Hong Kong versus Buchanan

Milton Friedman describe el modelo de desarrollo económico de Hong Kong, país que a pesar de tener pocos recursos naturales llegó a convertirse en una nación desarrollada.

Por Milton Friedman

La experiencia de Hong Kong contradice el falso dogma de Pat Buchanan de que el proteccionismo beneficia a los trabajadores y promueve el crecimiento económico.

Poco después de la Segunda Guerra, al mismo tiempo que Gran Bretaña instrumentaba políticas socialistas, una de sus últimas colonias —Hong Kong— daba un vuelco hacia el total libre mercado, iniciando un experimento ilustrativo de los resultados opuestos producidos por el mercado libre y el mercado controlado.

Por algún accidente de carácter oficial, la oficina colonial británica designó a John Cowperthwaite, un escocés estudioso de Adam Smith, como secretario financiero de Hong Kong. A las políticas de libre mercado de Cowperthwaite se les acredita haber producido el milagro económico que condujo a un fenomenal crecimiento del nivel de vida promedio, a pesar de que la población se multiplicó diez veces.

Es difícil concebir un reto más severo a las políticas de libre mercado. Hong Kong es una isla pobre en recursos naturales más allá de su gran puerto. Cuando los comunistas se adueñaron de China, olas de refugiados llegaban huyendo sólo con las posesiones que podían cargar. Ellos y los que los siguieron produjeron un rápido incremento de la población. Hong Kong prácticamente no recibió ayuda extranjera para asimilar a estas hordas de refugiados.

Frente a estas adversas circunstancias, la salvación de Hong Kong han sido sus políticas de libre comercio y libre mercado, basados en ningún arancel a las importaciones ni ningún subsidio u otro tipo de privilegio concedido a las exportaciones. Las muy pocas restricciones que se han impuesto, como el acuerdo sobre textiles multifibras, se deben a presiones aplicadas por EE.UU. y algunos otros países. Pero no se fijan los precios ni los salarios; hay mínimas restricciones al inicio de actividades comerciales y tanto los gastos del gobierno como los impuestos se han mantenido bajos. La tasa tope del impuesto personal a las rentas es 25%, con un promedio máximo de 15%.

Las condiciones eran tétricas al principio, pero rápidamente comenzaron a mejorar y han seguido mejorando hasta hoy. Para 1960, el Producto Interno Bruto per cápita (en precios de 1995) era de $2.247, o sea menos de una tercera parte del de Gran Bretaña entonces, que era de $7.906. Para 1994 la situación se había revertido. El ingreso per cápita en Hong Kong se había multiplicado casi por ocho, hasta alcanzar $17.832 y era ya 30% superior al de Gran Bretaña, el cual alcanzaba $13.340. Realmente un milagro económico.

Es irónico que la colonia floreció, a pesar de todas las circunstancias adversas, al seguir políticas diametralmente opuestas a la de su madre patria, mientras Inglaterra permanecía estancada. El Instituto Fraser del Canadá acaba de publicar una clasificación, según la libertad económica, de más de cien países en 1995. Hong Kong está en primer puesto; EE.UU. en el cuarto y Gran Bretaña en el sexto. Más sorprendente aún es que el ingreso per cápita de Hong Kong es apenas 5% más bajo que el de EE.UU.

Qué contraste con la experiencia de casi todas las ex colonias británicas que obtuvieron su libertad después de la Segunda Guerra. Y qué estupenda prueba de que el libre comercio y el libre mercado favorecen mucho más a la gente común y corriente que el “proteccionismo” del Sr. Buchanan o el “justo intercambio” del presidente Clinton. La “justicia comercial” depende de quién la mire, mientras que el veredicto del libre comercio está en manos del mercado. Por algo la palabra “libre” aparece mencionada tres veces en nuestra Declaración de Independencia y una vez en la primera enmienda constitucional, al igual que la palabra “libertad”. Pero la palabra “justo” no aparece en ninguno de esos documentos redactados por nuestros próceres.

Lamentablemente, el milagro de Hong Kong va a ser seriamente dañado si no destruido cuando los comunistas le pongan la mano el año próximo.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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