Jugando con la historia: Democracia en el Medio Oriente

Por Patrick Basham

¿Está listo el mundo árabe para la democracia? La asesora de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Condoleezza Rice, dice que la administración Bush pretende y espera transformar el Medio Oriente en una región democrática. Aunque el objetivo es loable, Estados Unidos se decepcionará de su esfuerzo por establecer una democracia estable en cualquier nación árabe que albergue una amplia población musulmana. Ese es el veredicto dado por la historia, la realidad contemporánea de la región, y los propios expertos del gobierno norteamericano.

Durante las tres últimas décadas, la expansión global de la democracia tuvo lugar principalmente en América Latina, el Este de Asia, y la mayor parte de Europa. Sin embargo, de acuerdo al presidente de Freedom House, Adrian Karatnycky, "Desde inicios de los setenta... el mundo islámico, y en particular su núcleo árabe, ha visto poca evidencia significativa de avances en apertura política, respeto a los derechos humanos, y transparencia".

El "déficit democrático" existente en el Medio Oriente constituye un enorme obstáculo a superar. Según Freedom House, de los 14 países del Medio Oriente, únicamente Israel y Turquía cuentan con democracias electorales. Ni un solo país árabe-musulmán califica como una democracia electoral. El Reporte Árabe de Desarrollo Humano del 2002 constituye otra una crítica devastadora del Medio Oriente. En este estudio, 30 académicos árabes analizan a profundidad una región que se encuentra rezagada en desarrollo económico, libertades civiles, e igualdad de géneros.

Más recientemente, el politólogo Ronald Inglehart estudió 21 años de respuestas a la "Encuesta de Valores Mundiales", la cual mide los valores y creencias de la gente en 70 países, incluyendo a 10 naciones islámicas. Inglehart concluye que las perspectivas para la democracia en cualquier país islámico parecen particularmente pobres. Freedom House cuantifica dicho pesimismo y calcula que un país no islámico es tres veces más propenso a ser democrático que uno islámico.

¿Por qué son tan pobres las perspectivas de la democracia en los países islámicos? Es cierto que, en la mayoría de las naciones musulmanas, existe un alto nivel de apoyo popular por el concepto de democracia. El 87% de los musulmanes concuerdan con lo dicho por Winston Churchill en que la democracia podrá tener sus problemas pero es mejor que cualquier otra forma de gobierno. En la práctica, no obstante, el apoyo manifiesto por la democracia es necesario, pero no es una condición suficiente para que las instituciones democráticas emerjan. Otros factores son necesarios.

Una democracia liberal requiere tres cosas: un sistema de gobierno representativo; un marco de normas y valores políticos liberales; y pluralismo social e institucional. El apoyo hipotético a un gobierno representativo, carente de un apoyo tangible a normas y valores políticos liberales, y sin las bases de una sociedad civil pluralista, no provee ni el suficiente estímulo ni el poder de permanencia para que una democracia eche raíces.

Hoy en día el Medio Oriente carece de las condiciones, como una historia política democrática, un alto nivel de vida, y altas tasas de alfabetismo, que estimularon el cambio democrático en, por ejemplo, el Centro de Europa y el Este de Asia. El editor de Newsweek International, Fareed Zakaria, indicó hace poco que muchos de los países árabes y musulmanes son gobernados por líderes autoritarios que, irónicamente, son más liberales que la ciudadanía que gobiernan.

Como fuera reportado el 26 de febrero del 2003, un informe del Departamento de Estado norteamericano expresó dudas sobre las posibilidades de que instalar un nuevo régimen en Irak promoverá la difusión de la democracia en el Medio Oriente. Escrito por la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, el informe sostiene que "aún si algún tipo de democracia echara raíces... el sentimiento anti-estadounidense es tan profundo que las elecciones iraquíes en el corto plazo podrían llevar al levantamiento de gobiernos islámicos hostiles a Estados Unidos".

Los ingredientes para una democracia exitosa pueden ser encontrados en las cocinas políticas domésticas. Sorprendentemente, Estados Unidos gastó $250 millones en programas democráticos en el Medio Oriente durante los noventa, sin ningún impacto observable. Larry Diamond, co-editor del Journal of Democracy, afirma que, "Debemos tener en cuenta constantemente que la democracia no es un regalo que nosotros como estadounidenses podemos otorgar a... cualquier otro pueblo. Es una oportunidad que cada pueblo debe descubrir, aprovechar y moldear por sí mismo".

Ni su historia inhóspita ni su realidad contemporánea garantizan que el Medio Oriente nunca se democratizará. Ambos, sin embargo, sugieren fuertemente que la travesía democrática, cuando empiece, será lenta, escabrosa y llena de contratiempos.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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