Grecia retorna a cuidados intensivos

Pedro Schwartz considera que "El sufrimiento que padece el pueblo griego se debe al exceso de gasto anterior, por lo que en vez de buscar culpables, debería mirarse a sí mismo. Sin embargo, eso no quita cierta reponsabilidad achacable al mal diseño del euro".

Por Pedro Schwartz

El sufrimiento que padece el pueblo griego se debe al exceso de gasto anterior, por lo que en vez de buscar culpables, debería mirarse a sí mismo. Sin embargo, eso no quita cierta reponsabilidad achacable al mal diseño del euro.

Grecia pone el euro otra vez en peligro. Pese a la ingente suma de las ayudas financieras otorgadas por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, vuelve a hablarse de su salida de la eurozona. La ayuda ha sido monumental: 153.900 millones de euros, además de una quita del 50% de la deuda exterior.

Este ingente esfuerzo parece no haber resuelto nada, lo que no es del todo cierto. La recaída no se debe tanto a la economía como a la política. Grecia ha conseguido reequilibrar el Presupuesto, si se deduce los intereses de la deuda pública. Además en 2014 la economía ha vuelto a crecer, aunque sea aún por debajo del 1% anual, y sigue por el camino de la recuperación.

El mal está en otro lado: la paciencia la mayoría de los griegos parece haberse agotado. Esta tardía resaca se debe al sufrimiento del pueblo griego durante los últimos seis años, que puede colegirse por la caída de la producción nacional (el PIB se ha reducido en un 24,2% desde 2007) y por el aumento del paro (un desempleo medio de un 29,2% y un 56 de los jóvenes de menos de 25 años).

Es cierto que el pueblo griego creía vivir en Jauja, donde todo se le ofrecía gratis, en especial los servicios sociales del Estado de bienestar. Pero vaya usted a contárselo a los griegos, como vaya usted a razonar con la mayoría disgustada de los votantes españoles, que tampoco entienden lo que les ha pasado y buscan culpables por todos lados, cuando deberían mirarse a sí mismos por pedir la luna. Así suben en intención de voto Syriza y Podemos.

Derechos y deberes

Vivimos en unas sociedades donde todo es reclamar derechos: a la educación subvencionada y sin embargo de calidad, al tratamiento de todas las enfermedades a cualquier precio, a las pensiones que nadie ha ahorrado, a los puestos de trabajo permanentes. Aunque no quieran los griegos ni los españoles ni los franceses nos es preciso aceptar que los individuos no estamos dispuestos a pagar cada vez más impuestos para sostener un sistema de beneficencia insaciable, que va empeorando a medida que se suprimen todos los incentivos a la eficacia.

No es sólo el Estado de Bienestar el que está mal diseñado. También el euro se pensó mal. El público no entiende bien el funcionamiento del euro, una moneda que nos vino impuesta de fuera. El euro tiene defectos de diseño, es cierto y los señalaré ahora mismo, pero lo que más nos disgusta y molesta son sus virtudes. Al ser una moneda que los gobiernos nacionales no pueden inflar ni devaluar, no es fácil remediar la falta de competitividad de la economía. Con una moneda de valor (más o menos) son inaplicables las políticas keynesianas de creación de empleo o fomento gubernativo del crecimiento. Cuando los gobiernos aplican políticas de gasto financiado con deuda durante muchos años, el país sufre el latigazo de la firmeza del euro.

Los Tratados de la Unión Europea prohíben al Banco Central de Europa (BCE) que participe en la gestión de la política económica del gobierno. Acaba de decirlo este 15 de enero el Abogado General de la Corte de Justicia de la Unión. El Tribunal Supremo de Alemania había pedido a esa Corte una aclaración sobre si el programa de compra de deuda pública (llamado OMT por sus siglas inglesas) propuesto por Draghi era acorde con lo mandado con los Tratados.

El Abogado General ha dicho que la compra de bonos públicos por el BCE tiene que ser a los únicos efectos de política monetaria y que el BCE tiene prohibido suscribir deuda pública cuando la emiten los Estados, pues ello sería como monetizar los déficit públicos.

El BCE debe razonar la necesidad de utilizar el método extraordinario de comprar deuda antigua en el mercado secundario atendiendo sólo la política monetaria (en este caso para prevenir la deflación que dicen que amenaza). Se deduce que sería contrario a Derecho que le BCE comprara deuda pública para participar en un programa de rescate como el que parece estar planeándose para Grecia.

Las soluciones de problemas como el planteado otra vez por la economía griega no pueden ser monetarias, pues. El origen de todo el mal, del que casi nadie habla, es el objetivo político de la creación del euro. Para crear un símbolo monetario de la Unión Europea, los eurofanáticos se precipitaron a imponer el euro a las economías europeas cuando muchas no estaban preparadas para ello.

Las deficiencias estructurales de los países periféricos de la Unión, entre ellos España, quedaron disimuladas por la expansión de Greenspan en su afán de evitar a toda costa cualquier amago de recesión. Recordarán ustedes los años triunfales en que España tuvo una prima de riesgo inferior a la alemana.

Dos monedas

Dada la resistencia de los europeos continentales a todo cambio, deberíamos pensar en una solución de dos monedas para Grecia, como involuntariamente tiene Argentina, para que sus exportaciones se denominaran en dracmas.

Es una pena que los creadores del euro no prestaran oídos en su día a la propuesta del premier británico John Major de emitir euros digitales aptos para su uso por el turismo y las grandes transferencias financieras. No habría hecho falta renunciar a las monedas nacionales: la mayor solidez de la moneda europea habría ido desplazando insensiblemente las divisas inflacionarias de gobiernos imprudentes y el euro habría ido ganando circulación sin grandes traumas. Pero John Major se enfrentaba con un socialista napoleónico llamado Delors.

Este artículo fue publicado originalmente en Expansión (España) el 21 de enero de 2015.