La inversión en capital humano: monto y eficiencia

Por Manuel Hinds

En artículos anteriores he insistido en la necesidad de invertir mucho más en capital humano que lo que estamos haciendo. Por supuesto, lo importante no sólo es el monto a invertirse sino la sabiduría en la inversión. Esto es muy claro en países como Argentina, que invirtió mucho en educación a finales del Siglo XIX y principios del XX, pero con contenidos tercermundistas y disciplinas verbosas que no contribuyeron al desarrollo del país. Como resultado, Argentina, que era uno de los países más ricos del mundo a principios del siglo pasado (tenía el mismo ingreso por habitante que Alemania en 1913), sobre la base de la exportación de carne y trigo, no pudo dar el salto a convertirse en un país industrial desarrollado. Con el tiempo, Argentina se estancó, de tal manera que Alemania triplica ahora su ingreso por habitante. Argentina no invirtió juiciosamente sus recursos en educación.

El efecto de la eficiencia de la inversión también se ve en salud. Si observamos la relación que existe entre la inversión en salud por habitante llevada a cabo por cada país de Latinoamérica y el más comprehensivo de los indicadores de salud de la población, la esperanza de vida al nacer, ambas variables medidas en 2005, veríamos tres cosas: Primero, que hay una relación clara entre la inversión en salud por habitante y la esperanza de vida de la población, de tal forma que los países que invierten más por habitante en salud tienden a gozar de esperanzas de vida más largas.

Segundo, que hay otros factores importantes diferentes del dinero invertido en salud que determinan la esperanza de vida. Consideremos, por ejemplo, la a Brasil y a Costa Rica, dos países que gastan exactamente lo mismo en salud por habitante (290 dólares). Sin embargo, la esperanza de vida de Costa Rica es de 79 años y la de Brasil de 71 años. Más aún, en 2005 Costa Rica gastaba menos que Chile, Panamá, Uruguay, México y Argentina y aún así tenía una esperanza de vida más larga que las de estos países.

¿Cuáles son los factores que explican estas diferencias de esperanza de vida en países que invierten lo mismo? En parte hay un efecto acumulativo. Las inversiones por habitante han sido medidas en un año reciente, 2005, mientras que la esperanza de vida es el resultado de inversiones y acciones tomadas hace muchos años, incluyendo los recientes. Parte de la diferencia, pues, se debe a que ciertos países han invertido más fuertemente en el pasado que algunos países que ahora invierten lo mismo que ellos. Es bien sabido, por ejemplo, que Costa Rica ha invertido fuertemente en salud por al menos cincuenta años, mientras que Brasil comenzó a invertir mayores cantidades en un pasado más cercano.

Otra parte de las diferencias, sin embargo, son el resultado de una mayor eficiencia en la inversión en salud. Argentina, por ejemplo, invierte en salud por habitante más que Chile en este momento, y lo ha hecho por mucho tiempo. Sin embargo, la esperanza de vida de Chile es más alta. Bolivia invierte casi lo mismo que Paraguay pero éste último tiene 7 años más de vida.

Un tercer elemento es la relación que existe entre inversiones que no se contabilizan en salud (como gastos en infraestructura sanitaria) y la efectividad de las inversiones en salud.

La tercera cosa que descubriríamos es que estamos muy atrás en inversiones en salud por habitante en El Salvador ($184) y en esperanza de vida (71 años). Para mejorar la segunda necesitamos invertir más, y juiciosamente.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 15 de febrero de 2008.