La extraordinaria revolución del fracking

Manuel Sánchez González considera que sería muy costoso para México negarse a participar en la revolución del "fracking".

Por Manuel Sánchez González

La futura prohibición del uso de la fracturación hidráulica o fracking en la exploración y extracción energética, anunciada por el presidente electo, podría representar un elevado costo en términos de bienestar en México.

Durante la última década, EE.UU. ha experimentado una expansión espectacular en la producción de petróleo y gas natural, con lo que se ha colocado como líder global en la materia. 

El extraordinario desempeño petrolero ha obedecido, en gran medida, a la creciente utilización de la fracturación hidráulica, consistente en la perforación de masas rocosas que encierran hidrocarburos, mediante la inyección, con alta presión, de fluidos compuestos primordialmente de agua y arenas. Los combustibles extraídos de esa forma se conocen como de esquisto o shale. 

Si bien desde mediados del siglo XX se empezó a estudiar la posibilidad de extraer petróleo del subsuelo pedregoso mediante la inyección de agua, no fue sino hasta finales de esa centuria cuando se descubrió una forma de realizarlo a bajo costo. 

La comercialización de ese procedimiento se propagó durante el presente milenio y los elevados precios del petróleo incentivaron la entrada de muchos competidores para su aprovechamiento. Esa herramienta ha permitido el acceso a grandes yacimientos petrolíferos no explotables con métodos convencionales.

Aunque la aplicación de mayor escala del fracking ha ocurrido en EE.UU., muchas otras naciones, especialmente las avanzadas, lo han adoptado en mayor o menor grado. 

La fracturación hidráulica representa quizá la más importante innovación energética en varias décadas. Esta técnica ha permitido incrementar sustancialmente las reservas petroleras probadas y, actualmente, poco más de la mitad de la producción de crudo estadounidense proviene de yacimientos no convencionales. 

Un resultado significativo de este avance ha sido el incremento de la oferta global de gas natural que ha propiciado una caída dramática de su precio. Con ello, se ha acentuado la sustitución de carbón por este insumo más limpio en la generación eléctrica, lo que contribuye a explicar la contención de la emisión de gases contaminantes observada en el mundo durante los últimos años. 

Los beneficios para los países productores que utilizan el fracking han sido enormes. Han aumentado el PIB, el empleo y los salarios, al tiempo que han disminuido los precios de los energéticos. Por su parte, México se ha visto favorecido con la disponibilidad de gas natural barato importado de EE.UU. 

La utilización de la fracturación hidráulica ha enfrentado una fuerte oposición de grupos ambientalistas que empujan su prohibición con el argumento de que genera daños y riesgos considerables. Entre los impactos aducidos, destacan la contaminación de los mantos acuíferos, la polución atmosférica y del ruido, los perjuicios sobre la salud y el incremento de los sismos. 

Sin embargo, la evidencia científica apunta a que, si bien no pueden descartarse esos y otros peligros, su incidencia es más bien rara y, en todo caso, resulta manejable con adecuadas prácticas industriales y regulación. 

En particular, los análisis para EE.UU. revelan la ausencia de una relación estadística clara entre el fracking y los efectos invocados por sus detractores.

Además, en un estudio detallado sobre las comunidades estadounidenses que han aplicado esa técnica, el economista Michael Greenstone y sus asociados han calculado que los beneficios por mayor actividad económica, empleos, ingreso y revaluación de viviendas han superado los costos, incluyendo el aumento de tráfico de camiones, la delincuencia y los potenciales impactos sobre la salud.

La reciente advertencia de que se prohibirá el uso del fracking en México es paradójica, teniendo en cuenta que el próximo presidente ha establecido como una de sus aspiraciones la independencia energética del país, y ese método ofrece un gran potencial para perseguirla.

Además, es preocupante que con tal restricción se retroceda en las reformas previas, al tiempo que se imprima incertidumbre a los contratos ya firmados para su aplicación. Más lamentable resulta el hecho de que se proscriba una fuente de posible revigorización de muchas áreas nacionales con grandes riquezas petroleras no convencionales.

México debería tomar el ejemplo de los países con elevado impulso modernizador que no han obstaculizado el aprovechamiento del cambio tecnológico sucumbiendo ante los prejuicios de unos cuantos. El progreso económico nunca ocurre sin riesgos ni costos. Querer eliminarlos totalmente sólo propicia el estancamiento.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 8 de agosto de 2018.