La inútil guerra contra el lavado de dinero

por Richard W. Rahn

Richard W. Rahn es Director del Center for Economic Growth y académico asociado al Cato Institute.

Los criptógrafos financieros son los nuevos héroes del día a día porque gracias a sus esfuerzos aumenta el bienestar económico de la gente en todas partes del mundo y, más importante aún, lo hacen preservando su libertad.

Por Richard W. Rahn

Los criptógrafos financieros son los nuevos héroes del día a día porque gracias a sus esfuerzos aumenta el bienestar económico de la gente en todas partes del mundo y, más importante aún, lo hacen preservando su libertad.

Los funcionarios gubernamentales insisten que el lavado del dinero es un delito terrible y a cada rato leemos en la prensa sobre nuevas imposiciones y reglas en contra del lavado. Pero, exactamente, ¿en qué consiste tal delito?

Si usted dudó en contestar la anterior pregunta es porque comprende el problema. El lavado de dinero es difícil de definir porque no es un delito como matar, robar o violar, donde está muy clara la maldad del acto. De hecho, el lavado de dinero ha sido ilegal en Estados Unidos sólo desde 1986 y no es ilegal en todas partes.

Hay un número infinito de maneras de lavar dinero y los "lavadores" sofisticados conocen bien las reglas y regulaciones, lo mismo que el tipo de información a que los institutos financieros deben hacerle seguimiento y reportar. Por eso, el comportamiento de los lavadores cambia inmediatamente que cambian las reglas y regulaciones.

Generalmente se entiende como lavado de dinero la práctica de transferir ganancias mal habidas a través de varias cuentas bancarias para que aparenten ser ganancias de una actividad legítima. Institutos, personas e inclusive gobiernos que se consideren estar ayudando el lavado de dinero pueden ser acusados y condenados, aunque ignoren que el dinero que ayudaron a transferir proviene de actividades delictivas. Eso tiene tanta lógica como condenar a un fabricante de automóviles porque alguien utilizó un vehículo de su marca para cometer un crimen o a la compañía de teléfono porque algún delincuente usa el teléfono en un secuestro.

Las instituciones financieras están obligadas a "conocer a su cliente", lo cual quiere decir que tienen que asegurarse que sus clientes no estén haciendo nada ilegal, lo cual es una misión imposible.

Nos aseguran que tenemos que acabar con el lavado de dinero para combatir el terrorismo, el narcotráfico, la evasión de impuestos, etc. Pero si vemos los resultados de esa guerra contra el lavado de dinero nos damos cuenta que ha fracasado en alcanzar sus objetivos, resultando exageradamente costosa no sólo en dinero sino en violación de las libertades civiles, incluyendo el derecho a la privacidad.

Como prevención de terrorismo no ha funcionado, entre otras cosas porque los terroristas necesitan transferir cantidades relativamente pequeñas de dinero que no son detectadas y a menudo se escudan tras alguna ONG con un nombre inocente.

Más frecuentemente se dice que las medidas contra el lavado son necesarias para combatir el narcotráfico. Según el gobernador de Nuevo México, Gary Johnson, "el presupuesto antidrogas en 1980 fue de 1.000 millones de dólares. Para el año 2000 había aumentado a casi $20 mil millones, mientras los estados gastaban al menos lo mismo. Sin embargo, las investigaciones del gobierno federal indican que las drogas son ahora más baratas, más puras y más fáciles de conseguir que antes".

Quienes claman por la despenalización del consumo de drogas no niegan que estas le hacen mucho daño a la sociedad, sino que la guerra contra las drogas y contra el lavado de dinero hace aún más daño.

El dinero confiscado por las autoridades es menos del 1% del monto que el gobierno estima es lavado cada año. Y la razón es que lavar dinero es más fácil que introducir drogas de contrabando. Y la única manera de ganar la guerra contra las drogas es reduciendo el consumo, lo cual es un reto educacional, no policial.

En América Latina se han disparado los secuestros, especialmente en Colombia, en gran parte debido a que la gente tiene crecientes dificultades en esconder su patrimonio de los secuestradores potenciales, funcionarios corrompidos y demás delincuentes debido a las leyes contra el lavado. El crimen organizado se originó en Estados Unidos durante la Prohibición contra el consumo de licores. Lo que actualmente sucede es un caso clásico de la policía creando mayor demanda por sus servicios, inventando nuevos delitos, lo cual a su vez crea una nueva industria delictiva para evadir esas leyes.

Lawrence Lindsey, principal asesor económico del presidente Bush, ha sido uno de los mayores críticos de la actual guerra contra el lavado, diciendo: "entre 1987 y 1995, el gobierno recolectó 77 millones de informes sobre transacciones, o sea unas 62 toneladas de papel. Con todo eso logró llevar a juicio 3 mil casos de lavado. Más o menos un caso por cada 25 mil informes... y se lograron apenas 580 veredictos de culpabilidad. En otras palabras, más de 100 mil informes fueron presentados por gente inocente para lograr cada condena. Esa proporción de 99.999 a 1 normalmente no se toleraría como un equilibrio razonable entre la privacidad y el fallo de culpabilidad".

Thomas Jefferson mantenía que "cuando el gobierno le teme a la gente, hay libertad. Cuando la gente le teme al gobierno, hay tiranía".©

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet