Indicadores económicos incipientes de la pandemia

Manuel Sánchez González sostiene que indica que ya se ha dado una caída extraordinaria en el empleo, en la confianza empresarial y que el petróleo sigue siendo importante debido a la dependencia de las finanzas públicas respecto de los ingresos petroleros.

Por Manuel Sánchez González

¿Cuál ha sido hasta ahora el impacto económico del Covid-19 en México? La dificultad primordial para responder cabalmente esta pregunta estriba en la escasez de indicadores oportunos y el rezago de gran parte de las estadísticas oficiales.

Con esta salvedad, vale la pena recordar que las medidas de prevención a la propagación del virus, las cuales han incorporado restricciones a las operaciones empresariales y cuarentenas, no han arrancado al mismo tiempo en el mundo. Por la diferencia temporal en la confirmación de los contagios, han iniciado primero en China y, durante marzo, en la mayor parte de los países, incluyendo EE.UU. y México.

De ahí que sea natural esperar que los efectos económicos de la enfermedad en nuestro país se hayan manifestado claramente a partir de este último mes, sin excluir algunos efectos anteriores.

Como en otras latitudes, el brote del coronavirus ha generado en México un triple choque: de oferta, proveniente de la interrupción de las actividades de los negocios y el trastorno de las cadenas de suministro; de demanda, principalmente por el cambio en el comportamiento de los consumidores; y financiero, como secuela de los anteriores y los ajustes de cartera de los inversionistas.

Respecto a la oferta, tres conjuntos de datos de marzo, ajustados por estacionalidad, sugieren el principio de una contracción profunda. Primero, el número de vehículos ligeros producidos en el país se redujo abruptamente, como consecuencia de la suspensión de operaciones de la mayoría de las armadoras.

Segundo, los indicadores de opinión empresarial, calculados por el Inegi con base en encuestas, mostraron un considerable deterioro. En particular, el indicador de pedidos manufactureros cayó a un nivel semejante al observado en la primera mitad de 2009 y se ubicó por segundo mes consecutivo en zona de contracción.

Además, los indicadores de confianza empresarial mostraron reducciones para los cuatro sectores incluidos, como lo hizo el componente sobre si el momento actual es adecuado para invertir. En ambas mediciones el sector comercio exhibió el menor nivel desde que inició su cuantificación.

Tercero, el número de puestos de trabajo afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) registró una caída extraordinaria. Según la información diaria dada a conocer por el gobierno, el descenso inició a mediados de marzo, aproximadamente cuando empezaron las medidas de confinamiento.

Con relación a la demanda, dos grupos de estadísticas revelan ajustes significativos durante marzo. En congruencia con lo señalado sobre la producción, la exportación de autos disminuyó y el declive observado desde 2017 en las ventas automotrices internas se acentuó.

Además, si bien las ventas de la ANTAD registraron sólo una moderada reducción, destaca la recomposición de las mismas. Mientras que las tiendas departamentales y especializadas exhibieron, respectivamente, una severa y ligera caída, las de autoservicios presentaron un alza pronunciada, como reflejo de la tendencia del público por abastecerse de mercancías básicas ante los temores de desabasto.

En el ámbito financiero, la variable que ha apuntado con la mayor claridad el desplome de la actividad económica global ha sido el precio internacional del petróleo, el cual, desde el último tercio de febrero, ha descendido de forma abrupta, hasta alcanzar recientemente valores negativos por primera vez en la historia. Este fenómeno sin precedente refleja la profunda caída de la demanda mundial por energéticos que ha implicado que se haya rebasado la capacidad de almacenamiento del crudo.

Como se sabe, la importancia del petróleo para México obedece esencialmente a la dependencia de las finanzas públicas respecto a los ingresos petroleros, así como a la insolvencia de Pemex.

Como reflejo de esta fragilidad y del aumento en la aversión al riesgo, los índices accionarios, el precio de los bonos gubernamentales y el valor del peso en términos del dólar estadounidense, entre otras variables, han descendido significativamente. Así, durante marzo y abril, el rendimiento de los bonos de largo plazo se ha mantenido, en promedio, por arriba del nivel de finales de 2019 y la depreciación cambiaria ha sido sustancial.

Finalmente, desde finales de febrero se ha observado una caída acelerada en la tenencia de instrumentos de deuda gubernamental denominados en pesos por parte de no residentes.

En estas circunstancias, resulta inexplicable la ausencia de una respuesta convincente del gobierno para contrarrestar los efectos económicos de la pandemia. La estrategia para enfrentar la crisis debería empezar por la corrección a fondo de los errores de la política gubernamental actual.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 22 de abril de 2020.