La farsa contra el humo de cigarrillo

por Dominick Armentano

Dominick Armentano es profesor emeritus de economía de la Universidad de Hartford y académico asociado del Cato Institute.

Fumar por largo tiempo acarrea serios riesgos a la salud. Por darse cuenta de ello, mucha gente ha dejado de fumar, al estimar que el costo es mayor que el beneficio. Están en su derecho. Por otra parte, muchos otros están dispuestos a asumir el riesgo y siguen fumando. También están en su derecho.

Por Dominick Armentano

Fumar por largo tiempo acarrea serios riesgos a la salud. Por darse cuenta de ello, mucha gente ha dejado de fumar, al estimar que el costo es mayor que el beneficio. Están en su derecho. Por otra parte, muchos otros están dispuestos a asumir el riesgo y siguen fumando. También están en su derecho.

Pero, ¿es eso así? Uno de los principales argumentos para restringir el cigarrillo es que puede poner en peligro a inocentes que no fuman e inhalan el humo de otros. Por ello, varios estados -empezando por California y Florida- han procedido a restringir drásticamente el fumar en locales comerciales, sobre la base de un informe publicado en 1993 por la Agencia de Protección Ambiental (EPA), donde el humo de terceros fue clasificado como "carcinógeno grupo A", es decir, como un riesgo significativo a la salud.

Ahora nos enteramos que ese informe de la EPA, "Efectos a la salud respiratoria del humo pasivo: Cáncer del pulmón y otras afecciones" es totalmente falso. Los funcionarios y empresarios que creyeron que el humo de otros era una amenaza a la salud pública (y no simplemente una molestia) fueron engañados por la EPA. Igualmente engañado fue el ciudadano común.

Esta es la sorprendente conclusión del juez federal William Osteen, cuya reciente sentencia invalidó los fundamentos del informe de la EPA. Las conclusiones del juez Osteen coinciden con un estudio publicado a fines del año 1995 por el Servicio de Investigación del Congreso, que mostró serias reservas sobre el informe de la EPA.

El juez Osteen determinó que la EPA había escogido los datos en su estudio de manera de poder llegar al resultado buscado, manipulando burdamente "el procedimiento científico y las normas científicas" para obtener la conclusión preconcebida de que el humo de otros causa la muerte por cáncer del pulmón a 3.000 personas al año. Además, el juez Osteen dictaminó que la EPA había violado la ley en cuanto a diseminar su esquema regulador con el fin de prohibir el humo de cigarrillos. La agencia gubernamental contestó atacando personalmente al juez y no a la fría lógica de sus argumentos.

Como resultado del informe de la EPA, a partir de 1993 se decretaron muchas prohibiciones de fumar en sitios públicos y la gente creía que todo ello estaba basado en estudios científicos. La realidad es que la EPA ni siquiera evaluó los estudios realizados sobre fumadores en lugares públicos sino que basó su informe en 11 investigaciones que examinaban el riesgo de gente casada toda su vida con fumadores, algo totalmente diferente. Aun así, ninguno de los estudios sobre la muestra original indicó una fuerte relación entre el humo de otros y el cáncer.

Pero la EPA estaba decidida a probar que el humo de otros es un carcinógeno grave que justifica estrictas regulaciones. Para lograrlo, descartó 19 de los 30 estudios sobre el humo de cigarrillos, procediendo a cambiar los niveles de confiabilidad en el análisis de las estadísticas de 95% a 90%. Cuando la reducida y manipulada muestra dio el resultado buscado, la EPA anunció públicamente las supuestas pruebas.

Pero la historia es todavía peor. La EPA no tomó en cuenta para nada dos recientes estudios sobre el humo de cigarrillos, realizados en Estados Unidos y que concluyen que el humo de otros no es estadísticamente un riesgo significativo para la salud. Es más, aun utilizando la corrompida metodología de la EPA, no se llega a la conclusión que el humo de otros es un carcinógeno grupo A.

Uno no tiene que ser un fumador empedernido para darse cuenta que la actuación de la EPA muestra una posición política y no científica. Varios funcionarios veteranos de la agencia han protestado públicamente el ciego fanatismo y la "ciencia basura" utilizada por esta agencia gubernamental. Ya es hora que el Congreso tome cartas en las regulaciones de la EPA que no tienen ninguna justificación científica, como es el caso del humo de terceros.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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