Ingreso a la Unión Europea: Un mal negocio

Por Marian L. Tupy

Hace pocas semanas, el último grupo de los países del Centro y Este de Europa que fueron invitados a unirse a la Unión Europea se decidieron por formar parte de ésta. Por lo tanto, se beneficiarán de barreras comerciales reducidas, aumento en la inversión y, eventualmente, mayor movilidad laboral.

Sin embargo, a pesar de los amplios márgenes que favorecieron el ingreso, hubo una falta de entusiasmo hacia la expansión de la UE que quedó documentada por los bajos niveles de votación a lo largo del Centro y Este de Europa (CEE). En Hungría, por ejemplo, solo el 38% de las personas calificadas para votar apoyaron el ingreso. Tomando en cuenta que la membresía a la UE fue presentada implacablemente como la solución a los problemas económicos del CEE, esos bajos números son decepcionantes.

El problema es que—usando una analogía médica—el doctor parece estar más enfermo que el paciente. En el 2002, por ejemplo, la economía de Eslovaquia creció un 4.4%. Por el otro lado, la economía alemana creció tan solo un 0.2%. Claramente la membresía de la UE no garantiza el crecimiento económico. En cambio, es crucial una combinación de acceso al mercado y de liberalización económica.

A diferencia de Noruega, Suiza e Islandia, los nuevos miembros de la Unión Europea no presionaron por un tratado de libre comercio con la UE. Al haber expresado en un principio su interés en una membresía completa a la Unión, los países invitados decidieron sacrificar la libertad económica por el acceso a un mercado común europeo altamente regulado.

Estonia, por ejemplo, abolió todos sus aranceles a las importaciones a comienzos de los noventa. Como resultado de su ingreso a la UE, Estonia ha tenido que adoptar 10.794 aranceles europeos y otras medidas proteccionistas, como cuotas y aranceles. ¡Qué irónico es que para unirse a un Occidente supuestamente capitalista, Estonia deba adoptar características del Este comunista!

La obsesión sobre la UE en los antiguos satélites soviéticos fue causada en parte por una equivocación y en parte por la codicia. Los gobiernos poscomunistas vieron la pródiga ayuda que la UE dispersa a través de sus fondos estructurales y de cohesión como una forma fácil y segura de salir del estancamiento económico. Para su infortunio, al momento en que el CEE fue elegible para la ayuda, la Unión Europea entró en recesión y se vio forzada a realizar recortes. Luego de una década de estar equivocadas, las naciones candidatas se han dado cuenta que no hay almuerzo gratis.

La prosperidad económica depende de políticas económicas liberales, no de la ayuda externa. Desdichadamente, al entrar a la UE, los países admitidos verán restringida su habilidad de fomentar el crecimiento económico a través de la liberalización. En la cada vez más homogenizada Europa, muchas de sus ventajas comparativas dejarán de existir a través de la adopción de más de 97.000 reglas y regulaciones europeas.

La Comisión Europea admite el papel que juega en fomentar los problemas económicos en el CEE. El sitio en Internet de la Comisión dice que "cada miembro nuevo debe implementar y hacer respetar la ley de la UE, la cual incluye áreas claves de política social tales como los límites a las horas de trabajo, estándares mínimos de seguridad laboral, igualdad de géneros y otras medidas para combatir la discriminación. De tal forma se evitará el riesgo de 'dumping social'".

Lejos de combatir los males sociales, lo que en realidad está llevando a cabo la UE es un proteccionismo anticuado. Tal y como lo advirtiera el presidente de la República Checa, Vaclav Klaus: "Los derechos sociales son intentos disfrazados por proteger a los productores de altos costos en países fuertemente regulados a través de estándares de bienestar insostenibles contra la mano de obra barata en países más productivos".

Aún así, existe una ruta abierta hacia la prosperidad para el CEE. Debido a los esfuerzos de sucesivos gobiernos británicos, los países admitidos retendrán el control sobre sus políticas tributarias. Como lo ha demostrado Irlanda, los recortes de impuestos pueden ser utilizados para compensar los costos de la creciente regulación de la economía. Por lo tanto, a pesar de estar limitada por las reglas de la UE, Irlanda se las ingenió para crecer a una tasa promedio del 7.65% entre 1992 y el 2001.

Para atraer la inversión, Irlanda redujo la tasa de su impuesto superior marginal de un 80% en 1975 al 44% en el 2001. De igual forma, el gobierno irlandés recortó la tasa del impuesto básico de un 35% en 1989 al 22% en el 2001. Además, la tasa del impuesto corporativo fue recortada de un 40% en 1996 al 24% en el 2000. Como resultado de todas estas medidas, los ingresos fiscales de Irlanda en 1999 eran del 31% del PIB. Una cifra comparable en el resto de la Unión promediaba el 46%.

En el futuro, los países admitidos deben proteger su autonomía tributaria y estar atentos a las intenciones tendientes a una mayor armonización europea, la cual reduciría aún más su competitividad. Estas naciones también deberían intentar introducir un mayor dinamismo económico a Europa mediante la creación de alianzas con gobiernos más liberales en el plano económico. Deberían trabajar en evitar la adopción de costosos programas de bienestar en la nueva constitución de la UE y resguardar el sistema del veto nacional. Finalmente, estos países deberían trabajar en abolir la proteccionista Política Agropecuaria Común, la cual los perjudica así como también lastima a los países en desarrollo.

Quizás entonces se beneficiarán verdaderamente de su admisión a la Unión Europea.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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