Hipocresía ambiental

por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

El presidente Clinton acaba de decretar un aumento considerable en el precio de los automóviles. En el pasado, los gobiernos socialistas determinaban los precios de venta de las diferentes mercancías y servicios. Pero ahora, en cambio, los socialistas renovados de la tercera vía imponen vastas regulaciones y constantemente cambian las normas oficiales, lo cual afecta automáticamente los costos de producción y los precios de ventas. Y mientras las viejas industrias como la de automóviles tienden a ser las más perjudicadas, los intervencionistas buscan maneras de controlar e imponer impuestos y controles a las más modernas, como la Internet.

Por Carlos A. Ball

El presidente Clinton acaba de decretar un aumento considerable en el precio de los automóviles. En el pasado, los gobiernos socialistas determinaban los precios de venta de las diferentes mercancías y servicios. Pero ahora, en cambio, los socialistas renovados de la tercera vía imponen vastas regulaciones y constantemente cambian las normas oficiales, lo cual afecta automáticamente los costos de producción y los precios de ventas. Y mientras las viejas industrias como la de automóviles tienden a ser las más perjudicadas, los intervencionistas buscan maneras de controlar e imponer impuestos y controles a las más modernas, como la Internet.

Las nuevas normas anunciadas por el presidente Clinton y la EPA (agencia de protección ambiental) obligan reducir en 90 por ciento las emisiones actuales de los vehículos para el año 2007 y también obligan a las refinerías a reducir en 90 por ciento la utilización de sulfuro en las gasolinas, lo cual significará un aumento de unos seis centavos por galón de combustible.

Durante años, tanto los "verdes" como los funcionarios en Washington veían con creciente desagrado la inmensa popularidad de las nuevas y grandes camionetas tipo Explorer, la respuesta del mercado al empeño oficial de que la gente utilice el infame transporte público urbano o maneje autos cada día más pequeños, incómodos y peligrosos en caso de accidentes. Estos nuevos vehículos, llamados en inglés "sport utility vehicles", fueron diseñados sobre chasis de camiones livianos y, por lo tanto, no estaban hasta ahora sujetos a las normas de emisiones de los automóviles de pasajeros.

Los fabricantes de automóviles ya han reducido en alrededor de 98 por ciento las emisiones causantes de contaminación, a pesar de que los estadounidenses hoy manejan cada año casi el doble de las distancias.

Las nuevas normas impuestas por la EPA tratan de reducir la contaminación en apenas 0,0004 partes por millón de partículas, algo que los especialistas consideran no ser estadísticamente significativo desde el punto de vista de salud pública.

Se trata, simplemente, de una medida política para entusiasmar a los "verdes" que apoyan la candidatura de Al Gore, el campeón ambientalista de la administración. Gore parece dispuesto a imponer su ideología verde cueste lo que le cueste al consumidor común y corriente. La llamada Ley de Aire Limpio ya le cuesta a los habitantes de Estados Unidos 35 mil millones de dólares al año.

Los políticos no suelen prever las consecuencias no intencionales de sus malas leyes. En materia de contaminación, el verdadero problema son los autos viejos, mal mantenidos y, desde luego, cualquier decreto que aumenta el costo de los automóviles nuevos irremediablemente alarga la utilización de vehículos viejos. Pero trate usted de razonar con algún burócrata empeñado en instrumentar su propia versión de ingeniería social.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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