Harakiri comercial

por Dan Ikenson

Daniel Ikenson es Director Asociado del Centro de Estudios de Política Comercial de Cato Institute.

A medida que se calienta el debate en el congreso sobre la Autoridad Promotora del Comercio, las pláticas sobre el futuro de la política comercial de Estados Unidos están en camino. Uno de los puntos más importantes que se discutirán es si las leyes actuales, en particular la anti dumping (en contra de la llamada competencia "desleal"), debieran estar abiertas a negociación. Deberían de estarlo, para el beneficio de los consumidores y de los productores.

Por Daniel J. Ikenson

A medida que se calienta el debate en el congreso sobre la Autoridad Promotora del Comercio, las pláticas sobre el futuro de la política comercial de Estados Unidos están en camino. Uno de los puntos más importantes que se discutirán es si las leyes actuales, en particular la anti dumping (en contra de la llamada competencia "desleal"), debieran estar abiertas a negociación. Deberían de estarlo, para el beneficio de los consumidores y de los productores.

Las leyes anti dumping han sido abusadas durante mucho tiempo por las industrias proteccionistas que buscan evitar la competencia extranjera. Sin embargo, en los últimos años las posiciones han empezado a cambiar y los exportadores estadounidenses están en la mira de otros países que han empezado a flexionar su propio músculo anti dumping.

A pesar de esta tendencia, un número alarmante de analistas políticos han hecho del anti dumping una vaca sagrada, fuera del alcance de cualquier discusión o revisión en los acuerdos comerciales del futuro. Una carta enviada recientemente al Presidente George W. Bush por el presidente de la Comisión de Finanzas del Senado, Max Baucus, y firmada por 61 senadores, expresa este punto de vista.

Esta posición arriesga el atraso de las pláticas futuras sobre el comercio, pues otros países pueden rehusarse a continuar con ellas si EE.UU. se empeña en mantener sus barreras comerciales. Además, quienes apoyan las leyes anti dumping están ignorando una nueva realidad, y es que éstas están proliferando rápidamente alrededor del mundo, cerrando o limitando los mercados a los que pueden tener acceso los exportadores; amenazando con dar retroceso a lo logrado a través años de liberalización del acceso a mercados.

Hasta los 1990, el anti dumping fue un vicio practicado casi en exclusiva por unos cuantos países ricos, como Estados Unidos, Canadá, Australia y Europa. Los sistemas de aranceles altos y de cuotas en países menos desarrollados hacían que el anti dumping fuera superfluo en sus industrias ya bastante protegidas; pero a medida que estas barreras se han tenido que ir eliminando para cumplir con las obligaciones que ha impuesto la Organización Mundial del Comercio (OMC), el anti dumping se ha hecho más atractivo. Un examen de esta tendencia y de sus implicaciones es el tema de un estudio reciente del Cato Institute. Algunos de los descubrimientos incluyen que:

  • Entre 1921 (el primer año de la ley de anti dumping estadounidense) y 1967, hubo 75 instancias en las que las industrias norteamericanas tuvieron éxito obteniendo alivio proteccionista.
  • Algunos cambios hechos a la ley anti dumping en los 1970, facilitaron la fijación de márgenes de competencia desleal y precipitaron una inundación de nuevos casos. En la década de 1980, los Estados Unidos lanzó 398 investigaciones anti dumping y Australia, Europa y Canadá iniciaron un total de 1,091.
  • En los 90, 2,483 investigaciones fueron hechas a nivel mundial, representando un aumento de más del 50 por ciento sobre la marca de la década previa.
  • 62 países tienen ahora leyes anti dumping en sus libros.
  • Veintiocho jurisdicciones (La Unión Europea es una jurisdicción compuesta de 15 países) usaron estas leyes para imponer medidas definitivas en contra de importaciones entre 1995 y 2000.
  • Entre los países que conformarían un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), EE.UU. fue el blanco número uno de acusaciones de anti dumping entre 1995 y 2000.

La posibilidad de que el anti dumping siga proliferando es una seria amenaza al crecimiento de las exportaciones estadounidenses. Los grupos de productos acechados con más fuerza por el proteccionismo mundial en el período estudiado (es decir los metales base y sus artículos derivados, químicos, fármacos, maquinaria, equipo eléctrico y textiles) conformaron un 55 por ciento de las exportaciones de EE.UU. en el año 2000. Con respecto a los potenciales miembros de ALCA, Brasil y Argentina, el 75 por ciento de las exportaciones norteamericanas a estos países fueron de productos producidos por los cuatro grupos más enérgicos entre los promotores del anti dumping.

Como el exportador más grande del mundo, Estados Unidos será más atacado a medida que los nuevos países aprendan cómo usar el hacha del anti dumping. Las barreras comerciales tradicionales siguen altas en los países en vías de desarrollo, los cuales encontrarán un gran alivio en la disponibilidad de una herramienta aprobada por la OMC para reemplazar esas barreras. Es difícil de imaginar que China, relativamente restringida en el pasado en lo que concierne acciones anti dumping, vaya a ser capaz de resistir a las súplicas de sus industrias locales para ser asistidas.

Al declarar que las negociaciones anti dumping están fuera de discusión, se esta ignorando el hecho de que los intereses de la nación beneficiarán a más si se ponen límites al uso de estas leyes. Del mismo modo, los intereses de la nación se perjudicarán más si se permite que siga proliferando el anti dumping. Los analistas y asesores políticos de América deben aprovechar la oportunidad de negociar la reducción de las nuevas barreras comerciales como el anti dumping en las negociaciones de la OMC y el ALCA, o en pláticas bilaterales. Los intereses nacionales dependen en gran parte de un sistema de comercio internacional libre y abierto que contenga los abusos de las políticas anti dumping antes de que se salgan de control.

Traducido por Constantino Díaz-Durán para Cato Institute.