La deslocalización como ventaja

Por Pedro Schwartz

Es un error pensar que la deslocalización (conocido en inglés como outsourcing) constituye un problema nacional. Sin duda hay quien sufre temporalmente con el traslado de plantas de automóviles desde España a los antiguos países comunistas, de desvío de la producción textil al Magreb, o de ubicación de centros de servicio informático o telefónico a Marruecos e India. Sufren los que tienen que buscar un nuevo empleo. Sufren las empresas auxiliares que temporalmente pierden su cliente principal. Pero el país en su conjunto progresa gracias a la deslocalización y a cualquier destrucción de empleos improductivos, por efecto de la competencia, internacional o nacional.

En un mercado competitivo, las empresas pagan a sus empleados el equivalente del valor de lo que cada uno produce: el salario viene gobernado por la productividad marginal de los trabajadores. Si por término medio los salarios en España son cuatro mayores que en Marruecos, es porque la mano de obra española es en su conjunto cuatro veces más productiva. De lo contrario, los empresarios son idiotas. No vale comparar sólo el coste de un obrero en Marruecos o en India con el de un obrero en Cataluña o Madrid para decir que corremos peligro de que toda la actividad se deslocalice. Si a un empleado en España se le paga tanto más, tiene que ser porque produce tanto más, por el capital físico o humano puesto a su disposición, por la capacidad de venta y mejor organización de la empresa en la que trabaja y por el más adecuado marco institucional en el que ésta opera.

Una empresa que envía sus empleados al paro lo hace porque no consigue que produzcan lo suficiente para compensar su salario. Ese cierre puede deberse a la competencia del vecino o del indio o del chino, pero en todo caso indica que en otro lugar serían más productivos. Si encuentran ese nuevo empleo, producirán más, para bien de nuestro país. ¿Existe esa otra actividad? Es una pregunta que se plantea con el desplazamiento de trabajadores por efecto de cualquier competencia, nacional o extranjera.

En una economía flexible, la creación de puestos de trabajo resulta de una inmensa destrucción de empleos antiguos. El Instituto Cato da las cifras de EEUU. Entre 1993 y 2002 aumentó allí el empleo en el sector privado en 17,8 millones de puestos netos; pues bien, eso fue el resultado de 327,7 millones de empleos creados y de 309,9 millones destruidos. En España se han creado durante los gobiernos de Aznar más de cuatro millones de puestos de trabajo netos. Al mismo tiempo, ha caído el paro y el ingreso real medio de las familias española ha crecido un 35%. Quienes piden medidas contra la deslocalización deberían oponerse a toda importación del exterior.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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