La cultura del "no se puede"

Por Roberto Salinas-León

Las sorpresas y los sucesos del mundial han dado lugar a varias comparaciones, y varias metáforas interesantes. Los últimos resultados son especialmente simbólicos. Por un lado, un equipo que tenía todo para llegar a cuartos de final, se hundió en la mediocridad y se conformó con la frustrante exculpación de que se "realizó el mejor trabajo posible." Es el síndrome del ratón. Las buenas intenciones de la selección mexicana cuentan más que los resultados. Por otro lado, un equipo que nadie veía como contendiente serio, sacó el ánimo para venir de atrás, y derrumbar a uno de los grandes gigantes del fútbol mundial, en gol de oro, en el último minuto, en forma dramática.

México y Corea del Sur. Curiosamente, este cuento mundialista tiene paralelo con el papel de las economías de ambos países durante los últimos treinta años. Una economía "tiene todo" para crecer en forma sostenible, a índices altos, por varios años. Es una región dotada de amplios recursos naturales y humanos. México tiene amplia superficie, ubicación  privilegiada en la geografía mundial, oro, plata, aluminio, casi cien millones de habitantes (la mayoría de ellos menores a los treinta años de edad), enorme frontera con el mercado más grande del mundo, acceso a los dos océanos más importantes del planeta, las playas más bonitas del orbe, montañas, petróleo, gas natural, tradición, arqueología-en fin, todo para dotar a su población de grandes aportaciones de riqueza real.

Corea del Sur tiene tres recursos: agua, tierra y surcoreanos. Viven en una posición  geográfica desventajosa, y junto a un eterno enemigo norteño. Sin embargo, durante los últimos treinta años, el ingreso por habitante de ese país ha rebasado, casi tres veces, el ingreso de nuestros habitantes-a pesar de que se encontraba a niveles inferiores tan sólo hace tres décadas. Con todo y sus niveles de corrupción, sus prácticas de riesgo moral, sus problemas financieros, los surcoreanos alcanzaron lo imposible: superar la pobreza en una generación. Esto se hizo con cambios estructurales fundamentales, pero también con gran inversión en capital humano.

Hoy, tanto en la economía como en el mundial, a pesar de los problemas que se han dado en el pasado, Corea del Sur ve hacia adelante, sin miedo a los grandes, con ánimo de crecer y hacer historia. México ve hacia atrás, celebra el estatismo eléctrico como símbolo ratón de la soberanía, se conforma con las buenas intenciones de sus ratones legislativos, o con el mejor esfuerzo de sus líderes ejecutivos. Uno piensa en como estar mejor, el otro en recordar que podríamos estar peor. Es el sí se puede versus el no se puede.

Un México con reformas estructurales en energía y electricidad, con flexibilidad en los mercados laborales, con leyes sencillas para nuestro mundo complicado, con un sistema educativo que capitalice nuestro recurso humano, con una reforma fiscal integral, sería un México capaz de pasar de ratón a tigre. Ese sentido de urgencia de la oportunidad perdida ante la ausencia de transformaciones no se ha generado-y de paso, se ha obstaculizado en la medida que celebramos nuestros mejores esfuerzos para salir adelante. En el mundial, y en la economía, la observación inevitable es: habrá que esperar otros cuatro años, hasta el 2006, para ver si ahora sí se puede.

Ojalá que el futuro cercano desmienta esa afirmación. Se han dado grandes avances en materia de reforma estructural, de estabilidad macroeconómica, y de reconocer el papel de la segunda ola de reformas. Habrá que abandonar el "ratonimso económico" de actores políticos que, en nombre de la soberanía, con la excusa de que "no se puede," han hundido al país en miseria.

Es irónico, incluso, que la derrota del "tri" se dio ante el equipo de esa nación tan odiada por los ratones soberanos. ¿Qué dirán ahora Bartlett, Marti, Rosario, y compañía? Seguramente, que no fue nuestra culpa, que fue culpa entera de los gringos, del capitalismo futbolero, lo que sea, todo, menos nuestra mentalidad ratonera.