La educación diferenciada

Fernando Nogales Lozano dice que "Para el pensamiento austriaco, cada ser humano, si bien es igual en derechos, es único en todo lo demás. Por tanto, cuanto más acerquemos los modelos de enseñanza a las potencialidades específicas de cada ser humano, mayor será su motivación por el aprendizaje, el desarrollo de sus talentos específicos y posteriormente, los deseos de  intercambio de sus habilidades con quienes les rodean".

Por Fernando Nogales Lozano

En el primer artículo de esta serie “Empresarialidad y educación: Principios pedagógicos”, ya comentábamos la importancia que para el desarrollo de la empresarialidad tenían la “educación en casa”, la “educación diferenciada” y la “educación emprendedora”. En el artículo anterior profundizamos en el modelo de la “educación en casa”, y de la importancia de la familia (primigenia institución social evolutiva) como protagonista esencial de la misma. Centrémonos en la “educación diferenciada”.

Para el pensamiento austriaco, cada ser humano, si bien es igual en derechos, es único en todo lo demás. Por tanto, cuanto más acerquemos los modelos de enseñanza a las potencialidades específicas de cada ser humano1, mayor será su motivación por el aprendizaje, el desarrollo de sus talentos específicos y posteriormente, los deseos de  intercambio de sus habilidades con quienes les rodean.

Es en este sentido, la Escuela Austriaca, como defensora de la importancia de los procesos evolutivos del ser humano desarrollados a lo largo de miles de años en todos los campos, entiende, por ejemplo, que los procesos de aprendizaje de hombres y mujeres son innatamente distintos, y que tenerlos en cuenta desde la infancia; es decir, adecuando los procesos de enseñanza a dichas diferencias, es la mejor forma de desarrollar las potencialidades diversas de cada sexo. Es por ello que la Escuela Austriaca, si bien está abierta a la libre elección de los padres del modelo de educación que crean más adecuados para sus hijos, apuesta claramente por respetar la educación diferenciada por sexos.

Harto demostrado está que los cerebros masculinos y femeninos son diferentes2 y que, por tanto, tienen procesos y ritmos de aprendizaje concretos. Más aún, en los procesos educativos, desatender las diferencias innatas de cada sexo no solamente es hacer injusticia a la naturaleza, sino a la propia dignidad humana de los mismos; pues cada sexo expresa dicha dignidad en función de sus características bio-psico-sociales concretas. Negarlas en los procesos educativos desde los inicios de sus desarrollos individuales es un ataque frontal a las mismas. Los resultados negativos de la actual estandarización y homogenización de la educación pública están muy claros cuando analizamos sus consecuencias en ambos sexos. Algo falla en los modelos pedagógicos actuales cuando de manera tan clara el fracaso educativo de los niños casi duplica al de las niñas. Ahí están por ejemplo los reiterados informes PISA que año tras año lo confirman3.

Pero la Escuela de Economía Austriaca al igual que apuesta por una “educación diferenciada” basada en las diferencias sexuales, del mismo modo entendemos que la educación ha de ser diferente en función del “nivel intelectual” de cada alumno. Un alumno con alguna deficiencia mental, un alumno normal, un alumno superdotado, tiene ritmos y modelos de aprendizajes distintos. Lo peor que se les puede hacer es juntarles, pues con los modelos educativos “estándar” todos pierden, se desmotivan (sobre todo los alumnos de nivel intelectual más alto) y en no pocos casos incluso no terminan los estudios básicos. Dichos resultados ni ellos se los merecen, ni la sociedad se los puede permitir “sine die”.

