La constitución como reflejo del poder

Por Gabriela Calderón de Burgos

Guayaquil, Ecuador— Una constitución que imponga un modelo económico de planificación central y un excesivo presidencialismo como la que propone el actual gobierno1, no puede representarnos a todos los ecuatorianos. Querer imponer la “economía solidaria de mercado” (léase el Socialismo del Siglo XXI) en la nueva constitución va a resultar en que esa constitución y la patria ya no sea de todos, sino solo de los políticos de turno y sus amigos.

Es necesario comenzar por desmentir al gobierno cuando dice que la constitución actual impone un modelo económico “neoliberal”. Nada más apartado de la verdad cuando, por ejemplo, este documento le pone limitaciones a la propiedad privada y el subsuelo (petróleo) es propiedad del estado y no de los individuos dueños de la superficie. Además que esa constitución ha permitido que Ecuador sea uno de los países con las economías más cerradas del mundo ubicándose en la posición 95 de 130 de acuerdo al Índice de Libertad Económica del Fraser Institute y el Cato Institute.2

El problema tradicional con las constituciones latinoamericanas ha sido que estas han reflejado el poder en lugar de limitarlo. También han sido demasiado reglamentarias en vez de consistir solamente de principios básicos de convivencia. Por ejemplo, que la gran mayoría de las personas no maten a otras no se debe tanto a que haya una ley que prohíba el asesinato, sino más a que hay un acuerdo general (implícito) en nuestra sociedad de que el asesinato es malo.

Con pocas excepciones nuestras constituciones han sucedido a golpes de estado y han sido simples manifiestos. Octavio Paz decía en su Laberinto de la Soledad que aunque en las constituciones latinoamericanas se copiaron las ideas de la independencia de EE.UU. “los grupos que encabezaron el movimiento de Independencia no constituían nuevas fuerzas sociales, sino la prolongación del sistema feudal”.3 Es decir, los dirigentes locales suplantaron la corona española.

Sospecho que la “revolución ciudadana” que lidera el gobierno, dizque para desbancar a la partidocracia, no es más que una repetición de la historia. La herramienta esta vez no sería una guerra de independencia, sino una Asamblea Constituyente a la cual el Presidente ha tildado de “la madre de todas las batallas”.

Una constitución debe básicamente proteger las libertades individuales —sin excluir a la muy menospreciada libertad económica. Solo de esta manera se podrá garantizar el pluralismo y la convivencia de los socialistas con los liberales, de los homosexuales con los heterosexuales, de los católicos con los musulmanes, etc.

La propuesta del gobierno no puede garantizar el pluralismo debido al excesivo control económico que le quiere dar al Estado. Al respecto, el Premio Nóbel F.A. Hayek decía:

“El control económico no es simplemente el control de un aspecto de la vida humana que puede ser apartado del resto; es el control de los medios con los cuales se obtienen todos los fines. Y quien sea que tenga poder total sobre los medios también, por lo tanto, resulta determinando lo que los hombres debemos creer y por lo que debemos luchar”.4

Ya es hora de dejar atrás la creencia de que un gobernante o un grupo de sabios pueden cambiar la imperfecta naturaleza humana, y conducirnos al paraíso socialista del siglo XXI donde habrá una burocracia más poderosa y, claro, angelical. Si en la nueva constitución se sigue intentando de moldear a la sociedad para que encaje en el proyecto político de determinada fuerza política, seguiremos con nuestra costumbre de ignorar la ley, porque esta no suele reflejar la realidad que vivimos.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 17 de julio de 2007.

Referencias

1. Propuesta de Reforma Constitucional del Gobierno.

2. Economic Freedom of the World Index. 2006 Disponible en: http://www.freetheworld.com/2006/1EFW2006ch1.pdf.

3. Paz, Octavio. El laberinto de la soledad y otras obras. 1997. Penguin Books, p. 150.

4. Hayek, F.A. The Road to Serfdom. 1994.