atractivo, y hay que esperar a ver cómo se distribuyen las cosas.

Por otro lado, el experimento del Estado de bienestar de la segunda parte del siglo XX, que también hace 3 o 4 décadas empezó a mostrar agotamiento, ha llegado a su momento de quiebre. Simplemente es imposible sostener lo ofrecido, y hay que hacer ajustes. No sólo en Grecia, ni sólo en Europa. China empieza a perder población (en edad de trabajar) este año, Brasil en cinco, pero con una carga de pensiones casi europea.

Nosotros, que apostamos en el siglo pasado por un camino que resultó errado, llevamos 25 años corrigiendo. Pero esa corrección será muy costosa para muchos: grandes empresarios acostumbrados a ganar siempre, líderes sindicales que viven del chantaje, y partidos, medios y académicos acostumbrados a una realidad que se les va yendo.

Cuando eso ocurre, crece la ansiedad. Nos cuesta trabajo interpretar lo que pasa, porque nuestros marcos de referencia dejan de ser útiles, y entonces apelamos a soluciones conspirativas. Le damos sentido a lo que no lo tiene imaginando actores oscuros detrás de las cosas: tecnócratas neoliberales alemanes abusando de los griegos, políticos de cañerías ajustando a los cárteles soltando criminales, científicos locos detrás de una invasión de robots, y ya no hablo del clima.

Que vivan tiempos interesantes, dice la maldición china.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 14 de julio de 2014.