La democracia de Chávez

Por Carlos A. Ball

A pesar del inmenso daño que el presidente Hugo Chávez le está haciendo a los venezolanos, él también está poniendo en evidencia algo sumamente importante que no muchos comprendían: democracia no es sinónimo de libertad y el hecho que una mayoría pueda elegir al gobierno no es garantía suficiente si no se respetan los derechos individuales y de las minorías.

Claro que no es la primera vez que esto sucede, sino que nuestra memoria tiende a ser corta y selectiva. El nacional socialista Adolfo Hitler fue elegido democráticamente y también lo fue el comunista Salvador Allende. Ambos procedieron de inmediato con sus aborrecibles campañas: el primero para exterminar a los judíos y el segundo para exterminar la propiedad privada, para lo cual contó con el apoyo armado de Fidel Castro, que hoy se repite con Chávez.

Venezuela se ha convertido en una nueva y deprimente prueba que la democracia es insuficiente para asegurarnos libertad. Chávez acabó con la libertad en Venezuela, pero parte importante de la culpa de lo que está sucediendo la tienen los políticos que gobernaron desde el derrocamiento en 1958 de nuestra última dictadura. Todos esos políticos estuvieron siempre más interesados en asegurar su cuota de poder que en fortalecer los principios republicanos necesarios para el triunfo de una democracia respetuosa de los derechos fundamentales de los ciudadanos, tales como su seguridad personal, su propiedad y su libertad en la búsqueda de su propia felicidad, dentro de un marco legal aplicable a todos por igual.

Sólo así es la democracia compatible con la libertad. Es decir, la libertad pronto desaparece cuando las acciones del gobierno no están constitucionalmente limitadas a proteger los derechos fundamentales del ciudadano. Y allí está el problema. Las constituciones latinoamericanas son unas piñatas diseñadas por políticos que quieren ganar elecciones ofreciendo repartir lo que no es de ellos y cada nueva constitución resulta peor que la anterior debido a que su redacción es el resultado de negociaciones políticas.

¿Por qué Estados Unidos ha tenido una sola constitución desde 1787 y los venezolanos llevamos 26? La constitución americana fue claramente redactada para proteger al ciudadano de los abusos del gobierno, mientras que las constituciones venezolanas han sido documentos politizados, donde aquellos con más poder en el momento de su promulgación incluyen su visión intervencionista de lo que creen debiera ser la nación, mostrando total desprecio por la capacidad del ciudadano de tomar sus propias decisiones.

Nada le ha hecho más daño a Venezuela que el errado concepto de la constitución-piñata, simplemente porque ningún gobierno puede cumplir tales mandatos constitucionales sin quebrar a la nación. Entonces, la política cotidiana se concentra en la distribución del botín, según el grado de presión que cada grupo logra ejercer: burócratas, sindicatos, industriales proteccionistas, agricultores, indígenas, etc.

Los partidos tradicionales de la democracia venezolana, hoy totalmente desprestigiados, usaron la constitución que ellos mismos escribieron en 1961 para incrementar año tras año el tamaño y el alcance del estado, concentrando en sus manos la casi totalidad del poder tanto político como económico. Si usted quería estornudar requería una licencia del ministerio de Fomento. Y las mínimas garantías económicas de la constitución de 1961 fueron suspendidas por decreto del Poder Ejecutivo desde noviembre de 1960; es decir, antes de que entrara en vigencia esa misma constitución socialista. Todas las constituciones venezolanas desde la de 1936 permiten la suspensión de derechos y garantías en casos de "emergencia nacional". Nuestros pésimos gobiernos nos han mantenido en una eterna emergencia nacional a lo largo de medio siglo. Y como era de esperarse, la constitución chavista es mucho peor.

La democracia y las constituciones venezolanas, lejos de ser instrumentos para ampliar la libertad ciudadana, nos han encadenado y empobrecido progresivamente, hasta el punto de retroceder el ingreso per cápita al nivel de 1951. La industria petrolera venezolana que en manos del sector privado llegó en 1960 a controlar el 60% del comercio petrolero internacional, ahora alcanza apenas 4%. La politización de nuestra principal industria, iniciada por el presidente Rómulo Betancourt y profundizada por Carlos Andrés Pérez, está siendo hoy llevada a extremos inauditos por Chávez, quien acaba de nombrar como presidente de PDVSA al viejo comunista Alí Rodríguez, cofundador del Foro de Sao Paulo con Fidel Castro, Tirofijo, Lula da Silva y Daniel Ortega.

Los venezolanos que nacen hoy comienzan sus vidas atados a miles de leyes y reglamentos que le son impuestos sin su consentimiento y que no tienen conexión alguna con el principio de libertad individual.