¿Ha fracasado la privatización del agua?

Por Godofredo Rivera

por Godofredo Rivera Antes eran los medios de producción los que deberían ser colectivizados, ahora son los recursos naturales (incluyendo al agua). Ante el fracaso rotundo del sistema socialista, a los viejos izquierdistas sólo les queda ahora inventarse nuevos derechos sobre los recursos naturales. Claro, ya no quieren recordar que el fracaso del comunismo (ó el socialismo real como ellos le llaman) se debió en buena medida, además de la falta de libertad, a la indefinición de los derechos de propiedad (el Estado era dueño de todo y no las personas) que son fundamentales para garantizar que haya un uso racional de los recursos naturales.

Godofredo Rivera es es profesor de economía y consultor en asuntos de políticas públicas.

Antes eran los medios de producción los que deberían ser colectivizados, ahora son los recursos naturales (incluyendo al agua).

Ante el fracaso rotundo del sistema socialista, a los viejos izquierdistas sólo les queda ahora inventarse nuevos derechos sobre los recursos naturales. Claro, ya no quieren recordar que el fracaso del comunismo (ó el socialismo real como ellos le llaman) se debió en buena medida, además de la falta de libertad, a la indefinición de los derechos de propiedad (el Estado era dueño de todo y no las personas) que son fundamentales para garantizar que haya un uso racional de los recursos naturales.

El argumento de que recursos naturales como el agua son un “derecho humano”, al cual todos los habitantes del planeta Tierra deben tener acceso, lo único que provoca es el uso irracional y el agotamiento de los mismos. Claro, todos quieren beneficiarse de usar y consumir los recursos naturales, pero siempre sin asumir el costo de regenerarlos. A esto en economía se le llama la tragedia de los bienes comunes, y fue un factor de deterioro ambiental y ecológico, y en buena medida, un causal de la caída de los regímenes comunistas.

Como vemos, el problema es que los gobiernos fracasan en darle sustentabilidad a los recursos naturales y el agua en esto no es la excepción. Nada más hay que ver al Distrito Federal que gobernó López. El dinero que cobra la Comisión de Agua, nunca fue a parar al mantenimiento y renovación de la red hidráulica. Obras necesarias como el acuaférico (que pretendía dotar de agua potable al oriente de la ciudad) no se hicieron por que son obras públicas que no se ven. En cambio, los inútiles segundos pisos (son inútiles por que sólo benefician a una minoría de habitantes y no aguantan un análisis costo-beneficio), que sí son apreciables al ojo humano, recibieron todo el apoyo del peje-gobierno.

El gobierno perredista decidió usar los recursos destinados al agua en obras ajenas a su propósito. Por supuesto, no es el primer gobierno que lo hace. Con mucha frecuencia, los gobiernos utilizan los dineros disponibles para garantizar el aprovisionamiento de recursos como el agua, para obras de rentabilidad política (populismo, pues). El resultado de estas acciones es el agotamiento y socavación de los recursos naturales.

El académico sueco Fredrik Segerfeldt en su libro Agua A La Venta: Cómo La Empresa Privada y el Mercado Pueden Resolver La Crisis Mundial del Agua nos recuerda los siguientes datos sobresalientes:

  • 1.100 millones de personas alrededor del mundo no tienen acceso a agua limpia.
  • Dado que el agua cubre 2/3 de la superficie de la tierra y la lluvia proporciona 19.000 litros de agua por persona cada día, la cantidad de agua disponible no es el problema. El problema es la falta de desarrollo en los países pobres para producir y distribuir efectivamente el agua.
  • Este libro presenta evidencia de que transferir el control de la distribución de agua en los países en vías de desarrollo del sector público al sector privado permitirá que más personas tengan acceso al vital líquido.
  • Los proveedores estatales controlan 97 por ciento de la distribución del agua en los países pobres.
  • Los tres diferentes problemas relacionados con la política del agua en los países en vías de desarrollo incluyen la falta de inversión y de mantenimiento, la pobre gobernabilidad y distribución por parte de las autoridades públicas y las leyes y las regulaciones inadecuadas.
  • Los que se oponen a la privatización del agua temen que los pobres eventualmente no podrán pagar por su agua; sin embargo, el sector público actualmente está fracasando en proveer a las personas pobres con agua limpia. 22 personas mueren cada minuto porque no pueden conseguir suficiente agua segura de los distribuidores públicos.

Como podemos apreciar, los gobiernos son en buena medida responsables del actual fracaso de las políticas públicas destinadas a darle sustentabilidad al agua (y ciertamente a los recursos naturales en general). El hecho de que el precio del agua no refleje su escasez, sólo provoca que los gobiernos no sean capaces de dotar de agua a los más pobres, pues terminan subsidiando el consumo de los más ricos, como sucede hoy día en la Ciudad de México. Peor aún, cuando el dinero que se paga por agua y que se debería usar para garantizar el aprovisionamiento de la misma, se usa para otros menesteres políticos.

Recientemente se le retiró la concesión a una empresa proveedora de agua en Argentina (empresa francesa que pertenece al grupo Suez). Al presidente Kirchner ya se le olvidó que desde que Buenos Aires transfirió la producción y distribución del agua a una compañía privada en 1993, la producción de agua potable subió un 40% más de lo que era en 1992, la cantidad de hogares con acceso a las tuberías de agua aumentó por un 30%, un 20% más tenía acceso a sanidad, el costo del agua era un 17% del de 1992, y en muchas áreas pobres, los clientes obtuvieron acceso al agua que era 10 veces más barata que lo que antes pagaban. Caray, la izquierda latinoamericana es ciega. El peor ciego es el que no quiere ver.

Segerfeldt nos recuerda que es un mito que la privatización del agua haya fracasado. En gran parte de los casos resaltados por los detractores de la privatización, ya sea en Argentina, Filipinas ó Bolivia, más personas han obtenido acceso a agua limpia y segura luego de la privatización. Los pobres se han beneficiado desproporcionadamente en todos estos casos, ya que es más probable que ellos, y no los más ricos, sean los que no recibían atención por el operador bajo el régimen público. Y una vez que ellos están conectados a las redes de agua, pagan precios dramáticamente más bajos por el agua que lo que se veían forzados a pagar por agua de mercado negro (ó por el agua de las pipas en el DF).

También hay casos que los detractores de la privatización del agua no mencionan, tales como Chile, Camboya y Gabón, donde el éxito ha sido contundente. Diversos indicadores del Banco Mundial muestran que más personas tienen acceso a una mejorada fuente de agua en estos países que en los que no tienen tal inversión. También, una nueva investigación del mismo Banco Mundial, desacredita muchos de los argumentos de los detractores. Sólo un 7% de todos los proyectos de agua en los países en vías de desarrollo con participación del sector privado han sido cancelados o problemáticos entre 1990 y el 2004. Esto significa que la aseveración por parte de los activistas en contra de la privatización del agua de que el fracaso ha sido abundante simplemente no es verdad. 93% de los proyectos de expansión de agua han sido exitosos.

Como siempre, los globalifóbicos que encabezan las marchas contra la privatización del agua, se mueven más por las emociones que por la racionalidad. La privatización del agua ha sido exitosa. Los datos ahí están y son contundentes.