La libertad económica debe guiar el rumbo de Hong Kong

Por James A. Dorn

En su discurso al Consejo Legislativo realizado en marzo, el secretario de Finanzas, Henry Tang, dijo que no debería de haber un incremento a los impuestos para que la recuperación de Hong Kong tome impulso. Más importante, él enfatizó que el principio subyacente que guíe el futuro desarrollo debería ser que “el mercado conduce y el gobierno facilita”. Ahora que la recuperación va bien encaminada, la atención del secretario se ha vuelto hacia cerrar el déficit fiscal introduciendo nuevos impuestos y manteniendo el gasto del gobierno en no más de un 20 por ciento del PIB. Y él todavía quiere que el mercado lidere el camino. Pero, ¿Podrá hacerlo?

Si se decreta un nuevo impuesto a bienes y servicios, junto con la propuesta de impuesto a las ganancias de capital y los ingresos de los residentes de Hong Kong percibidas en el exterior, puede que la brecha fiscal se cierre, pero Hong Kong dejará de ser la economía más libre en el mundo.

El objetivo del secretario de limitar el gasto a un quinto del PIB puede sonar muy bueno si se lo compara con los estados de bienestar europeo, pero ciertamente no es lo que Sir John Cowperwaite (secretario de finanzas de 1961 a 1971) y los fundadores del sistema de laissez-faire en Hong Kong tenían en mente. El gasto total del gobierno para el periodo 2004-2005 se estima en HK$258.7 mil millones—aproximadamente un 20 por ciento del PIB—con un 26.4 por ciento del presupuesto asignado para bienestar social y salud.

El gasto de bienestar social se ha incrementado en un 236 por ciento durante la pasada década. Si ese crecimiento no es detenido, Hong Kong perderá su ventaja comparativa institucional. En lugar de crear riqueza, Hong Kong redistribuirá y perderá riqueza de forma acelerada.

Mr. Tang le dijo en marzo al Consejo Legislativo que él esperaba que el presupuesto pueda estar balanceado para el periodo 2008-2009 y que él luchará para recortar el tamaño del gobierno a un 16.9 por ciento del PIB. Sin embargo, si su propuesta impositiva es promulgada, la base impositiva del gobierno se ampliaría. No hay duda que las tasas impositivas se incrementarían a medida que el gobierno busque maximizar sus ingresos, tal como sucedió en los Estados Unidos después de la reforma impositiva de Reagan en los 80.

Bajo la iniciativa de Reagan, el Congreso redujo las tasas impositivas marginales de 70 a 28 por ciento, pero amplió la base. Una vez que Reagan dejó la presidencia, los políticos en ambos lados del espectro tomaron ventaja de la base más amplia para incrementar las tasas y obtener ingresos. Hoy en día la tasa marginal impositiva máxima es de 35 por ciento; el gobierno ha crecido en lugar de encogerse y el déficit es más grande que nunca.

Para inhibir efectivamente el crecimiento del gobierno, tiene que haber libertad económica como rasgo distintivo. El activo más preciado de Hong Kong ha sido su libertad económica. Sería una tragedia perder esa libertad mediante el ensanchamiento de la base tributaria para luego darse cuenta que la “mano saqueadora” del gobierno ha suplantado a la “mano invisible” del mercado.

Roberto Montgomery Martin, el tesorero colonial británico en Hong Kong, predijo en 1844 que “No hay la mínima probabilidad que, bajo cualquier circunstancia, Hong Kong se convierta alguna vez en un lugar de comercio”. Hoy en día Hong Kong es uno de los lugares más prósperos en el mundo—no por la abundancia de recursos naturales, sino debido a la libertad económica. Los Empresarios viajaron en tropel a Hong Kong precisamente por su apertura y bajos impuestos. Hong Kong ha podido hacer la transición a una economía de servicios porque la flexibilidad de sus mercados laborales y de capitales y su sistema legal transparente protegen los derechos de propiedad privada y libertad de contrato. Introducir un impuesto general sobre las ventas y un impuesto a las ganancias de capital le quitaría a Hong Kong su singularidad y le impediría ser competitivo.

Mas de 250 años atrás, el gran economista escocés Adam Smith observó “Poco es lo que se requiere para llevar a un estado, del más bajo barbarismo hasta el mayor grado de opulencia: paz, impuestos sencillos y una administración de justicia tolerable”. Su observación es todavía válida hoy en día. En un estudio de las economías de la OCED y 60 naciones alrededor del mundo, James Gwartney, Randall Holcombe y Robert Lawson encontraron que “el nivel de gasto del gobierno que maximiza el crecimiento, no es mayor que un 15 por ciento del PIB”—y “cuando el ámbito del gobierno se expande más allá de ese nivel, hay un impacto negativo en la riqueza de las naciones”.

El que Hong Kong continúe prosperando va a depender principalmente en que tan bien salvaguarden su legado de laissez-faire. Establecer nuevos impuestos para estabilizar los ingresos del gobierno y cerrar el déficit debería de ser secundario a limitar el tamaño y el ámbito del gobierno y preservar la libertad económica.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.