Guerra comercial norteamericana
Ian Vásquez dice que la guerra comercial contra Canadá incrementa la incertidumbre legal no solo respecto del comercio con ese país, sino también respecto del de México y más allá.
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Por Ian Vásquez
Solo dos países tomaron medidas de represalia contra los aranceles que Estados Unidos impuso a prácticamente el resto del mundo en el 2025: China y Canadá.
China es una potencia rival de Estados Unidos y la segunda economía más grande del mundo, mientras que Canadá es un aliado y el segundo socio comercial más importante para los estadounidenses después de México. Ante una oleada de aranceles bastante agresivos, China aplicó controles a la exportación de tierras raras que son estratégicas para Estados Unidos e impuso aranceles que pegaron fuerte a los agricultores estadounidenses que han apoyado a Trump. Porque le salió mal, Trump redujo sustancialmente los aranceles a China.
¿Está Trump por cometer el mismo error con Canadá? El sábado, Estados Unidos anunció que estaba imponiendo aranceles de 50% sobre US$20.000 millones de lo que importa de Canadá. Canadá entonces respondió que haría lo mismo. El lunes, Trump anunció que además impondría impuestos de 50% a las importaciones de vehículos, acero y recambios de automóviles de ese país a principios del 2027.
Se trata de represalias a represalias que parecen estar cayendo en una espiral hacia una guerra comercial mayor. Las barreras comerciales que Trump erigió el sábado, después de todo, se hicieron en respuesta a represalias canadienses del 2025. Ahora líderes canadienses están hablando de recortar sus exportaciones de energía y minerales críticos para la manufactura y la seguridad estadounidense.
Canadá es parte del tratado de libre comercio con México y Estados Unidos que el mismo Trump renegoció durante su primer mandato y definió como “el mejor acuerdo comercial de la historia”. Los aranceles contra Canadá violan ese tratado. Y a pesar de que Trump recientemente rehusó renovar el tratado trilateral —probablemente como herramienta de negociación—, este sigue vigente a menos que Estados Unidos se retire formalmente.
La guerra comercial contra Canadá, por lo tanto, incrementa la incertidumbre legal no solo respecto del comercio con ese país, sino también respecto del de México y más allá. ¿Por qué negociar con Estados Unidos si no respetará sus propios tratados?
Además, es probable que los aranceles que Trump está ahora imponiendo sean ilegales. El presidente estadounidense se está basando en una parte de la ley infame de 1930 (conocida como el Smoot-Hawley Tariff Act) que empeoró la Gran Depresión. Mi colega Ilya Somin —quien ayudó a presentar la denuncia contra los extensos aranceles de Trump del 2025 en la Corte Suprema y logró derrocarlos— explica que otras leyes han sustituido la parte de la ley en que Trump se está apoyando, que por lo tanto había quedado extinta. Como tantas otras barreras comerciales de este gobierno, será impugnada ante los tribunales.
Los aranceles tampoco tienen sentido económico a pesar de que Trump haya declarado recientemente que “no necesitamos nada de lo que tiene Canadá, ni nada de lo que tiene México”. Parece que los residentes y las empresas de los tres países no se han enterado. El comercio entre los miembros del bloque norteamericano es de US$1,8 billones (millones de millones). Todas las partes se están beneficiando de un intercambio libre que además ha creado cadenas sofisticadas de suministro.
Por eso, las grandes manufactureras, los agricultores y otros negocios que forman parte de la base política de Trump están a favor del tratado comercial que tiene Estados Unidos con sus vecinos. Por eso también los aranceles de Trump no tienen sentido político y pueden invitar a represalias de otros países en el futuro. Por todas estas razones, el periódico conservador The Wall Street Journal ha denominado los aranceles que Trump ha librado contra sus vecinos “la guerra comercial más tonta de la historia”.
Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 25 de agosto de 2026.