La crisis política del capitalismo
por Judy Shelton
Judy Shelton es Directora de Empower America y miembro del Consejo Editorial del Cato Journal.
Mientras se reunían en Inglaterra las naciones más poderosas del mundo, en la cumbre económica, funcionarios del Fondo Monetario Internacional fletaban aviones para viajar a Indonesia, acosada por disturbios y saqueos.
Por Judy Shelton
Mientras se reunían en Inglaterra las naciones más poderosas del mundo, en la cumbre económica, funcionarios del Fondo Monetario Internacional fletaban aviones para viajar a Indonesia, acosada por disturbios y saqueos.
Examinar escenas tan diferentes, por una parte las abstractas deliberaciones de funcionarios sobre cómo evitar crisis financieras y por la otra el pánico callejero producido por el colapso de la moneda, nos da una idea de lo peligroso que resulta mezclar la política con la economía. Nuestra sofisticada economía global ha conectado a la gente y a las ganancias a través de fronteras, pero nuestro manejo provincial de las relaciones monetarias amenazan con socavar los avances del capitalismo democrático. Los cínicos se imaginaban al G-7 manoseando ideas abstractas mientras Yakarta ardía.
¿Le tocará ahora a Rusia? Las señales clásicas están presentes: ha caído dramáticamente la Bolsa, se dispararon los intereses de los bonos gubernamentales, cae el rublo y las reservas del Banco Central. El sueño de la nueva Rusia se puede rápidamente convertir en pesadilla si huye la inversión extranjera y colapsa la moneda, causando que se disparen los precios. Confundidos, los rusos tienden a pagar su frustración acusando a la clase empresarial.
El FMI ha estado activo en Rusia desde hace tiempo, habiendo entregado ya 5.200 millones de dólares de los 10.000 millones del programa de asistencia. Pero la capacidad de los funcionarios del Fondo en detener la caída del rublo es penosamente limitada. Es más, sus recomendaciones de aumentar impuestos va contra la más lúcida opinión de los más valientes reformistas rusos. Esta dudosa posición del FMI en una crítica batalla interna puede tener dañinas consecuencias para el futuro de Europa oriental.
Los burócratas del Fondo no tienen toda la culpa de ser demasiado ambiciosos en el campo político y de lograr tan poco en el campo financiero. La culpa es más de los líderes mundiales que han abdicado su responsabilidad de reparar el sistema monetario internacional para que sirva las necesidades de una economía global abierta, dedicada a la libertad de mercado y al libre comercio.
La razón de ser del FMI desapareció cuando el sistema de cambios fijos dejó de existir en agosto de 1971. En lugar de desmantelarlo, las grandes naciones prefirieron dejar que sobreviviera, transformando al FMI en una agencia de cobranza internacional para sus bancos comerciales.
Hoy somos testigos del vergonzoso espectáculo de los líderes del G-7 exhortando a países en desarrollo con economías devastadas a que acepten las duras recetas del Fondo que no hacen nada por frenar la caída de sus monedas. Además, la tenue posibilidad de estabilidad monetaria regional dejó de depender del FMI para descansar en la benevolencia de China en no devaluar su moneda.
Esta tragicomedia de los líderes de Francia e Inglaterra mostrando a China su agradecimiento se debe a que de no intervenir China en el mercado monetario con sus inmensas reservas de moneda extranjera, el próximo blanco de los especuladores sería Hong Kong. Y una vez caído ese fuerte, toda la región sería vulnerable a un desastre monetario de proporciones nucleares. China, por su parte, está muy consciente de la ventaja que ahora tiene en futuras negociaciones con occidente.
Enlazar la estabilidad financiera con la política extranjera es muy peligroso. El futuro de la economía global no debe depender de frágiles relaciones diplomáticas porque ello conduce a arriesgar cosas como los derechos humanos, la transferencia de tecnología y la seguridad nacional. La India defiende sus pruebas nucleares en parte porque percibe la inclinación de Estados Unidos hacia China.
No sorprende que la rupia de la India está en su punto más bajo frente al dólar. Pero, nadie espera que Washington proponga un rescate de la India por parte del FMI en estos momentos. Las consideraciones políticas así dominan sobre las repercusiones financieras. ¿Alguien pensaría que el FMI seguiría dando dinero a Rusia si Yeltsin es sustituido por el general Lebed?
La política exterior siempre será un factor en las relaciones globales, pero una indeseable conexión entre los objetivos políticos y económicos, impulsada más por la conveniencia momentánea que por principios fundamentales, es tremendamente dañina para el mercado internacional. ¿Cómo pueden los participantes actuar en un campo dominado por acomodos políticos en vez de por una legítima competencia comercial?
Para que el capitalismo sea sostenible hay que reforzar las instituciones que preservan el orden. El respeto a los derechos de propiedad es vital para los mercados libres y para la gente libre. Y se puede argumentar que el más fundamental de los derechos de propiedad es una moneda sana. Claro que el valor mercado de cualquier activo varía constantemente en función de la oferta y la demanda. Pero si la unidad utilizada para medir el valor no es confiable, transmitiendo señales falsas, los individuos no pueden entonces tomar decisiones económicas racionales.
Una moneda sana y estable debe ser vista como un derecho humano fundamental. Mientras los gobernantes no comprendan que devaluar la moneda es equivalente a devaluar el trabajo y la dignidad de los ciudadanos, continuaremos sufriendo de periódicas crisis financieras y políticas. La libertad económica y la justicia social dependen de la seguridad jurídica. Por ello, las relaciones monetarias tendrían que regirse por mecanismos objetivos, estructurados para servir las necesidades de la gente que trabaja duro y no los propósitos de políticos calculadores. ©
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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