La ciencia no sabe si el cambio climático está causando más (o menos) huracanes poderosos

Ross McKitrick señala que los huracanes Harvey e Irma vienen luego de un periodo de 12 años sin que huracán alguno tocara tierra en EE.UU. y se pregunta a qué se debe esa ausencia tan larga de huracanes que bajen a la tierra.

Por Ross McKitrick

Luego de que el Huracán Harvey azotó a Texas, no pasó mucho tiempo antes de que los alarmistas del clima afirmen que ellos supieron todo el tiempo que esto sucedería. Eric Holthaus de Politico declaró, “Sabíamos que esto pasaría, desde hace décadas”. Naomi Klein dijo que “estos eventos habían sido previstos desde hace mucho por los climatólogos”. Joe Romm de ThinkProgress escribió, “el hecho es que Harvey es exactamente el tipo de huracán sin precedente de los que podemos esperar más gracias al cambio climático”.

Según este y otros autores, los crecientes gases de efecto invernadero son al menos parcialmente culpables de la ocurrencia y severidad de Harvey, y probablemente del Huracán Irma también. Pero las adivinanzas realizadas luego de los sucesos no constituyen ciencia. Si cualquiera experto en potencia realmente supiera hace mucho que Harvey estaba por venir, permítasele a él o ella demostrarlo prediciendo lo que nos traerá la temporada de huracanes del próximo año.

No tenga grandes expectativas, incluso los mejores meteorólogos del mundo no fueron capaces de predecir el desarrollo y la ruta del Huracán Harvey hasta tan solo unos días antes de que tocara tierra.

Esta es la razón por la cual la idea de la ciencia climática estando “establecida” es tan ridícula, al menos cuando se trata de establecer la conexión entre el calentamiento global y los ciclones tropicales. Una teoría establecida hace que predicciones específicas puedan, en principio, ser puestas a prueba en contra de los datos observados. Una teoría que solo rinde predicciones vagas e inestables es, en el mejor de los casos, un trabajo en desarrollo.

Los alarmistas del clima ofrecen una predicción vaga: los huracanes puede o puede que no sucedan en cualquier año determinado, pero cuando sucedan, serán más intensos de lo que hubiesen sido si los niveles de gases de efecto invernadero fuesen más bajos. Esto es una predicción que conviene realizar dado que nunca la podemos poner a prueba. Requiere que observemos el comportamiento de tormentas imaginarias en un mundo que no podemos observar. Buena suerte recolectando esos datos.

Los climatólogos en cambio utilizan modelos de computadoras para simular el mundo alternativo. Pero los modelos proyectan cientos de mundos posibles, y predicen cada resultado posible, así que cualquier cosa que pase es al menos consistente con un ejercicio del modelo. Luego de que el Huracán Katrina azotara Nueva Orleans en 2005, algunos modeladores del clima predijeron que dichas tormentas serían más frecuentes en un mundo más caliente, mientras que otros predijeron lo opuesto, y todavía otros dijeron que no había conexión alguna entre el calentamiento y los huracanes.

Lo que pasó luego no tiene precedente histórico: 12 años sin que algún huracán importante (de categoría 3 o más) toque tierra en EE.UU., hasta Harvey, que es el catorceavo huracán más intenso desde 1851. Los eventos luego de 2005 fueron “consistentes con” algunas proyecciones, pero cualquier otra serie de eventos también lo hubiese sido.

La larga ausencia de un huracán que toque tierra también señala otro problema que surge cuando los escritores de opinión conectan los gases de efecto invernadero con el clima extremo. La ciencia necesita preocuparse no solamente con las cosas evidentes que ocurrieron, sino también con las cosas que evidentemente no sucedieron. Como el famoso perro en el relato de Sherlock Holmes, el ladrido que no se da es el más importante de todos.

Es natural considerar a un huracán como un evento disruptivo que demanda una explicación. Es mucho más difícil percibir al clima agradable como una disrupción ante el mal clima que de alguna forma nunca se dio.

Supongamos que un huracán hubiese golpeado el estado de Florida en agosto de 2009, pero las emisiones de gas de efecto invernadero la previnieron y el clima fue moderado. El “evento”, un clima agradable, vino y se fue sin que nadie lo note y nadie sintió la necesidad de explicar por qué sucedió. Es un error pensar que solamente los malos eventos requieren explicaciones, y solamente elevar las conjeturas de alarma cuando el mal clima sucede. No deberíamos asumir que cualquier momento que tenemos clima agradable, lo íbamos a tener de todas formas, pero una tormenta es inusual y demuestra que los gases de efecto invernadero controlan el clima.

Estoy agradecido con los científicos que trabajan para entender los huracanes y los eventos de tifones, y cuya habilidad de predecirlos días antes ha salvado innumerables vidas. Pero cuando los escritores de opinión asumen de forma tácita que todo el clima bueno es natural y que los gases de efecto invernadero solamente causan el mal clima, o dicen ser capaces de predecir todas las tormentas del futuro, pero solamente luego de que estas han sucedido, me reservo el derecho de denominar su ciencia como algo no establecido.

Este artículo fue publicado originalmente en The Washington Examiner (EE.UU.) el 6 de septiembre de 2017.