Pero las capacidades intelectuales de las personas no sólo tienen que ver con el nivel de inteligencia, también con la “clase de inteligencia”. No es lo mismo por ejemplo, una inteligencia “artística” que una inteligencia “matemática”. No es lo mismo una inteligencia “lingüística” que una inteligencia “deportiva”. No es lo mismo una inteligencia “práctica” que una inteligencia “teórica”4. Es decir, los modelos de enseñanza deben de captar y adaptarse no solamente a los “niveles de inteligencia”, también a las “clases de inteligencia”, pues cuanto más se adapten a dichas diferencias, mayor será la motivación y el aprendizaje de los diversos alumnos. Los psicopedagogos saben que no tener en cuenta las sensibilidades intelectuales de los alumnos (sus “clases de inteligencia”), es una forma segura, no sólo de desmotivarlos prematuramente por el aprendizaje, sino también de desorientarlos más tarde en el mundo laboral, ya que no saben muy bien como elegir actividad alguna con la que se identifiquen y gocen.

Otro tanto podríamos decir de la educación diferenciada en función de la edad. Sabemos que no es lo mismo enseñar a un niño, que a un adolescente, a un joven que a un adulto o a personas mayores. Pero en lo que refiere a éstos últimos queda mucho por andar. Con una esperanza de vida a principios de siglo XX cercana a los 65 años, estamos pasando rápidamente a esperanzas de vida cercanas a los cien años en el siglo XXI. Todos sabemos que los adultos si quieren seguir siendo activos en el mundo laboral, y dada la rápida obsolescencia del conocimiento, se están viendo obligados a una educación permanente. La psicopedagogía de la “madurez” no ha hecho más que empezar.

¿Y que decir, de la llamada educación especial? (para casos de autismos, dislexias, afasias, etc.,). Todos sabemos que los padres que tienen hijos con algunos de estos problemas se ven obligados a ser atendidos por la educación privada ya que  pública al estar ideologizada por la homogenización carece de la especialización suficiente para atender estos casos.

Ante todo ello podríamos concluir, que si bien el derecho a la educación debe ser igual para todos, ello no debe en ningún modo ser utilizado para legitimar la uniformidad educativa mixta. Dicho planteamiento igualitario sólo se puede defender coactivamente por razones ideológicas con todo lo que ello implica de ataque frontal a una educación libre. No hay, como nos quieren hacer creer las ideologías colectivistas con sus dogmas, argumentos irrefutables para imponer la educación mixta, todo lo contrario5.

Por tanto, ante tamaños retos, para la Escuela de Economía Austriaca la “educación diferenciada”, no solamente es más eficaz para el desarrollo de las identidades individuales y el avance de las sociedades abiertas6, sobre todo éticamente es más equitativa y justa que la estandarizada por las instituciones educativas  públicas de carácter socializante.

Referencias:

1. Rodríguez, J. C. “Escuelas a la carta". Instituto Juan de Mariana. 13 de enero de 2006. Interesante artículo de este autor en defensa de las charter schools en EE.UU., “escuelas que se sustraen del entramado regulador estatal para seguir otros [modelos pedagógicos] que los directores de los colegios consideran más adecuados”, y que desde hace veinte años no dejan de crecer en número dado su éxito escolar.

2. Brizendine, Louann. El cerebro masculino y El cerebro femenino RBA Libros. Barcelona, 2010.

3. Lacasa, J.M."Cascada de datos” Blog del Instituto F de Investigación Educativa. 14 de junio de 2011. En este sentido, son esclarecedores y contundentes los datos y reflexiones de este autor.

4. Handy, Charles. La edad de la paradoja. Dar sentido al futuro. Cap.12. pp 214 a 216. Este autor define nueve formas diferentes de inteligencia, a saber: Inteligencia fáctica, analítica, lingüística, espacial, musical, práctica, física, intuitiva, e interpersonal. En este sentido, para el autor “cada persona es inteligente en alguna de dichas formas, por lo que el primer deber de cualquier escuela sería entonces, descubrir la inteligencia o inteligencias y desarrollarlas”. Apóstrofe. Barcelona, 1996.

5. ALCED (Asociación Latinoamericana de Centros de Educación Diferenciada.

6. Nogales Lozano. F. “La Gestión del Talento Directivo en la sociedad postindustrial”. Tesis Doctoral del autor. Universidad Pontificia de Salamanca (Campus Madrid) 2009. Cap. 9: “La Educación en la Postindustrialización”.